jueves, 21 de febrero de 2013

Pisos en Burgos


 No puedo con según que titulares, la desinformación es tremenda...¿dónde se ha de ejercer la prostitución? En los pisos no se está en situación de más o menos vulnerabilidad que en la calle o en los clubs. Todo depende de quien los gestiones, si son un grupo de amigas, independientes o  si son "proxenetas" se anuncian en prensa y páginas web. por lo tanto están perfectamente localizados. Y si hay interés, se pueden investigar de la misma manera que los clubs.
Recuerdo que en las calles las prostitutas tienen que aguantar la violencia institucional y la de los vecinos intolrantes, además de la intemperie.Es lógico que aumenten en pisos, solamente que se comparta entre dos o tres mujeres vale la pena.

                         **************************************************

Betania, el programa que gestiona Cáritas y financia el Ayuntamiento para la atención a mujeres que se dedican a la prostitución, ha constatado que en 2012 ha habido un incremento en el número de pisos donde se ejerce es ‘negocio’, lo que supone una mayor clandestinidad y vulnerabilidad para las afectadas porque se complica la labor de intervención ya que se trata de ámbitos privados. Así lo explicó ayer la concejala de la Mujer, Marisol Carrillo, durante la presentación de la memoria de actividades de su Área.

La propia Carrillo lamentó que la dura crisis económica esté empujando a más mujeres a dedicarse a la prostitución y que muchas de ellas sean también de nacionalidad española. Betania atendió en 2012 a 386 personas (11%, transexuales y 2%, hombres; el resto, mujeres) y tomó contacto con 279 mujeres (180 en clubes y  99 en pisos). En su casa de acogida ha atendido a seis mujeres, todas ellas inmigrantes y, en su mayor parte, en situación administrativa irregular.
El Ayuntamiento financia otro programa de Cáritas, Ain Karem, que se ocupa de dar atención a mujeres embarazadas, madres y niños. El año pasado pasaron por allí 24 mujeres (5 de ellas, españolas), 14 niños y 12 niñas.
Por otro lado, en la casa de acogida para víctimas de violencia de género han encontrado acomodo 7 mujeres y 7 niños a lo largo de todo el año. En los cuatro pisos de tránsito de los que dispone el Consistorio (se trata de un recurso de carácter temporal para las mujeres que salen de la casa de acogida y tienen problemas puntuales para acceder a una vivienda) han estado 4 mujeres y 8 menores. Este dispositivo social se va a presentar al primer concurso de buenas prácticas locales contra la violencia de género que ha organizado la Federación de Municipios y Provincias.

Teléfono contra el maltrato El servicio telefónico de atención y protección a las víctimas de violencia de género, que da respuesta inmediata las 24 horas del día y los 365 días del año, lo tuvieron el año pasado 7 mujeres (seis de ellas, españolas), de una edad media de 41 años.

 http://www.diariodeburgos.es/noticia/ZC8BD2507-E866-F162-B3492853E1844706/20130221/crece/numero/pisos/ejerce/prostitucion


lunes, 18 de febrero de 2013

Campaña en facebook por el reconocimiento del trabajo sexual

 En Facebook se ha iniciado una campaña por el reconocimiento del trabajo sexual. Si quieres puedes adherirte:


https://www.facebook.com/redporelreconocimiento

Trabajo sexual en Escandinavia

http://www.s-i-o.dk/?page_id=309

Hay dos tendencias enfrentadas en la actitud política hacia el trabajo sexual durante estos últimos años. Por una parte, un cierto número de países alrededor del mundo —p.ej. Alemania, Holanda, España, Nueva Zelanda y Brasil— han legalizado el trabajo sexual o han liberalizado de alguna forma las legislaciones existentes. Por otra parte, algunos países del norte de Europa se están moviendo hacia la penalización, predominantemente en Escandinavia. Suecia y Noruega han prohibido la compra de servicios sexuales en 1999 y 2009, respectivamente. El movimiento por la penalización en Dinamarca está muy inspirado en nuestros países escandinavos compañeros.
Prohibir la compra y no la venta de servicios sexuales es conocido como “el modelo sueco”, y es un enfoque novedoso. Históricamente, la penalización ha sido motivada por opiniones religiosas o morales de algún otro tipo; la igualdad de géneros es la idea directriz en Suecia y Noruega. Lo que dicen es que la mera existencia de trabajo sexual es un resultado de la dominación masculina, y que el trabajo sexual hará que se mantenga una actitud negativa hacia las mujeres. SIO encuentra este enfoque muy engañoso.
Raramente se ve trabajo sexual forzado. La mayor parte de nosotras somos trabajadoras sexuales por libre elección, aunque ciertamente la pobreza es una motivación para algunas. Pero incluso aunque seas pobre, lo que necesitas son derechos y oportunidades —no penalización y, en última instancia, empeoramiento de las conidicones de trabajo. La igualdad de géneros debería dirigirse al respeto de las elecciones personales y las diferencias de las personas, independientemente del género, no a castigar a aquellxs que se apartan de la norma.
La idea de penalizar la compra de servicios sexuales y castigar en consecuencia al supuesto cliente masculino y salvar a la supuesta trabajadora sexual femenina es una ilusión. Las trabajadoras sexuales son las únicas que son realmente castigadas. Nos veremos obligadas a mover nuestro negocio a la clandestinidad, donde seremos sometidas a redes criminales, a condiciones de trabajo malas y peligrosas y a explotación. Esto es claramente lo que ha ocurrido en Suecia. Tras diez años de penalización, las autoridades todavía no son capaces de documentar ninguna disminución en el trabajo sexual. Saben que el trabajo sexual es una realidad y sigue siendo un negocio activo, pero debido a la prohibición tienen grandes dificultades para determinar quién está implicada y dónde. Esto hace imposible dar a las trabajadoras sexuales la misma protección legal o social que al resto de la población.

viernes, 15 de febrero de 2013

Por los derechos en el trabajo sexual.


http://abbattoimuri.wordpress.com/2013/02/14/one-billion-rising-le-prostitute-non-ballano/


Il 14 febbraio, cioè oggi, si ballerà contro la violenza sulle donne. In Italia la danza è organizzata dal basso da tante donne ma all’iniziativa che si svolge contemporaneamente in tutto il mondo ha messo il cappello Se Non Ora Quando e donne affini che ne approfittano per fare diventare la giornata una opportunità per fare campagna elettorale.
Ovviamente loro si fanno portatrici della propria visione del problema. Per loro le donne che contano sono italiane, perbene, madri, etero, giacché non registrano violenze su donne differenti e non sono in grado di formulare un ragionamento che non sia quello che stigmatizza donne diverse da loro.
Lo abbiamo visto già quel 13 febbraio di qualche anno fa quando a fatica superammo la retorica moralista che divideva le donne in sante o puttane, mentre si discuteva di escort e nelle piazze vedevi tanta indignazione con cartelli in cui era scritto “troie” o “zoccole” impunemente.
In tante partecipammo con gli ombrelli rossi accompagnando le sex workers totalmente escluse dal dibattito pubblico e riuscimmo a far passare un messaggio chiaro: le donne che fanno quel mestiere e scelgono di farlo non sono vittime e non sono neppure colpevoli e sono in grado di autorappresentarsi e di produrre rivendicazioni autonome.
Un ragionamento difficile da digerire che già qualche anno prima con fatica veniva portato avanti dalle Sexyshock di Bologna e che con difficoltà era diventato patrimonio di analisi militante femminista.
540676_543429545675984_1785758646_nEravamo a buon punto finché non sono arrivate le Snoq. Quel 13 febbraio si inserisce in un contesto in cui comunque le puttane erano già diventate per sindaci di destra e del Pd un problema di ordine pubblico, di decoro, e venivano sempre più marginalizzate, per il loro bene, così si diceva, in periferia, lontane dagli occhi della gente perbene, oppure si facevano tanti bei discorsi sulla tratta per poi scoprire che le prostitute rastrellate per le strade, se straniere, venivano portate dentro i Cie, i centri di identificazione ed espulsione italiani.
La Ministra Carfagna propose un ddl contro la prostituzione che invece che legalizzare e decretare così la fine dello sfruttamento per dare possibilità di autogestione, alla luce del sole, lontane dai margini dove queste donne vengono sovente uccise o stuprate o derubate, immaginava un quadro repressivo e punitivo.
Il ddl fu ritirato, per fortuna, perché esplose la storia delle escort, ma i sindaci sceriffi nelle città iniziarono una persecuzione delle prostitute da linciare o salvare. Ricordo ancora scene raccapriccianti di cittadini che andavano a linciare le trans o di altri cittadini “perbene” che passavano il tempo a spiare le puttane per dire che bisognava allontanarle dai luoghi abitati.
Ebbene: le puttane furono allontanate, tuttora viene fatto, salvo poi fare una fiaccolata non richiesta quando vengono uccise appunto perché stanno al buio, nelle periferie, dove chiunque può fare loro del male.
sexworkerhaverightUltimamente la questione della prostituzione è diventata tema di dibattito politico perché anche in Europa si è aggregato un insieme di reazionarie femministe e gente che in nome della salvezza di queste donne invece che rispondere alle richieste che associazioni e sindacati in difesa di prostitute fanno immaginano uno schema repressivo e proibizionista.
Il dibattito è diventato ideologico: le puttane possono essere ammesse come parte del discorso pubblico se si pentono e si dichiarano vittime. Se scelgono, invece, sono colpevoli, complici del patriarcato e dunque non andrebbero ascoltate.
Sfugge a queste persone che giudicano la prostituzione come un discorso esterno da noi il fatto che oggi noi mercifichiamo vari pezzi dei nostri corpi per un lavoro precario e che otto ore in fabbrica equivalgono a otto ore di servizi sessuali. Sfugge loro che, per esempio, le mogli, santificate e giudicate perbene, per l’art. 143 del codice civile, sono obbligate a fornire assistenza morale ai mariti ovvero sono obbligate a offrire sesso, perché il matrimonio è un contratto in cui la moglie è una puttana in esclusiva.
Sfugge che le donne che fanno mestieri in cui il corpo viene usato come mezzo di guadagno esigono contratti garantiti e non divieti. Non sempre vogliono essere salvate e vogliono gli strumenti per autogestire le proprie scelte, che a noi piacciano o meno.
Per queste e molte altre ragioni le prostitute non sono chiamate a partecipare alla danza del 14 febbraio. Non sono donne perbene, non ci saranno ombrelli rossi, non sono incluse in quanto donne autodeterminate.
Ma le prostitute danzano. Da sole, in compagnia, e urlano al mondo la propria esistenza e le proprie richieste. Peccato che le piazze italiane siano troppo perbene per ascoltarle.
Buona danza alle migranti, precarie, sex workers. Buona danza anche a voi, sisters, ovunque siate.
Leggi anche:
Sul Flash Mob di Snoq, ovvero sull’antitesi della nostra lotta politica
Le candidate alle elezioni che speculano sulla violenza sulle donne
A proposito del Violence Against Women Act USA
One Billion Rising: la campagna antiviolenza eteronormata!
Riqualificare Napoli: rom e puttane rovinano l’immagine della città!
Voto la lista che candida le prostitute
The ‘Bitch’ Manifesto
Sul perché non mi offendo se mi danno della puttana – ovvero ascoltare, prima di sentenziare, non sarebbe poi così male!
Mestre: salviamo le prostitute! (E le prostitute non volevano essere salvate)
Lettera aperta sui danni del modello proibizionista per la regolamentazione dell’attività di sex workers
Sex Workers: “dichiarare illegale ciò che per alcuni è immorale è una deriva dittatoriale!”
Dell’obbligo di fare sesso nel matrimonio (la moglie è una puttana!)
Pratiche femministe: fuori i fascismi da casa mia!
Puttana si nasce o si diventa?
Le puttane sanno cucinare
Quello stigma sociale che pensa su prostitute e clienti
e La categoria Sex Work di Femminismo a Sud

Testimonio de Herminda González, trabajadora sexual en Bolivia

Siendo muy joven, madre soltera y sin alternativas de trabajo, ella se dedicó al comercio sexual. Años después se formó como monitora, hizo cursos sobre VIH y violencia intrafamiliar, y comenzó a dar talleres educativos para trabajadoras sexuales y también para dueñas de casa. A cargo de la Fundación Margen, hoy reclama una postura política sobre el comercio sexual, pide que el Estado se haga cargo para modificar el Código Sanitario y reivindica a las trabajadoras sexuales.
Por Kena Lorenzini
Herminda González tiene 52 años y es madre de 4 hijos. Ex trabajadora sexual, hoy es educadora en salud y presidenta y representante legal de la Fundación “Margen”, dedicada al apoyo y promoción de la mujer, cuyo trabajo se enfoca especialmente hacia las trabajadoras sexuales.

Hay mucha discriminación con las mujeres trabajadoras sexuales, ¿cómo se llega a eso?
Son situaciones de la vida que nos lleva a ejercer el comercio sexual. Creo que es la falta de oportunidad. Las trabajadoras sexuales son proveedoras, jefas de hogar. Se ven en la situación que no tienen qué darles a sus hijos. A lo mejor es una vía más rápida, no más fácil, pero más rápida, la de obtener dinero a cambio de sexo por conveniencia. Hoy nosotras estamos en la lucha de la reivindicación, para que se reconozca el comercio sexual como un trabajo. Que no se siga discriminando a la mujer trabajadora sexual, cada cual sabe lo que hace con su cuerpo.

¿Y por qué no robar para comer?
Porque robar debe ser más difícil para la mujer. Porque además tiene una pena, mientras que el comercio sexual no es prohibido en Chile, no es penalizado. Además, las mujeres tenemos una herramienta, que es nuestro cuerpo. Yo trabajo con mi cuerpo, cuando yo quiero, con quién yo quiero y a la hora que yo quiero.

¿Cómo te conectas con tu cuerpo en el momento que estás viviendo la situación de sexo con un cliente, ese mismo cuerpo con el que pariste a tus hijos o que amó a un hombre?
Es que yo creo que no se piensa en el momento de la situación, sino que se dio. Hubo plata de por medio, se transó y listo. No victimicen a la trabajadora sexual, las mujeres trabajadoras sexuales pensamos como cualquier otra. Como la mujer dueña de casa que está con su marido, que tiene que esperar, asistir al hombre, atenderlo, servirle la mesa, no sé… llevarle la toalla al baño. Muchas mujeres lo hacen para que les den un poco de dinero.

La sexualidad ha sido tan tabú en nuestra sociedad, ¿qué te pasó cuando tomaste esa decisión respecto de ti misma, respecto de tu cuerpo?
Lo que pasa es que yo era ya mayor de edad, y yo sabía a lo que iba. Igual yo fui una chica súper despierta desde mi adolescencia, no tenía tabú con mi sexualidad. Tuve unos padres que eran súper represivos. Me dieron una educación, me formaron, me dieron valores, y eso no cambia por ejercer el comercio sexual. Yo no tengo problemas con mis hijos de decir a lo que yo me dedicaba. Cuando me vine a Santiago tenía 17 años. Y aquí después ya fui mamá soltera y todo ese cuento… y no hubo alternativas de trabajo…

Y entonces comenzaste a ejercer el comercio sexual…
Bueno, en sí el comercio sexual ya lo estaba haciendo, cuando trabajaba en lugares como “Watts Galicia”, “La noche” o “La Sirena”. No hay solamente comercio sexual en el momento que tú te acuestas con el cliente. Desde que te subes al escenario a exhibirte para otro, ya está haciendo comercio sexual. Hasta las modelos son trabajadoras sexuales, todas esas chicas que van hacer show a las discotecas, son todas trabajadoras sexuales encubiertas, por que usan su cuerpo.

¿Cómo empatan la propuesta de regular el comercio sexual como un trabajo con la postura feminista radical de no al trabajo sexual bajo ningún punto de vista?
Es que hay feministas evolucionistas e involucionistas. Ellas tienen su manera de pensar, de que esto es tratar a la mujer como objeto y eso. Pero nosotras tenemos otro pensamiento. Sabemos que defendemos nuestros derechos, somos nosotras las que vendemos nuestros cuerpos y que es un contacto sexual y nada más.

Dentro de “Margen”, ¿ustedes ofrecen apoyo de auto cuidado?
Nosotras contamos con una psicóloga, que es Francisca Villagra, quien está todo el tiempo recibiendo chicas. O hacemos talleres en grupos, y siempre se está trabajando con ella. El auto cuidado tiene que ver con sus derechos como mujeres, con el auto cuidado de una trabajadora sexual, con los derechos y los deberes de una trabajadora sexual, que se examinen sus genitales, que se palpen sus pechugas, que sepan cuándo tienen que ir a sus controles de salud sexual, porque hoy el control sexual no es obligatorio. De esa manera estamos apoyándolas.

¿Cómo decides dedicarte a ser educadora?
Me formé como monitora en la Primera Escuela Nacional que hubo, allí tomé el curso en VIH-Sida. Y luego fui tomando otros cursos, que tenían que ver con la violencia intrafamiliar. Después de que me recibí, empecé a hacer talleres educativos en los consultorios, con las chicas que van al control. Empecé a hacer talleres con dueñas de casa en La Pintana, estuve en Renca, en Conchalí, y en Santiago Centro. También estuve haciendo talleres con las dueñas de casa de prevención en VIH-Sida y al final se les compartía que una era trabajadora sexual.

¿Cuál era la reacción de ellas?
Distinta. Porque ellas nunca habían estado al lado de una trabajadora sexual. Ellas se imaginaban otra cosa. De primera yo escuchaba no más todos los comentarios. Que las putas son ladronas, roban maridos, que son cochinas, que esto, que lo otro. Pero yo calladita no más. Yo estaba  haciendo mi labor no más. Y al final, yo compartía con ellas que nunca había que discriminar porque uno no sabía quién estaba al lado, al frente o a la espalda… que había que tener mucho respeto con las diversidades que hay.

¿Cuáles dirías tú que son los principales problemas que afectan a las mujeres que ejercen el comercio sexual?
Uno tiene que ver con la reivindicación del trabajo sexual. Otro, que el Estado no se ha hecho cargo del tema. Que no hay una postura política sobre el tema del comercio sexual. No hay una modificación del Código Sanitario. Si hubiera una reglamentación, sería todo distinto, porque habría mejor salud para las trabajadoras sexuales, habría mejores condiciones para poder ejercer el comercio sexual. Los derechos laborales de las trabajadoras sexuales serían reconocidos, y no habría tanta violencia, ni tanto abuso de la policía y de la autoridad con ellas.

Should we accept sex work?

"I feel proud of myself and I am content with what I do, and the only reason I am covering my face with a mask when I’m on TV is to protect the people who are close to me. Usually, I show my face in public when I give lectures or participate in protests." - Sex worker activist Yeoni Kim speaks about sex work in South Korea
http://researchprojectkorea.wordpress.com/2013/02/15/should-we-accept-sex-work/

 

Should we accept sex work? from Matthias Lehmann | Matt Lemon on Vimeo.

jueves, 14 de febrero de 2013

Trabajo sexual UNAIDS

Para NU es muy importante que se deje de discriminar al trabajo sexual para garantizar los derechos de las personas que ejercen el trabajo sexual.

 http://www.akissforgabriela.com/?p=3028

In the past two years, key United Nations agencies have released documents affirming the importance of decriminalization to guarantee the rights of sex workers. Much of this material has emerged in the context of health issues, often in regards to HIV/AIDS. In December 2012 the World Health Organization, perhaps the most technically rigorous UN body working on issues pertaining to health and rights, released new guidelines for the prevention and treatment of HIV and other STIs in the context of sex work in partnership with UNAIDS, the United Nations Population Fund (UNFPA) and the Network of Sex Work Projects. Front and center the first “good practice” guideline derived from “common sense, ethics and human rights principles,” recommends that “all countries should work toward decriminalization of sex work and elimination of the unjust application of non-criminal laws and regulations against sex workers.” The World Health Organization also advises that governments take extra steps to end violence and discrimination against sex workers through “antidiscrimination laws and regulations” guaranteeing “sex workers’ right to social, health and financial services.”
This approach taken in the new WHO guidelines has been applauded by sex worker rights organizations.
The recognition of sex work as work has been building throughout the UN agencies. During the International AIDS Conference in Washington, D.C. in July 2012, representatives of the International Labour Organization (ILO) affirmed that sex work is an “economic activity” like other forms of labor referred to in ILO Recommendation 200 concerning HIV/AIDS. Two weeks before the conference the Global Commission on HIV and the Law—an independent commission launched in June 2010 by the United Nations Development Program—released the results of regional consultations about the impact of the law in the context of HIV. This report provides a prodigious amount of evidence about the impact of criminalization on the rights and health of communities of sex workers globally and recommends that sex work be decriminalized. It also recommends that “consensual adult sex work” be seen as a form of work and clearly differentiated from “sexual exploitation” and other forms of abuse. In 2010 the Special Rapporteur on the Right to Health reported to the Human Rights Council that criminalization of sex work leads to “[un]safe working conditions, and a lack of recourse to legal remedies for occupational health issues” and that the failure to distinguish between sex work and trafficking in legislation and interventions “increasingly infringes sex workers’ right to health.”
The recognition of sex work as work and calls for decriminalization coming from peak global bodies validate decades of struggle of communities of sex workers globally. However, despite these victories, in many localities sex workers continue to be persecuted by state agents such as the police. In many jurisdictions, such as across the US, legislators are holding firm to their beliefs that sex work should remain criminalized. Worrisome trends towards re-criminalization of sex work in some parts of Europe and the former Soviet states have emerged. Clearly the global fight for rights must continue. The recent acknowledgement of rights of sex workers in the context of HIV is important, but we must resist the temptation to confine our discussion of sex workers rights to disease prevention. This sentiment was beautifully expressed by one of the sex worker organizations cited by the Global Commission on HIV:
When I can work in safe and fair conditions. When I am free of discrimination. When I am free of labels like “immoral” or “victim”. When I am free from unethical researchers. When I am free to do my job without harassment, violence or breaking the law. When sex work is recognised as work. When we have safety, unity, respect and our rights. When I am free to choose my own way. THEN I am free to protect myself and others from HIV.
Empower Foundation, Thailand, Asia-Pacific Regional Dialogue, 16–17 February 2011

lunes, 11 de febrero de 2013

Testimonios de prostitutas

"Nuestro trabajo es objeto de muchos prejuicios, muchas de nosotras nos ofendemos cuando nos dicen prostitutas porque hay deferentes estado de empoderamientos, pero las que estamos empoderadas no nos ofende cuando nos dicen puta o prostitutas y muchas de nosotras tenemos la idea de que la palabra debe ser reivindicada. Sin embargo la carga despectiva afecta la vida y el entorno familiar de muchas de nosotras poniéndonos en situaciones de riesgo en nuestras vidas, salud y desarrollo personal. Ante todo respeto y consideración porque tenemos los mismos derechos que todos!" Angela Leonor Villon Bustamante

 En cierto debate, una mujer que se decía "feminista" escribió que "Las prostitutas venden sus cuerpos porque son víctimas del Patriarcado"... Mi respuesta fue tajante, y muy poco cortés: "Lindo discurso "feminista"!!!... La mujer es tan dueña de su cuerpo como cuando realiza cualquier otro trabajo!!!... O te pensás que sos muy "dueña" limpiando baños, culos sucios en los hospitales, o recogiendo la basura que otros tiran!!!... Tus prejuicios siguen siendo burgueses, aunque te digas y te pienses "socialista"!!!... Todo trabajo (todo), realizado en función de intereses de otro, implica una "enajenación", y la implica incluso, cuando ese "otro" es el propio Estado!!!... Tan digna es una puta ejerciendo con dignidad su "oficio" como una ejecutiva alquilando su cerebro al servicio del enriquecimiento capitalista!!!..." Melisa Stella

Entrevista a Cristina Garaizabal, Colectivo Hetaira.

 http://www.deia.com/2013/02/10/sociedad/estado/las-chicas-necesitan-ahora-trabajar-mas-para-ganar-bastante-menos

bilbao. "La crisis está minando los derechos de las trabajadoras del sexo, al igual que sucede con el resto de trabajadores. Lo grave es que ellas, ya de origen, no tenían ninguno", señala Cristina Garaizabal, portavoz de Hetaira, un colectivo de mujeres en defensa de los derechos de las prostitutas. Se refiere al hecho de que trabajen full time, que puedan ser explotadas en cualquier momento, que se les impongan prácticas sexuales o se les obligue a aceptar clientes.

¿La recesión económica empuja cada vez a más chicas autóctonas a la prostitución?
Lo que es una evidencia es que se han marchado muchas chicas inmigrantes. Se han ido a otros sitios de Europa donde hay menos crisis y también menos acoso policial. En relación al perfil, ha cambiado bastante porque antes había muchas extranjeras y ahora han vuelto a surgir mujeres de aquí. De hecho están apareciendo de nuevo las prostitutas ocasionales, amas de casa que estiran el sueldo del marido sin que este se entere.
Dicen que ya no es una actividad tan rentable, que se ganan mucho peor la vida.
Como hay menos clientes han tenido que bajar los precios y por eso necesitan trabajar más para ganar bastante menos. Aunque los datos dicen que en Euskadi hay menos prostitución de calle -que es donde verdaderamente se han tirado los precios- que en otras zonas de España y se trabaja más en locales donde las tarifas no fluctúan tanto.
Algunos hablan de que la crisis ha empujado a más chicos a la calle.
Eso es más difícil de constatar porque la prostitución masculina es un fenómeno más encubierto y se nota bastante menos.
¿Es fácil la reinserción de las trabajadoras del sexo?
Pues la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, dice que de las que acuden a los servicios municipales, un 70% encuentra trabajo y abandona la prostitución. Pero es imposible que exista esa cantidad de chicas que quiere dejar la prostitución porque si no, no habría putas en la calle. Y es imposible que un porcentaje tan alto encuentre trabajo porque, con la que está cayendo, es para meterse prostituta, ir a la ayuntamiento y decir que quieres dejarlo. Los datos no cuadran.
¿Qué es lo que persigue Ana Botella con el II Plan contra la explotación sexual?
Lo que quiere es erradicar directamente la prostitución y, por eso, se inventa lo que sea necesario. De hecho, hay un mayor acoso policial a las prostitutas.
También incide en que cada vez acude a este tipo de servicios más gente joven.
Entre la gente joven forma parte del ocio irse de putas. Eso se da hace ya un tiempo. El problema es que lo que no hay que hacer son campañas de penalización de los clientes para dar ejemplo de moralidad y buenas costumbres, sino campañas de educación.
¿En qué sentido?
Nos tenemos que plantear no tanto que el futuro de la prostitución sea desaparecer sino que estas mujeres sean consideradas con dignidad y se eduque a los hombres que van de prostitutas y a las mujeres que van de gigolos a respetar las condiciones que estos trabajadores ponen, y tratarles con respeto. Que si tú pides un café con leche, porque haya una chica inmigrante detrás de la barra, no significa que está para lo que tú quieras.
Usted critica abiertamente el complejo Eurovegas que acaba de conocerse que se instalará en Alcorcón.
A estas mujeres se las considera una clase especial sin derechos. Solo hay normativas para quitarlas de la calle. No para reconocer su labor como una actividad económica legítima. Y lo que se prepara en Eurovegas va a ser un nido de mafias y de trata de mujeres que facilitará la apertura de grandes prostíbulos, donde las mafias pueden campar a sus anchas parapetadas en sociedades anónimas.

domingo, 10 de febrero de 2013

La esclavitud sexual en las guerras: Japón

Las mujeres consuelo, esclavas sexuales en la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses establecieron burdeles militares en los países que ocuparon. Miles de mujeres de Corea, China, Filipinas… se vieron obligadas a prestar servicios sexuales a los militares del ejército imperial japonés… fueron las llamadas “comfort women” (mujeres consuelo).

Las mujeres jóvenes de países bajo el control japonés eran secuestradas de sus hogares o engañadas con falsas promesas de trabajo. Una vez reclutadas, eran encarceladas en “confort stations” (auténticos prostíbulos) donde eran obligadas a satisfacer la necesidades de los japoneses. Muchos negaron la existencia de este tipo de esclavitud, otros llegaron a justificarlo con argumentos tan peregrinos y miserables como aumentar la moral de las tropas, para evitar masivas violaciones, prevenir la propagación de enfermedades de transmisión sexual… Todo permaneció oculto hasta que en 1991 la coreana Kim Hak-Soon, ya con 63 años, no pudo aguantar más y contó al mundo la existencia de las comfort women. Investigaciones posteriores y un informe de la Oficina de Guerra de los EEUU, tras la liberación de 20 coreanas, confirmaron los datos de Kim. El citado informe americano dejaba claro que no era un hecho puntual sino que todo estaba perfectamente regulado:

1. Soldados. Horario: 10:00-17:00 Precio: ¥ 1,50 Tiempo: 20 a 30 minutos
2. Suboficiales. Horario: 17:00-21:00 Precio: ¥ 3,00 Tiempo: 30 a 40 minutos
3.Oficiales. Horario: 21:00-24:00 Precio: ¥ 5,00 Tiempo: 30 a 40 minutos

Para regular la masiva afluencia de soldados, se establecieron turnos para las distintas unidades del ejército:

◦Domingo – Infantería
◦Lunes – Caballería
◦Martes – Ingenieros
◦Miércoles – Día de descanso semanal y un examen físico.
◦Jueves – Los médicos
◦Viernes – Artillería
◦Sábado – Transporte

Se creó el Consejo Coreano para las Mujeres Reclutadas para la Esclavitud Sexual por Japón que exigió al gobierno japonés:

◦Admitir la existencia de las esclavas sexuales.
◦Una disculpa pública.
◦Un monumento homenaje a las víctimas.
◦Que los sobrevivientes y las familias de las víctimas reciban una compensación.

A fecha de hoy, todavía siguen esperando…

sábado, 9 de febrero de 2013

Detenidos los responsables de un burdel que rifaba mujeres entre sus clientes


Otra noticia relacionada con la prostitución que lo único que hace es usar los conceptos de manera errónea, esto hace que los lectores terminen, confundiendo términos. He subrayado en negrilla los errores. 
1º La trata de seres humanos es un concepto que hace referencia a forzar a las personas a ejercer una actividad, bajo amenazas, coacciones o engaños, son personas esclavas; con traslado o sin traslado entre países. El tráfico de seres humanos es  exclusivamente el traspaso de fronteras de migrantes fuera de la Ley de Extranjería de cada país, la emigración ilegal.
2º Si hay víctimas de trata tiene que ser protegidas y el ser víctima de este delito es prioritario a la situación de regularidad en España. Es prioritaria la investigación para conocer si hay víctimas de trata.
3º Se estan cometiendo delitos contra los trabajadores, porque en España se permiten los prostíbulos sin que haya ninguna ley que reconozco los derechos laborables del trabajo sexual. O una de dos o se cierran todos los prostíbuelos o se aprueba una ley para que prevalezcan los derechos fundamentales de las personas que ejercen la prostitución. Los delitos contra los trabajadores no tiene porque ser esclavitud, aunque soun muchos los abusos y vulneración de derechos.
4º Los sorteos de servicios gratis es una práctica extendida desde que hay crisis no solamente de clubes, pisos y demás locales, también en foros de clientes. Una práctica, con la que yo estoy totalmente en contra ya que una regla de oro es que la persona que ejerce la prostitución  pueda elegir al cliente, sea ella la que lo elige y no verse obligada a aceptar a cualquiera.


La Policía Nacional ha detenido a doce personas en una operación contra la prostitución desarrollada en dos clubes de alterne de Sevilla. En uno de ellos se rifaba una noche gratis con una de las chicas que trabajaban en el establecimiento. Para ello realizaban un sorteo con papeletas, que han sido intervenidas por la Policía y serán puestas en las próximas horas a disposición del juzgado que dirige la investigación.

La operación se llevó a cabo en la madrugada del martes al miércoles en un club situado en el polígono Store y otro en el polígono industrial Hytasa. En total fueron detenidas doce personas, la mayoría de ellas por delitos relacionados con la prostitución. Fueron arrestados tanto los responsables de los negocios como los encargados, madamas y porteros. Además, fueron detenidas tres mujeres que ejercían la prostitución por tratarse de extranjeras que se encontraban en España en situación irregular.

En ambos prostíbulos eran forzadas a prostituirse mujeres extranjeras, tanto sudamericanas como europeas. Entre las chicas había varias de nacionalidad rumana. Al pertenecer su país a la Unión Europea, a las mujeres no se les abre ninguna diligencia, a diferencia de lo que ocurre con las iberoamericanas que carecen de documentación para residir y trabajar en España. La investigación la ha llevado a cabo el grupo III de la brigada provincial de Extranjería.

El punto de partida de este golpe a la trata de mujeres fue una denuncia recibida por la Policía Nacional en la que se alertaba de que una joven estaba siendo obligada a ejercer la prostitución en un club de alterne de Sevilla. A raíz de ahí, la Policía abrió una investigación y halló indicios de delitos relacionados con el tráfico de seres humanos y contra los derechos de los trabajadores en ambos burdeles. Los agentes registraron los dos locales de manera simultánea la madrugada del miércoles. En uno de los establecimientos interrumpieron la rifa de una de las mujeres entre los clientes y se incautaron de las papeletas para aportarlas luego como prueba.

Por estos hechos, los detenidos podrían ser acusados de varios delitos relativos a la prostitución y a la explotación de las personas. El Código Penal castiga con penas de dos a cuatro años de cárcel a toda persona que induzca a la prostitución aprovechándose de una posición de superioridad. Además, podrían enenfrentarse a otros cargos por delitos contra los derechos de los trabajadores, que se castigan con una condena de dos a cinco años de cárcel y que consisten en la contratación de personas extranjeras sin permiso de trabajo.

No es la primera vez que se detectan sorteos de mujeres en locales de alterne en España. Uno de los casos que escandalizó a la opinión pública fue el de la rifa de una chica latina, una habitación de hotel y una botella de whisky en Cantabria a finales de 2011. Una discoteca, un restaurante y una peluquería distribuyeron carteles publicitando este sorteo. Las papeletas se vendían a 20 euros cada una y el ganador sería aquel a quien coincidieran los números de su boleto con los dos últimos del sorteo extraordinario de Lotería de Navidad. Cuando el caso salió a la luz pública, los organizadores decidieron cancelar la rifa. En aquella ocasión la Policía Nacional estuvo investigando el asunto y finalmente no vio indicios de delito en la conducta de los responsables del sorteo.

En Sevilla es la primera vez que trasciende un caso de este tipo. La brigada provincial de Extranjería de la Policía Nacional, que dispone de un grupo especializado en esta materia, realiza inspecciones periódicas en locales de alterne y ha desmantelado numerosas organizaciones dedicadas a la trata de seres humanos. Muchas de las mujeres que son obligadas a prostituirse fueron captadas en sus países de origen y forzadas a ejercer la prostitución por haber contraído una deuda con la organización que las trajo a España. Estas mafias suelen amenazar a los familiares de las chicas en sus países de origen para así tener mayor control sobre ellas.

Consecuencias la falta de alfabetización en la trata de seres humanos y la industria del sexo

El concepto decimonónico de trata, que se creó para hacer frente a los abusos contra las mujeres inmigrantes en la industria del sexo, adoptó involuntariamente una noción muy sesgada hacia la moral. En esencia, dividió a las mujeres entre víctimas inocentes que necesitan ser rescatadas y culpables de las que se puede abusar con impunidad. Creó también matices racistas y nacionalistas. Este concepto anticuado impide cualquier esfuerzo serio por afrontar los auténticos abusos de derechos humanos que tienen lugar.
 http://dornsife.usc.edu/news/stories/1320/prosecution-to-empowerment/
 

Prosecution to Empowerment

USC Dornsife takes a leadership role in finding solutions to human trafficking, beginning with an international conference that drew 200 participants.

By Pamela J. Johnson
February 6, 2013
This woman in her early 20s was trafficked into a blue jean sweatshop in Thailand, where she and others were locked in and made to work 20 hours a day, sleeping on the floor, with little to eat and no pay. She managed to escape and was brought to the government-run Baan Kredtrakarn shelter in Bangkok. After telling her story to the director, the police were informed and they raided the sweatshop, freeing 38 young women, ages 14 to 26. Photo by Kay Chernush for the U.S. State Department.
This woman in her early 20s was trafficked into a blue jean sweatshop in Thailand, where she and others were locked in and made to work 20 hours a day, sleeping on the floor, with little to eat and no pay. She managed to escape and was brought to the government-run Baan Kredtrakarn shelter in Bangkok. After telling her story to the director, the police were informed and they raided the sweatshop, freeing 38 young women, ages 14 to 26. Photo by Kay Chernush for the U.S. State Department.
Emblematic of the shallow level of dialogue taking place concerning human trafficking is the “celebritization” of the global crisis, panelists said during a recent international conference organized by USC Dornsife.
Here is a telling excerpt from a United States congressional session on “Enhancing the Global Fight to End Human Trafficking”:
Congressman: “While my wife of 56 years considers you devastatingly handsome, I think your true beauty lies inside.”
Ricky Martin: “Thank you very much.”
The pop singer, who spoke before congress as an expert on the subject, was asked to offer steps toward a solution.
Martin: “We must enforce the laws against human trafficking by providing children and their families with the opportunity to live safely and peacefully. We must educate children and families about the dangers of trafficking. We must provide resources and services to reintegrate and rehabilitate victims of these practices. We must prosecute and punish the traffickers.”
Martin had just recited from the Trafficking Victims Protection Act of 2000 that congress members themselves had written — known as the three P’s: provide resources, prosecute and punish.
“The celebrity interest in the issue is emblematic of a number of things: The top down approach to trafficking, the shallow interest and particularly the pithy elevator pitch approach that the public and policy and lawmakers encourage and endorse with regard to human trafficking solutions,” said panelist Dina Haynes, professor at New England Law in Boston, Mass., who shared some celebrity congressional testimonials she had researched.


Dina Haynes, professor at New England Law (center), discusses the “celebritization” of human trafficking, while panelists Kate Francis of The Asian Foundation (left) and Janie Chuang of American University, listen. Photo by Zhaoyu Zhou.
“These pithy elevator pitches feed and are responsive to the voyeuristic interest from the public and congress members as well,” Haynes said.
The all-day Feb. 2 conference held at the Davidson Conference Center at USC drew more than 200 students, scholars, social workers and legal advocates from as far as Australia and the Netherlands.
It marked the start of the new leadership role USC and USC Dornsife is taking in providing alternative frameworks and solutions to human trafficking — which is considerably larger than prostitution, and includes domestic, garment, agricultural and other oppressed workers.
The keynote speaker was Marjan Wijers, an independent researcher, consultant and trainer in human rights, human trafficking, sex workers and women’s rights, based in the Netherlands. She said that the 19th-century concept of trafficking, which was created to address abuses of migrant women in the sex industry, unwittingly adopted a highly morally biased notion. In essence, it divided women into innocent victims in need of rescue and guilty ones who can be abused with immunity. It also created racist and nationalistic overtones. She said this antiquated concept impedes any serious effort to address the true human rights abuses taking place.
Sponsored by the Center for the Study of Immigrant Integration (CSII) led by Manuel Pastor, professor of American studies and ethnicity, and Ange-Marie Hancock, associate professor of political science and gender studies in USC Dornsife, the conference was also funded by USC Dornsife 2020, Department of Sociology and Center for International Studies.
“The conference was a resounding success,” said Rhacel Salazar Parreñas, professor and chair of sociology and professor of gender studies, who organized the conference with Alice Echols, professor of English, history and professor and chair of gender studies. The conference was also funded by USC Dornsife’s Center for Feminist Research, which Echols directs.


More than 200 students, scholars, social workers and legal advocates from as far as Australia and the Netherlands attended the conference. Photo by Zhaoyu Zhou.
“Participants repeatedly raised the problem of the lack of reliable data on human trafficking,” Parreñas said. “Panelists also discussed the existence of competing definitions of trafficking among the largest stakeholders — and in the process admitting the challenges of developing solutions.”
During a discussion moderated by Echols, panelists broached the historical debate over the relationship between trafficking or non-trafficking and forced labor. The International Labour Organization (ILO) has only recently broadened its definition of trafficking to concede that not all forced labor is a result of trafficking. For example, debt bondage occurs when a worker agrees to provide labor in exchange for a loan, but the relationship develops into bondage as the employer adds more and more debt to the exchange.
“So there’s hope in deepening our understanding of the nature of coercion,” said panelist Janie Chuang, associate professor of law at American University in Washington, D.C. “Part of the problem is the product of ‘celebritization’ but also the product of the desire to frame trafficking as a slavery issue. I take issue with using the term slavery as it applies to trafficking. I get that it galvanizes indignation and gets people to care. Everybody wants to be a modern day abolitionist, but there are consequences in talking about it in terms of slavery in that it raises public perception of the structure of trafficking. People still think trafficking has to involve some sort of violence.”
Most human trafficking cases do not involve violence, Chuang said, adding that forced labor is often a result of psychological coercion.
“We’re in agreement on that,” said Orlando Patterson, John Cowles Professor of Sociology at Harvard University in Cambridge, Mass. “Psychological violence is violence. It’s the worst kind of violence. It’s to be terrorized into doing something you don’t want to do.”
Connecting the fight on human trafficking with broader movements to empower migrant laborers, the conference addressed how the war on trafficking can become a vehicle for promoting the human and worker rights of migrants. Participants also discussed how to reduce workers’ vulnerability to abuse and how to empower them in the process of labor migration.


Kate Francis of The Asia Foundation chats with students during the conference. Photo by Zhaoyu Zhou.
Extending far beyond sex work, panelists discussed a wide range of workers, including agricultural, domestic and garment workers. The conference brought attention to a vast array of migrants who are susceptible to trafficking not because of the nature of their occupations, but because of their limited rights as migrants and workers. They include migrant contract workers who labor under conditions of indenture, guest workers denied full citizenship rights and undocumented workers who face the threat of criminal action.
“We used to focus almost exclusively on sex trafficking of women, but in recent years we’ve applied a much more robust gender lens to the issue,” said panelist Kate Francis, associate director of the Women’s Empowerment Program at the The Asia Foundation in Washington, D.C. “We’re now doing a much more complex conceptualization of trafficking that aims to create a safer and supportive environment for migrants.”
One panel discussion concentrated on a migrant justice frame for building a broad consensus and action against human trafficking. Another focused on migrant children coerced into labor and prostitution. Still another centered on sex workers and the impact of campaigns.
“As participants noted, holding a conference focused on the question of ‘rescue’ is the obvious next step,” Parreñas said of her group’s efforts. “Currently, rescue is the dominant solution to trafficking, one advocated by evangelical Christians, abolitionists and Hollywood celebrities. A conference on rescue featuring its defenders and critics is one that needs to happen.”
The effort also includes catapulting USC into a more prominent and central role in the Interdisciplinary Project on Human Trafficking, which is sponsored by Harvard Law School and American University’s Washington College of Law. This group includes leading legal scholars and ethnographers who are promoting a more nuanced understanding of trafficking. The conference at USC was the third public forum hosted by one of its members, and by far the largest.
Organizers are working on editing the conference proceedings, which will be published by Open Society and made available in its Web site by Spring 2014. Additionally, Open Society will print 3,000 copies and distribute them to high schools throughout the U.S.
Echols ended the conference by saying: "We're just now starting to roll up our sleeves."


USC Dornsife's Rhacel Salazar Parreñas (left), Alice Echols and Manuel Pastor organized the event. Photo by Pamela J. Johnson.
 

miércoles, 6 de febrero de 2013

Una infame alianza de feministas, polizontes y conservadores hace daño a las mujeres en nombre de la defensa de sus derechos.

Es un artículo que publiqué en inglés. Lo dejo traducido. Aunque está centrado en EE.UU  están implicadas instituciones como la ONU, y lo que es más importante, la situación en España no difiere mucho, si bien ejercer la prostitución no es delito. Si que lo es en algunas ciudades ya que se aplica la ordenanza de civismo: las prostitutas son multadas con importes desde 300 euros hasta 3.000 euros. como además muchas son extranjeras la discriminación es tremenda, se ejerce la violencia institucional. Perseguidas por la políica. Asimismo se permiten y toleran impunemete los prostíbulos si que las mujeres no tenga ningún derecho laboral reconocido y finalmente, la corriente feminsta que aboga por la abolición d ela prostitución, infantiliza a las mujeres no reconociendo sus capacidades de asumir riesgos y tomar decisiones, victimizando.

 

Una infame alianza de feministas, polizontes y conservadores hace daño a las mujeres en nombre de la defensa de  sus derechos.

Melissa Gira Grant en la edición de February 2013
http://reason.com/archives/2013/01/21/the-war-on-sex-workers
El pasado 30 de agosto, una mujer de 19 años fue detenida en Ann Arbor (Michigan) después de que un posible cliente llamara a la polícía para denunciarla. Alegó que la mujer le había subido el precio de sus servicios tras el contacto inicial por internet. Los polis se la llevaron esposada.
No hay nada particularmente excepcional en esta historia, que apareció por primera vez en AnnArbor.com. Es una de las docenas de ellas que podéis encontrar a diario en informes de la policía y periódicos locales por todo el país, a menudo acompañadas por fotos de fichaje. No hay ninguna organización defensora de los derechos de las mujeres que compile datos completos de cuántas personas son detenidas, juzgadas, condenadas y encarceladas por cargos relacionados con la prostitución. Pero sus nombres y fotos son alojados en motores de búsqueda a perpetuidad, independientemente del veredicto de sus casos.
Las consecuencias de tales detenciones pueden destrozar sus vidas. En Luisiana, algunas mujeres detenidas por prostitución han sido condenadas en aplicación de una vieja ley de hace 200 años que prohibe los “crímenes contra la naturaleza”. Estas personas condenadas —que en un número desproporcionado son mujeres negras y mujeres transexuales— terminan en el registro de agresores sexuales del estado. En Tejas, una tercera detención por prostitución se considera automáticamente un delito grave. Las cárceles de mujeres están tan sobrecargadas que el estado está pensando modificar la ley para recortar gastos. En Chicago, la policía cuelga fotos de fichaje de todas aquellas mujeres detenidas por solicitación en internet, una campaña de vergüenza pública que se intenta extender a los hombres que compran sexo. Pero los investigadores de la Universidad DePaul hallaron que el 10 por ciento de las fotos son de mujeres transexuales a las que se adjudicó erróneamente sexo masculino y fueron detenidas como “puteros”. Un cargo de prostitución perseguirá a estas mujeres a través de todas las entrelazadas burocracias de sus vidas: al rellenar un formulario para pedir trabajo, al matricular a sus hijos en la guardería, al alquilar apartamentos, pedir préstamos, solicitar pasaportes o visados.
No todas las personas que hacen trabajo sexual son mujeres, pero las mujeres sufren de forma desproporcionada el estigma, la discriminación y la violencia contra lxs trabajadorxs sexuales. El resultado es una guerra contra las mujeres que es casi imperceptible, a menos que estéis personalmente implicadas en el comercio sexual. Esta guerra está encabezada y es dirigida en gran parte por otras mujeres: una coalición de feministas, conservadores e incluso algunas activistas de derechos humanos que someten a las trabajadoras sexuales a la pobreza, la violencia y la prisión —todo ello en nombre de la defensa de los derechos de las mujeres.
Desconexión de Craigslist y a las calles
Una mujer vestida de caqui de la cabeza a los pies estaba tratando de juntar a la docena escasa de personas que se manifestaban en piquete ante las oficinas en Nueva York del The Village Voice. Con sus ojos protegidos del llameante sol de junio por un sombrero de ala tipo safari, Norma Ramos apuntaba hacia la entrada del venerable semanario alternativo con una mano, mientras con la otra sujetaba una pancarta escrita a mano. En ella se leía, con letras deliberadamente desiguales: “La VERDAD detrás de backpage.com: $2 MILLONES AL MES por alojar anuncios de trata sexual”.
Ramos es la directora ejecutiva de la Coalición Contra la Trata de Mujeres (Coalition Against Trafficking in Women = CATW). Según la copia promocional del departamento del portavoz que la representa, Ramos está en la vanguardia de “uno de los asuntos de justicia social más ignorados y trágicos de entre los que afectan a nuestro mundo”. Se apunta el mérito (con cierta exageración) de haber cerrado las listas de “Servicios Eróticos” de Craigslist, donde cualquiera con una dirección de email podía postear un anuncio ofreciendo servicios sexuales a cualquiera que tuviera una conexión a internet. Tras la desaparición de los Servicios Eróticos, que siguió a años de presión por parte de las fuerzas del orden y de la Asociación Nacional de Procuradores Generales, muchas trabajadoras sexuales optaron por el principal competidor de Craigslist, Backpage.com, que vio un tremendo despunte de nuevos anuncios de trabajo sexual. (El sitio, una vez propiedad de Village Voice Media, fue escindido recientemente del viejo semanario también propiedad de la empresa, en parte debido a la controversia sobre su contenido).
La lucha de Ramos contra Craigslist, igual que la campaña contra Backpage que le siguió, hizo subir los costes del negocio para algunas trabajadoras sexuales. Después de que los adversarios usaran los medios y las audiencias del Congreso para ligar de forma poco clara a Craigslist con la violencia y la explotación en el comercio sexual, Craigslist comenzó a cobrar $5 por mensaje para sus anuncios de Servicios Eróticos, argumentando que los números de las tarjetas de crédito ayudarían a la policía a localizar a las anunciantes que hubieran sido victimizadas. Para las trabajadoras sexuales que no pudieron afrontar los gastos, la siguiente mejor elección fue asumir los riesgos adicionales (físicos y legales) de solicitar en las calles. Todo este alboroto llamó la atención sobre ambos sitios, dando a los polizontes una excusa para emprender acciones que llevaran a la cárcel a las anunciantes de Craigslist y Backpage. Ahora Ramos está agitando para hacer un bis.
Dos meses antes de la manifestación a las puertas de la Voice,  la icono feminista Gloria Steinem era el centro de atención en los burdeles de la India como parte de un viaje turístico patrocinado por la Fundación NoVo, una de las mayores organizaciones benéficas privadas para mujeres de los Estados Unidos. El dinero de NoVo es dinero de Warren Buffett: mil millones de dólares, transferido por el segundo americano más rico a su hijo Peter,  que preside la organización junto a su mujer, Jennifer. Steinem acompañó a Peter y Jennifer Buffett en un paseo por Sonagachi, el mayor barrio rojo de Calcuta. Steinem volvió de su visita con una sorprendente propuesta: lo que beneficiaría realmente a las mujeres que trabajan allí —a las que describió al Calcutta Telegraph como “prostituídas”, caracterizando su condición como “esclavitud”— sería poner fin a los servicios de salud sexual y a los programas de educación entre pares en burdeles, programas que han sido reconocidos por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional como las mejores prácticas entre las intervenciones de prevención de VIH/SIDA. Steinem describió a las mujeres que dirigen esos programas de salud y educación como “tratantes” y a aquellos que las apoyan como “el lobby de la trata”.
¿Cómo hemos llegado a este punto en que en nombre de la “protección” de las mujeres, o incluso de la garantía de sus “derechos”, las feministas están dispuestas a quitarles sus trabajos y su atención sanitaria? Ramos, Steinem y sus aliados fusionan deliberadamente trabajo sexual y lo que ellos llaman ahora “trata sexual” por sus propias razones, no para promover los derechos de las trabajadoras sexuales. El resultado es —o debería ser— un escándalo internacional.
Cómo se convirtió el trabajo sexual en “explotación sexual”
Las luchas feministas a propósito de la prostitución y la pornografía no son una novedad. Pero el feminismo anti-trabajo sexual ha recorrido un largo camino desde los piquetes ante las tiendas de revistas de los setenta y las reposiciones antiporno en los campus universitarios de los noventa. “La pornografía es la teoría y la violación es la práctica”, escribió la autora y activista feminista Robin Morgan en 1980. Todavía anda por ahí hoy, dirigiendo un programa de radio en D.C.’s 1580 AM para el Women’s Media Center.. “La prostitución es violación pagada”, afirma Melissa Farley, que lleva luchando contra las trabajadoras sexuales desde los noventa y ahora elabora informes para organizaciones antiprostitución tales como Demand Abolition. Mientras que en otro tiempo estas mujeres se centraron en terminar con la ·”cosificación” sexual en revistas y barrios rojos, hoy están librando una guerra global que enfrenta a una clase de mujeres contra otra.
Una arquitecta de este cambio es la abogada Jessica Neuwirth, una de las fundadoras de la organización de derechos de las mujeres Equality Now. En una entrevista de 2008 con la socióloga del Barnard College Elizabeth Bernstein, Neuwirth describió el cambio como un alejamiento de “una primera oleada de toma de conciencia acerca de la explotación que consideró a la pornografía y a la prostitución casi por igual como una especie de explotación sexual comercial de las mujeres”. La reescritura era necesaria, explicó Bernstein en la revista Theory and Society, porque la prohibición pura y simple del porno y la prostitución no fue popular, poniendo a las feministas en desacuerdo con sus aliados liberales, tales como la American Civil Liberties Union (ACLU)..”Fueron maltratadas por los tipos de la ACLU”, dijo Neuwirth a Bernstein. “Replanteando estas cuestiones en términos de ‘trata de mujeres’ en el extranjero y como una violación de los compromisos internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres”, explicó Bernstein, “consiguieron librar las mismas batallas sexuales sin oposición”.
Estas batallas se libraban ahora en nombre de la lucha contra la “explotación sexual”, la “trata sexual” y la “esclavitud sexual”. El activismo se ha desplazado al terreno de la ley internacional. En 2000, las feministas anti-trabajo sexual intentaron introducir su redefinición del trabajo sexual en el “Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños”. Norma Ramos y sus aliados pretendieron que el protocolo, cuya finalidad es definir formalmente la trata en los programas de la ONU y promover la colaboración entre los estados miembros de la ONU a fin de defender los derechos de las personas que son víctimas de trata, definiera toda prostitución como “trata”. Según el libro Sex Slaves and Discourse Masters, escrito en 2010 por Jo Doezema, académica de la Paulo Longo Research Initiative, las trabajadoras sexuales fueron apoyadas por el relator especial de la ONU sobre la violencia contra las mujeres, que rechazó la equivalencia entre prostitución y trata. Las trabajadoras sexuales se opusieron también a la propuesta sustitutiva de la Coalition Against Trafficking in Women’s, que describía el sexo comercial como “explotación sexual”.
CATW emprendió una ofensiva en los medios, buscando desacreditar a sus oponentes, alistando incluso al senador Jesse Helms para su causa. La cosa funcionó. El protocolo fue aprobado y ha sido firmado hasta ahora por 117 países, definiendo el sexo pagado como “explotación sexual”. El protocolo ha dado a las feministas cobertura legal y moral para acosar el trabajo sexual bajo la bandera de la lucha contra la trata.
“Esa gente ha tenido mucho éxito usando este término de ‘explotación sexual’ para desarrollar legislación”, dice Ann Jordan, antigua directora del Programa de trata de seres humanos y trabajo forzado en el Washington College of Law de la American University y abogada que ha defendido los derechos de las víctimas de trata. “Muchas de las personas a las que hablan no les preguntan nunca qué quieren decir con él”. Pero aunque las oponentes del trabajo sexual han conseguido que se aprueben leyes contra la “explotación sexual”, dice Jordan, “dichas leyes no son aplicables porque nadie sabe qué significa eso”.
En el frente doméstico, las activistas anti-trabajo sexual consiguieron una de sus mayores victorias con la reautorización en 2005 de la Trafficking Victims Protection Act (TVPRA). La TVPRA destinó 50 millones de dólares para que las agencias de aplicación de la ley “desarrollaran y ejecutaran programas destinados a reducir la demanda masculina y a investigar y perseguir a los compradores de actos sexuales comerciales”. Aunque aparentemente destinada a apoyar a las víctimas del trabajo forzado, la TVPRA proporciona dinero para las medidas destinadas a desanimar a los hombres de contratar trabajadoras sexuales, incluyendo actividades legales y paralegales tales como el escorting, la pornografía, el stripping y el sexo telefónico, así como a investigar a las personas que intentan contratar. Aunque casi todas las leyes relativas a la prostitución en Estados Unidos están hechas a nivel estatal o municipal, redefinir la prostitución como trata proporciona un argumento para la acción federal contra el comercio sexual.
Mientras tanto, los legisladores de varios estados han respondido a las demandas de las activistas feministas reforzando las penas por faltas relacionadas con la prostitución y priorizando la aplicación de esas leyes. “Piénsalo”, dice Jordan. “Si eres un político a nivel estatal o nacional, y alguien viene y te dice: ‘están esos horribles hombres que están agarrando a esas inocentes pequeñas vírgenes, y todo lo que tú necesitas hacer es poner dinero para la aplicación de la ley’, no podrás negarte”, Intensificar la aplicación de la ley contra el vicio permite a los legisladores evitar los pasos mucho más complicados que se necesitan para apoyar a las personas que han sido víctimas de trata o abordar con inteligencia las políticas de inmigración y trabajo que llevan a las personas a inmigrar ilegalmente o aceptar dudosas ofertas de trabajo cuando hay pocas opciones legales disponibles. Hacer frente a problemas como estos, dice Jordan, “no te permite ir por ahí diciendo que estás ‘salvando esclavas sexuales’”. El enfoque prohibicionista significa que “no tienes que tratar en realidad con las personas que están en los márgenes de la sociedad”.
¿Qué ocurre cuando las personas implicadas en el comercio sexual —las personas para cuya protección se supone que han sido hechas esas leyes— las rechazan? Las activistas antitrata a menudo responden negando su existencia. En la protesta contra Backpage de junio, vi al equipo de Norma Ramos distribuyendo volantes a los transeúntes advirtiéndoles contra el mismo término de trabajo sexual, una frase que “enmascara completamente la violencia física, psicológica y sexual que se inflige a las personas prostituídas”, aunque tenían que reconocer que “es un término que las propias mujeres en prostitución usan y prefieren”.
Si este debate semántico parece un poco demasiado misterioso para ser tratado en pancartas y volantes, su propósito se reveló cinco metros más allá en la acera, donde miembros del Sex Workers Outreach Project New York (SWOP-NYC), un grupo de voluntarios de base dedicado a mejorar las vidas de las trabajadoras sexuales, hacían una silenciosa contraprotesta. Lxs miembrxs de SWOP —entre lxs que están trabajadoras sexuales retiradas y otras en activo— saludaban a los neoyorkinos a su paso por Greenwich Village con sonrisas y volantes, invitándoles a prestar su apoyo a las personas que tenían una auténtica experiencia en la industria del sexo. Ese día la policía ordenó repetidamente a lxs miembrxs de  SWOP que no se acercaran a menos de media manzana de la gente de Ramos. No dieron la misma orden a Ramos.
Feministas, polizontes y conservadores
Un artículo en el número de agosto de Marie Claire sigue a Andrea Powell, directora ejecutiva de Free Aware Inspired Restored (FAIR) Girls, mientra merodea Backpage en busca de anuncios sexuales clasificados que sospecha que han sido puestos por o para menores: “Poniéndose un auricular y buscando en su iPhone con estuche de Kate Spade rosa y negro para llamar a una oficial de policía local, Powell dice con urgencia, “tenemos que informarla ahora”. Pero cuando los polis montaron un operativo contra la anunciante, continúa la narración, “dijo que era una mujer adulta —y no quiso ayuda ni de la policía ni de nadie”.
Algunas activistas ven el llamar a los polis para “rescatar” a personas del comercio sexual como el modelo de una intervención fructífera a favor de los derechos humanos. No cuentan sus victorias por el número de personas a las que ayudan; las cuentan por el número de las que son detenidas.
Estas tácticas son parte de un incremento de lo que Elizabeth Bernstein llama el “feminismo carcelario”; la profesora de derecho de Harvard Janet Halley lo llama “feminismo gubernamental”, Las feministas hicieron en otro tiempo una potente crítica del sistema de justicia penal, pero sus argumentos se han desvanecido según han ido consiguiendo poder dentro de dicho sistema. No sorprendentemente, han encontrado aliados conservadores por el camino.
Al redefinir el trabajo sexual como un asunto de hombres malos que les hacen cosas malas a jóvenes mujeres esclavizadas, las activistas antiprostitución se han remodelado a sí mismas como liberadoras, en lugar de regañonas, al tiempo que han hecho su mensaje más atractivo a los conservadores sociales que a veces han desconfiado de ellas. La conservadora Heritage Foundation ha hecho suya la causa de “combatir la trata sexual”, aunque más que nada como un modo de atacar a la administración Obama y a las Naciones Unidas por no adoptar una política aún más punitiva. La Protect Innocence Initiative, una coalición de la organización antiprostitución Shared Hope International y el American Center for Law & Justice (la réplica de la derecha a la ACLU), hizo una presentación en la Cumbre de Votantes de Valores en Washington en septiembre pasado promocionando las 40 leyes que ha logrado con su persuasión que aprueben los legisladores de los estados desde diciembre de 2011. El título: “¿Podéis proteger a vuestros niños de la industria del sexo comercial?” La directora de Shared Hope International, la ex-congresista Linda Smith (representante por Washington), explicaba a la audiencia de Votantes de Valores que ellos deberían “poner este asunto en su justo sitio” al lado de la causa antiabortista.
Donna M. Hughes, una profesora de estudios de la mujer de la Universidad de Rhode Island que alabó a George W. Bush por “poner la lucha contra el comercio sexual global a la par con la campaña por la democracia en Irak y la guerra contra el terrorismo”, es otra voz amistosa con los conservadores en el coro anti-trabajo sexual. Hughes batió su propio curioso tambor “derechos de las mujeres” en apoyo de las guerras de Irak y Afganistán en un op-ed del Washington Post en 2004, escrito en colaboración con la feminista de segunda ola Phyllis Chesler, en el que el dúo criticaba a las feministas por no ver que los conservadores “podrían ser en algunos temas mejores aliados que lo que había sido la izquierda liberal”.
Las trabajadoras sexuales se llevan la peor parte de la preferencia de esta coalición por usar la aplicación de la ley para proteger los derechos de las mujeres. El aumento de las penas por “trata sexual”, apoyado por grupos tales como la National Organization for Women New York (NOW-NYC) y la Chicago Alliance Against Sexual Exploitation (CAASE) han conducido a amplios operativos policiales, tales como una redada en enero de 2012 en Nueva York, que atrapó según el informe a “200 puteros” y confiscó muchos de sus vehículos antes de que se les leyeran los cargos. Pero pedir a los polizontes que protejan a las mujeres “yendo a por los puteros” no libra a las trabajadoras sexuales de ser detenidas. Un examen en 2012 de los delitos relacionados con la prostitución en Chicago dirigido por el Chicago Reporter reveló que de 1.266 condenas durante los últimos cuatro años, 97 por ciento de los cargos fueron hechos contra trabajadoras sexuales, con un incremento del 68 por ciento entre 2008 y 2011. Es decir, durante los mismos años en los que CAASE hizo lobby por la Illinois Safe Children Act, ley destinada a terminar con las detenciones de quienes describe como “personas prostituídas” y perseguir en su lugar a “tratantes” y compradores mediante escuchas telefónicas y trampas. Desde la aprobación de esta ley en 2010, sólo tres compradores han sido acusados de delito. Estas artimañas apoyadas por las feministas y copadoras de titulares periodísticos someten a jóvenes mujeres a la humillación de la cárcel, de los procedimientos legales, y del rastro que queda en diversas bases de datos policiales, a veces por el resto de sus vidas.
“Es fascinante que mujeres que dicen ser feministas” tengan tantas ganas de usar la ley de esta manera, dice Ann Jordan. Apoyar la aplicación de leyes antiprostitución requiere de ellas recurrir a la fuerza de “todas esas instituciones que siempre han oprimido a las mujeres”, hace notar, “pero están deseosas de usar la ley para reprimir una determinada conducta de las mujeres”.
Como abogada titular en el Sex Workers Project en el Urban Justice Center, Melissa Broudo trata con las consecuencias de redadas como la de Nueva York el pasado invierno. Broudo es una de los pocos abogados que trabajan para revocar las sentencias de personas que han sido víctimas de trata y que han resultado convictas de cargos de prostitución. “La parte más difícil que tenemos que tratar”, dice Broudo, “es intentar representar a individuos que no se ajustan al modelo. No son una niña de 12 años, o cualquier otro estereotipo. Los hombres pueden ser víctimas de trata. Las mujeres y los hombres trans pueden ser víctimas de trata, y de hecho lo son. Mujeres mayores pueden ser víctimas. Yo tengo clientes que pertenecen a todo tipo de categorías diferentes, pero que no se adaptan a la descripción convencional de una víctima de trata”.
Las descripciones exageradamente simplificadas de lo que es la trata pueden tener consecuencias devastadoras para aquellxs que son víctimas de ella. “Cuando estoy revocando previas declaraciones de culpabilidad de supervivientes”, dice Broudo. “veo una traba legal si se trata de alguien que en su momento no era una mujer no transexual menor de edad. Y no debería ser así.”. Broudo concede que “es necesario que la gente comprenda que existe la trata”. Pero añade que “saberlo no es suficiente, y las campañas de concienciación pueden tener consecuencias negativas. Cuando alguien como [el columnista del New York Times] Nicholas Kristof escribe un artículo acerca de que hay que cerrar Backpage o aplaudiendo las operaciones policiales, crea una imagen que sugiere que la respuesta es penalización y castigo, y entonces la gente piensa que lo que se necesita es detener a más gente, y esto es increíblemente contraproducente. Y desafortunadamente, cuando hay más dinero y una orden de detenciones, la consecuencia es a menudo que son detenidas trabajadoras sexuales independientemente de que hayan sido o no forzadas a hacer trabajo sexual”.
Las activistas trabajadoras sexuales hace tiempo que han expresado esta preocupación, no para proteger a la industria del sexo (como dicen las activistas antiprostitución) sino para protegerse a sí mismas de la violencia de la detención y de la violencia que resulta del estigma social y la discriminación generalizados. Lxs defensorxs de los derechos de las trabajadoras sexuales quieren terminar con estas detenciones, mientras que las feministas, que deberían ser sus aliadas naturales, presionan para que haya más.
“Saco de huesos en Gilgo Beach”
Entre 2010 y 2011, los restos de 10 personas, muchas de ellas identificadas como trabajadoras sexuales, fueron hallados en Gilgo Beach de Long Island. Las trabajadoras sexuales de Nueva York, incluyendo miembros del SWOP, respondieron contactando con las familias de las víctimas, acudiendo a vigilias y dándose apoyo mutuo. Redes como ésta son fuertes entre las trabajadoras sexuales, que no pueden confiar en polizontes, tribunales u otras instituciones a las que la mayor parte de las personas pueden acudir en tiempos de crisis.
La respuesta de NOW-NYC a estos asesinatos, todavía sin aclarar, vino en la forma de una carta de su presidenta, Sonia Ossorio, al New York Daily News. En el contexto de la campaña de NOW para aumentar los controles y las redadas contra el trabajo sexual, Ossorio se quejaba de que el periódico estuviera actuando incorrectamente por publicar una columna en la que se ponía en cuestión que fuera de beneficio público mantener la ilegalidad de la prostitución. Terminaba su carta invocando a las mujeres asesinadas que “terminaron como sacos de huesos en Gilgo Beach”. Para Ossorio, las muertes de estas mujeres eran una justificación de la prohibición, en lugar de una llamada de atención sobre los peligros que la prohibición crea.
No es el trabajo sexual lo que expone a las trabajadoras sexuales a la violencia; es nuestra disposición a abandonar a las trabajadoras sexuales a la violencia en un intento de controlar su conducta. La prohibición hace a la prostitución más peligrosa, empujándola a la clandestinidad y despojando a las trabajadoras sexuales de protección legal. La lucha en torno a esta política se trata de algo más que sólo tensiones entre distintas generaciones del feminismo. Se trata de un infame matrimonio del feminismo con el poder del conservadurismo y de la policía, ese poder en contra del que dicen estar muchas feministas.
Lxs defensorxs de las trabajadoras sexuales están haciendo algún progreso en la petición de cuentas por esta alianza. En 2011, por primera vez, activistas trabajadoras sexuales participaron en la Revisión Periódica Universal de los Derechos Humanos organizada por las Naciones Unidas, una revisión de los expedientes de derechos humanos de todos los estados miembros que se lleva a cabo cada cuatro años. También fue el primer año en que el expediente del gobierno de los EE.UU. en materia de derechos humanos fue objeto de revisión en las Naciones Unidas
La activista Darby Hickey, una mujer transexual que ha estado implicada en el comercio sexual y que actualmente es analista en el Best Practices Policy Project, que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales, participó en la evaluación de las Naciones Unidas. Sus hallazgos reforzaron lo que las trabajadoras sexuales han estado informando desde hace décadas. Las trabajadoras sexuales de EE. UU. son vulnerables a la discriminación y la violencia no simplemente a causa de su trabajo, sino debido a las formas como las instituciones las excluyen y las dañan. Los Estados Unidos firmaron las recomendaciones de la Revisión Periódica Universal que dicen que “nadie debería sufrir violencia o discriminación en el acceso a los servicios públicos por causa de su orientación sexual o su condición de persona que practica prostitución”.
“Ahora veremos qué hacen con eso”, dice Hickey, “y que pasos dan para solucionar la violencia que deriva de la aplicación de la ley y la violencia sistémica”. “Cuando se trata de la criminalización y el sistema carcelario”, dice Hickey, “existe el reconocimiento general de que estamos yendo en la dirección equivocada, pero por lo que concierne a la prostitución, estamos yendo en dirección contraria, con la gente diciendo “detened a más gente, aumentad las penas”. “Exactamente igual que la guerra contra las drogas es en muchos sentidos una guerra contra la gente de color”, dice Hickey, “la guerra contra la prostitución es una guerra contra las trabajadoras sexuales”.
Si vamos a llamar a los ataques contra los derechos reproductivos y sexuales una “guerra contra las mujeres”, hablemos entonces de una guerra contra las mujeres que tiene prisioneras de verdad y recuentos de cuerpos. Es una guerra contra las mujeres implicadas en el trabajo sexual, dirigida por mujeres que no vacilarán en usar los cadáveres de sus oponentes como argumentos políticos pero que rehusan escucharlas mientras aún están vivas y aún aquí para luchar.

 http://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/02/07/la-guerra-contra-las-trabajadoras-sexuales/

DE LA HETAERA A LA RAMERA: EL VIAJE ALEGÓRICO DE LA PROSTITUTA HACIA LA MODERNIDAD LATINOAMERICANA. Bibligrafía


El presente trabajo investiga cómo el personaje de la prostituta, más allá de

constituir una de las más cristalizadas alegorías en el imaginario de la modernidad, se

sostiene a lo largo de la historia de la literatura occidental como una recurrente

alegoría que se revitaliza en momentos de transformaciones estructurales en la

historia. Si bien la notoria polivalencia y flexibilidad del signo-prostituta la

configuran en uno de los tropos de mayor amplitud de significación en su relación con

la vida moderna, cabe preguntarse de dónde surge esa capacidad semántica de la

protagonista del “oficio más antiguo del mundo”, y cómo se proyecta en la

modernidad de otros horizontes como el latinoamericano
 

lunes, 4 de febrero de 2013

La prostitución como punto de ruptura. Artículo de Andrea Peniche


Para el análisis que pretendemos hacer, es fundamental primero delimitar el concepto de prostitución que manejamos. Prostitución aquí, se entiende como el intercambio de servicios sexuales por dinero, llevados a cabo por mujeres que libremente eligieron esa profesión. Por tanto, en esta discusión, no tiene cabida la trata de personas, ni la prostitución forzada, ni la prostitución de niños y jóvenes. Esas prácticas son criminales y deben ser tratadas como tales.
Dentro del amplio campo del trabajo sexual, me detendré, solamente, en la prostitución heterosexual femenina, abogando por su legalización y reconocimiento como trabajo sexual.
Me impresiona el discurso abolicionista por reconocer en él una alianza extraña y peligrosa entre el conservadurismo puritano y misógino con algún tipo de feminismo e incluso, con alguna izquierda, pero no suscribo tampoco los discursos que celebran la prostitución. Para mi, la cuestión no es tanto si estos comportamientos son o no son políticamente correctos sino si de partida, y según parece, forman parte de las manifestaciones sexuales de algunas mujeres (o constituyen una forma de garantizar los ingresos necesarios para su supervivencia) y por tanto no tenemos derecho a condenarlos. Después de todo ¿por qué habríamos de hacerlo?... ¿porque no nos gustan?, ¿porque no nos convencen?, ¿porque va en contra de nuestras concepciones?... (1). Creo que el reconocimiento del trabajo sexual nos obliga, en primer lugar, a reconocer a las prostitutas como seres humanos con derechos, al mismo tiempo que nos "des-instalamos" del "confort" de la "moral burguesa", con la que, a pesar de todo, nos habituamos a convivir.
¿Podemos hablar las sometidas? (2)
La relación entre el feminismo y las prostitutas, en general, ha sido una no-relación o, en algunos casos, una relación tensa. El debate sobre la prostitución es heredero de los grandes debates acaecidos en los años 80 que enfrentaron a las feministas anti-pornografía con las feministas pro-sexo. El debate sobre la prostitución es, a mi entender y dicho de una forma simplificada, una prolongación de aquella discusión. Por un lado, tenemos a las feministas abolicionistas que ven a las mujeres prostitutas como víctimas del patriarcado, incluso ensayando una nueva normativa en relación con dicha expresión (3).
La consideración del feminismo conservador de que la prostitución constituye una manifestación del poder patriarcal y, por consiguiente, una forma de violencia de genero, coloca a las prostitutas en dos lugares distintos pero ambos despreciables. Por un lado las prostitutas son vistas como traidoras a la causa feminista, dado que destruyen todo el edificio teórico que sacraliza la sexualidad y la encierra en el espacio privado de la intimidad; mientras que, por otro lado, son percibidas como víctimas económicas y culturales, como mujeres que ejercen esta actividad solo porque no tienen otro remedio. Esta visión, a la vez condenatoria y salvadora, encierra a las prostitutas en el espacio de lo infra-humano y de la infantilización cognitiva: son contempladas, o bien como "viciosas", ejemplos de la degeneración de la relación sexual púdica, o bien como mujeres incapaces de tomar decisiones, dentro de las lamentables condiciones de su vida y de tomar el camino hacia una supuesta sexualidad feminista. Pero, yo me pregunto: ¿no es la sexualidad un campo de expresión personal que no debe de ser constreñido?; ¿no propone el feminismo una sexualidad liberada de las constricciones de la moral patriarcal?... ¿qué sentido tiene, entonces, sustituirla por otra normativa?; ¿qué lugar queda para la autonomía y para la libertad de las mujeres cuando se prescribe una sexualidad como la "adecuada"?. Por otro lado, tenemos a las feministas pro-sexo que defienden la búsqueda del placer y del disfrute sexual por la mujer, reconocen la existencia de grandes diferencias entre las mujeres a la hora de expresar su sexualidad y la necesidad de permitir -sin coerciones- las búsquedas personales. Todo esto redunda en una especie de proteccionismo benevolente: las prostitutas son víctimas de una situación económica que las obliga a "la mala vida" y, por consiguiente, la respuesta social debe ser capaz de prevenir su entrada en esa actividad, por un lado y redimir y rehabilitar a aquellas que ya estuvieran en ese mundo, por otro. En este imaginario conservador y "salvador", la decisión de continuar siendo prostituta es ilegítima; las "buenas" prostitutas deben antes confesar su arrepentimiento y pedir ayuda para "dejar la mala vida".
Curiosamente, el debate sobre la prostitución se realiza sin las prostitutas. Kate Millet decía que para discutir sobre la prostitución la única figura relevante era la de las propias prostitutas y que, sin su participación, el debate se convierte en una especie de escolástica.
Comprender como se ven ellas, cuales son las representaciones que hacen de sí mismas y del trabajo que ejercen, es un paso fundamental para abandonar el discurso heterónomo sobre la prostitución. Cuando las prostitutas se asumen a sí mismas y son reconocidas como sujeto de su propio discurso, lo que dicen desectructura las concepciones y los perjuicios que se crean sobre ellas y sobre su trabajo.
Escucharlas permite darse cuenta de que la gran mayoría percibe su actividad como un trabajo. No tienen baja auto-estima, no se ven como víctimas y tampoco sienten que su trabajo sea indigno (4). Si se sienten víctimas, no es por la actividad que ejercen sino por el estigma que las coloca en un lugar social de sometimiento, siendo este estigma, precisamente, el que da lugar a sentimientos ambivalentes hacia su trabajo.
Consideramos a la prostitución como un trabajo, una actividad que se puede ejercer de muchas y diferentes maneras. Pensamos que es muy importante distinguir entre aquellas que lo hacen obligadas por terceros de quienes lo hacen por una decisión individual. Aunque, obviamente, esa decisión esté condicionada por las circunstancias personales, como lo está todo lo que hacemos cualquiera en la vida. Para nosotros, la existencia de la prostitución tiene que ver, no solo con la situación de desigualdad de las mujeres respecto de los hombres, sino también con la pobreza, con las desigualdades Norte-Sur, con la sociedad mercantil, etc. Concebimos a las prostitutas dueñas de toda su dignidad y su capacidad para decidir sobre sí mismas y sobre sus condiciones de vida. Son, en definitiva, trabajadoras a las que se deberían reconocer los mismos derechos que tienen el resto de las trabajadoras. (5)
La ceguera epistemológica establece una dicotomía que coloca a las prostitutas en "otro" lugar, el de la transgresión de la norma, al mismo tiempo que afirma un "Nos" amputado, un "Nos" que no reconoce a las prostitutas como parte de la categoría mujeres, ni tampoco admite que haya prostitutas feministas. Un "Nos" portador de una sexualidad autorizada y que califica la transgresión de esa norma como "pecado patriarcal".
Las trabajadoras sexuales feministas no se sienten avergonzadas de su trabajo. De hecho, se sienten muy orgullosas de no sentir vergüenza y de haber superado tabúes y perjuicios sexuales. No consideran que nadie deba decidir por ellas y sobre si su trabajo es opresivo, perjudicial o humillante. (6)
Para mí, la prostitución nunca ha sido degradante porque siempre he creído que el sexo es algo positivo, ya sea hecho con amor o como un servicio. Cuando es algo que se hace consensuado es positivo. (7)
Así pues, el feminismo debe preguntarse sobre la forma en la que se reproduce la opresión; debe percibir la necesidad de integrar a las trabajadoras sexuales en el feminismo para que éste sea la suma de un proyecto emancipatorio donde tengan cabida todas las mujeres. En verdad, los derechos de las mujeres están inexorablemente ligados a los derechos de las trabajadoras sexuales, aunque solo sea porque el estigma de "puta" se usa para descalificar a cualquier mujer que manifiesta iniciativa sexual o económica.
A través del estigma se aísla a la prostituta y se crea una categoría, la de puta, que nos divide entre putas y no putas; asimismo, se aplica a aquellas que no entran en la categoría en sentido estricto, pero que pueden ser calificadas como tales por diversas razones: por el tipo de trabajo, por el color de su piel, por su clase social, por su sexualidad, por su orientación sexual, por una historia de abusos, por su estado matrimonial o, simplemente, por el estatuto de género. (8)
El reconocimiento del trabajo sexual como actividad profesional saca a las prostitutas del lugar "Otro" y las rescata para un "Nosotras" comprensivo y diverso. Disolver esta frontera permitirá la integración de las prostitutas en el movimiento feminista de la misma forma que obligará al feminismo a romper con la malla estrecha y conservadora de una moral que margina a las prostitutas del discurso y de la propuesta emancipatoria. De la disolución de  la frontera entre las mujeres "buenas" (Nosotras) y las "malas" mujeres (las Otras) debe emerger un nuevo sujeto social diverso y polifónico.
¿y si el género nos aprisionara?
Con frecuencia escuchamos caracterizar la prostitución como "el oficio más viejo del mundo". Esta caracterización sugiere un fijismo histórico que nada tiene que ver con la realidad.
Engels afirmaba que la familia no es una emanación divina sino un producto histórico que ha conocido diversas formas a lo largo de dos siglos. Lo que dice sobre la familia sería también valido para la prostitución.
A pesar de que la prostitución tiene forzosamente que tratar el aspecto de género, centrarse cuasi exclusivamente en él implica perder muchos elementos de una realidad contradictoria y de más complejidad. Por tanto, será necesario buscar en otros conocimientos y ampliar el horizonte de nuestra comprensión.
El papel y la representación social de las prostitutas ha variado a lo largo de las épocas: en la antigüedad era una actividad reconocida y sobre la que no pendía estigma de indignidad o victimización. Las Heteras tenia gran relevancia social y eran, incluso, las mujeres mejor instruidas en Grecia. Frecuentaban libremente el espacio público masculino, participaban en actividades reservadas a los hombres y eran formadas en escuelas donde aprendían literatura, filosofía y retórica. Aspasia, por ejemplo, fue una prostituta admirada por sus cualidades intelectuales.
La moral judeo-cristiana vino a imponer un control férreo sobre la sexualidad en general y sobre la prostitución en particular. Con la Reforma del siglo XVI, el puritanismo pasó a dictar normas sobre las costumbres y la moral. La acción conjunta de las Iglesias Católica y Protestante no acabó con la prostitución, pero la enterró bajo tierra condenándola a la clandestinidad. Fue con la llegada de la Revolución Industrial y el ascenso de la moral y de la familia burguesa, cuando la prostitución dibujó nuevos contornos.
Auguste Bebel, en 1879, afirmaba que a pesar de que la prostitución haya existido tanto en la Antigua Grecia y Roma como en el Feudalismo, es con el Capitalismo cuando se convierte en un fenómeno de masas . Incluso, presentaba datos para analizar la prostitución en términos de clase, explicando que la mayoría de las prostitutas lo eran debido a la pobreza y la necesidad, a pesar de existir una minoría que la practicaba por otras razones. "La prostitución se convierte en una institución social necesaria para la sociedad burguesa, como la policía, el ejercito, la iglesia y la clase capitalista". (9)
La división entre "mujer pública" y "mujer doméstica" es el resultado de la posición de sometimiento de las mujeres y una emanación de la familia burguesa que surgió del siglo XIX. El ideal burgués de familia implicaba esa dicotomía entre las mujeres: de un lado la esposa, mujer decente y virtuosa, sin sexualidad propia, sometida a un deber conyugal que no es recíproco, reina del hogar, de lo doméstico y de la maternidad legítima. Para los hombres, el complemento ideal de esta figura era la prostituta, su reverso: personificación del sexo –mujer viciosa- (…) y encarnación, si ese fuere el caso, de la maternidad ilegítima. En común, esas dos mujeres tienen el hecho de que ambas están al servicio del hombre. (10)
El matrimonio fue, durante mucho tiempo, contemplado como una relación económica de transmisión de propiedad y de tutela sobre las mujeres. Era un rito a través del cual estas pasaban de la tutela del padre a la del marido. La posición de las mujeres en este negocio era el de "socia minoritaria": sin poder, sin voz y sin voto. El matrimonio no era la consumación de una relación de amor sino la respuesta a la necesidad de garantizar la propiedad y salvaguardar su trasmisión, imponiendo para ello reglas de moral y de conducta diferenciadas: la monogamia femenina como forma de control sobre la legitimidad de los hijos-herederos y la tolerancia hacia la poligamia masculina. El matrimonio garantiza "(…) el sustento económico y la protección dados por el hombre a cambio del sometimiento en todos los aspectos y la asistencia sexual y doméstica gratuita dada por la mujer" (11), o sea, garantiza el monopolio sexual del hombre sobre su esposa, considerada de su propiedad, asimilando esta relación contractual al servilismo entre señor/amo y siervo, donde la sometida es totalmente destituida y privada de derechos morales, sociales, sexuales, políticos y legales.
El matrimonio-negocio revela como era entendida la sexualidad femenina: minima o inexistente, pura y marital. Las mujeres eran des-sexualizadas a favor del "hada del hogar" y de la procreadora. La prostitución es, por tanto, un territorio prohibido donde hay mujeres que practican y exploran su sexualidad; es el territorio de los placeres ilícitos: para ellas, que se transforman en seres sexuados, portadoras de deseo, y para ellos, que realizan sus inconfesables fantasías sexuales, sin poner en peligro su identidad social. La existencia de la prostitución representa, en ultima instancia, el reconocimiento cabal de la hipocresía y de la quiebra de la moral sexual burguesa.
Esta diversidad histórica y los discursos que surgirán, a través de la toma de palabra por parte de las prostitutas, muestran que la categoría de género, que ve en la prostitución una manifestación del dominio masculino sobre el cuerpo de las mujeres, es demasiado estrecha para comprender esta problemática en toda su complejidad. La opresión sexual no es la única interpretación posible de la prostitución. Las mujeres no solo tienen derecho a escoger libremente como usar de su cuerpo –sea interrumpiendo un embarazo no deseado, sea comercializando servicios sexuales- sino que también tienen derecho a reivindicar el placer o el sexo como una fuente de ingresos.
Desestabilizar la teoría
En el análisis de Engels, la prostitución es el resultado de la monogamia impuesta. Esta monogamia tiene una base económica y su finalidad es la transmisión de la propiedad y el mantenimiento del linaje. "La monogamia no aparece en la historia (…) como la reconciliación entre el hombre y la mujer y menos aún, como la forma más elevada de matrimonio. Al contrario, surge bajo la forma de esclavización de un sexo sobre otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos (…)". (12)
En la sociedad socialista está, para Engels, la respuesta del futuro: Allí las relaciones serán libres y emanarán del "amor sexual individual" (13), basado en la reciprocidad y en la igualdad de derechos. Este "amor sexual individual", que Engels generosamente anuncia como resultado de la liberación humana, no tiene, sin embargo, ningún respaldo histórico: no ha acontecido en los países de "socialismo real" ni en los países capitalistas que vivieron la segunda ola feminista. Así que, afirmar que el hombre nuevo y la mujer nueva que surgirán del socialismo, libres de los constreñimientos económicos impuestos por los matrimonios de raíz económica y liberados en todas sus expresiones sexuales, construirán una nueva sociedad donde la prostitución no tendrá cabida, y no porque sea reprimida sino porque no será necesaria, no deja de ser conmovedor y a la vez, pueril. Pero y sobretodo, no es bueno proyectar el problema hacia el futuro; debemos enfrentarlo ahora como es ahora y tener políticas concretas para personas concretas.
La imposición de la monogamia como relación autorizada explica, no solo la existencia y el papel social de la prostitución, como demuestra el que este precepto no sirve ni para los hombres ni para las mujeres: "Con la monogamia, aparecen dos figuras sociales constantes y características, hasta entonces desconocidas: el del inevitable amante de la mujer casada y el del marido cornudo. (…) El adulterio, prohibido y castigado rigurosamente, pero irreprimible, se convirtió en una institución social inevitable, junto con la monogamia y el heterismo" (14).
Esta constatación parece autorizar la conclusión de que las sociedades conviven bien con la hipocresía que envuelve las relaciones monógamas, ya sean de raíz económica o se asienten en el más profundo "amor sexual individual". Pero entonces, el problema de la prostitución no reside en que sean relaciones sexuales adúlteras, sino más bien en el hecho de que el sexo sea percibido como mercancía e intercambiado por dinero.
Del mismo modo que la mayoría de las transacciones en el capitalismo, la prostitución se basa en la compra-venta de mercancías o servicios. El sexo es pues convertido en una mercancía, en un bien de las mujeres. Como pregunta la prostituta Margot St. James, "¿Que parte del cuerpo es la que vende usted para pagar sus cuentas? ¿sus dedos de mecanógrafa? ¿Su voz de telefonista?¿El cerebro con el que piensa?... "(16).
Como muchos servicios e industrias productivas capitalistas, la prostitución adopta formas muy diversas, teniendo las prostitutas relaciones diferentes con los medios de producción y con los compradores de servicios sexuales. Muchas ven en la prostitución placer, la vivencia y la manifestación de su sexualidad; muchas otras la contemplan como una fuente de ingresos más. Si unas se realizan profesionalmente, las otras preferirían ejercer alguna otra actividad. Algunas son trabajadoras por cuenta propia y otras asalariadas. Una expresión muy común dice que "las prostitutas venden sus cuerpos". Sin embargo, como ellas explican, lo que venden son servicios sexuales, dado que, al final de la transacción su cuerpo no es propiedad del cliente. Como explicó el propio Marx, "el propietario de la fuerza de trabajo debe venderla sólo por un periodo definido, puesto que si tratase de venderla (…) de una vez por todas, estaría vendiéndose él y se convertiría al hombre libre en esclavo, de propietario de una mercancía pasaría a ser, el mismo, mercancía" (15). Una mercancía es, por lo tanto, el sexo o el servicio sexual y es el cliente quien paga un porcentaje a la trabajadora a través o no de la intermediación de un patrón. La mayor parte de ellas, trabajan de forma independiente, es decir: venden los servicios sexuales directamente. En su mayoría, son trabajadoras precarias y sin ninguna protección social. Sobre todas recae el estigma de la indignidad que las coloca al lado de la transgresión moral y se las desprecia como mujeres, fragilizando, en consecuencia, su posición, en la relación que establecen con los clientes. Sí, a veces, algunos clientes oprimen a las prostitutas, tratándolas de forma degradante y violenta, el Estado, al negarles la dignificación a través del reconocimiento de su trabajo y la protección laboral consecuente, lo hace sistemáticamente (17). El reconocimiento del trabajo sexual es, en ese sentido, la respuesta más justa para la vida concreta de estas mujeres. Sin embargo, ¿puede ser considerado el trabajo sexual igual que los otros trabajos?. Evidentemente que no, puesto que ningún otro trabajo es estigmatizado como la prostitución.
Una de las cuestiones que algunos sectores del feminismo y de la izquierda plantean es que, reconociendo derechos laborales a las prostitutas se está, implícitamente, reconociendo su actividad como legítima, cuando lo que se pretende es cuestionar el sistema patriarcal. Lejos de eso, lo que se pretende legitimar es a las mujeres, hasta ahora deslegitimadas por el trabajo que ejercen, y no al patriarcado.
La prostitución se confronta también con la organización social que prescribe comportamientos y protagonistas diferenciados para las esferas pública y privada (señalada como fuente de opresiones variadas (18)). La sexualidad femenina es, sin duda, una asunto de la esfera privada, del trabajo reproductivo. Ahora bien, si observamos la prostitución desde el punto de vista de las prostitutas y no desde el de sus clientes, percibimos que ellas atraviesan esa frontera: el sexo sale del espacio privado de la intimidad e invade el espacio público y el mercado. Juzgar ésta actividad como indigna sólo se entiende por la aplicación de una moralidad que se autoproclama como superior. Este escrutinio sobre la indignidad o dignidad de una profesión solo sucede con la prostitución. El hecho de ser mayoritariamente ejercida por mujeres y representar una vivencia y una experiencia sexual que escapan a los cánones de lo moralmente lícito, no parece que sea, desde luego, insignificante.
Aunque la creciente sexualización de la vida y de la cultura pudieran conllevar una mayor libertad en las costumbres de las sociedades actuales, sin embargo y paradójicamente, los discursos y los posicionamientos sobre la prostitución parecen anunciar precisamente lo contrario.
Luchar contra el estigma que la sociedad impone a las trabajadoras sexuales, reconociendo y legalizando su actividad es, en último análisis, desestabilizar la teoría y la idea de que existen "buenas" y "malas" mujeres en consonancia de cómo manifiesten su autonomía, sea sexual o profesionalmente. Es hora de dejar de "tirarle piedras a Geni"* porque ella no solo no está "hecha para aguantar"  sino tampoco es solo "buena para escupirla" (19).
*(N.d.T: frase sacada del estribillo de la canción de Chico Buarque: "Geni e o zepelim":
"…
joga pedra na Geni
joga pedra na Geni
ela é feita para apanhar
ela é boa de cuspir
ela dá para qualquer um
maldita Geni
…")


NOTAS:
1 - OSBORNE, Rachel (1989). Las Mujeres en la Encrucijada de la sexualidad. Barcelona: Lasal, Edicions de les Dones.
2 - Cf. SPIVAK, Gayatri (1988). "Can the subaltern speak". En NELSON, Cary e GROSSBERG, Lawrence (eds.), Marxism and the Interpretation of Culture. Londres: Macmillan.
3 - OSBORNE, Rachel (1989). Las Mujeres en la Encrucijada de la sexualidad. Barcelona: Lasal, Edicions de les Dones.
4 - OLIVEIRA, Alexandra (2011). Andar na Vida. Prostituição de Rua e Reação Social. Coimbra: Livraria Almedina.
5 - Hetaira - Colectivo en Defensa de los Derechos de las Trabajadoras del sexo. Disponible en: http://www.colectivohetaira.org/web/
6 - NICOLÁS, Gemma (2005). Planteamientos feministas entorno al Trabajo sexuales.
7 - ALMODOVAR, Norma Jean (1993). Cop to Call Girl: Why I Left the LAPD to Make an Honest Living as a Beverly Hills Prostitute. Nova Iorque: Simon & Schuster.
8 - OSBORNE, Raquel (2000). "En primera persona: las prostitutas, el nuevo sujeto de la prostitución". In Unidad y diversidad. Un debate sobre la identidad de género. Materiales para reflexión. Secretaría de la Mujer de la Federación de Enseñanza de CCOO..
9 - BEBEL, August [2009 (1a ed.: 1879)]. Woman under Socialism. Disponível em: http://www.gutenberg.org/files/30646/30646-h/30646-h.ht
10 - OSBORNE, Raquel (2000). "En primera persona: las prostitutas, el nuevo sujeto de la prostitución". In Unidad y diversidad. Un debate sobre la identidad de género. Materiales para reflexión. Secretaría de la Mujer de la Federación de Enseñanza de CCOO.
11 - PATEMAN, Carole, (1993). O Contrato Sexual. Rio de Janeiro: Paz e Terra.
12 - Engels, Friedrich [1985 (1 ª ed: 1884.)]. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Río de Janeiro: La civilización brasileña. 13 - Ibid.
14 - Ibid.
15 - Marx, Karl (1887). El Capital, vol. 1, p. 88. Disponible en: http://libcom.org/files/Capital-Volume-I.pdf
16 - ST. JAMES, Margot (1989). In PHETERSON, Gail (ed.), Vindication of the Rights of the Whores. Seattle: Seal Press.
17 - MACHADO, Helena (2007). Moralizar para Identificar. Cenários da Investigação Judicial da Paternidade. Porto: Edições Afrontamento. En este libro, la autora concluye que la investigación judicial de la paternidad "es una interrelación compleja, híbrida y difusa entre el sistema de patriarcado, el poder judicial y científica" (p. 223). Las demandas son la expresión de un derecho absolutamente masculinizado y reafirma las desigualdades de género para operar por descalificación / o supresión de la dominación femenina, sobre todo cuando se trata de mujeres cuyas conductas sexual y reproductiva, no obedecen al marco jurídico y social ideal de la mujer (que debería ser fiel, casta y limitar su actividad al espacio privado).
18 - Cf. FRASER, Nancy (1992). "Rethinking the public sphere: a contribution to the critique of actually existing democracy", In CALHOUN, Craig (ed.), Habermas and the Public Sphere, Londres: MIT Press.
19 - Buarque, Chico (1979). "Geni  e o Zepelim". En Opera do Malandro.

Andrea Peniche es miembro del comité de redacción de la revista portuguesa Virus, editada por el Bloco de Esquerda.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lola Rivera