domingo, 10 de marzo de 2013

Orgullo puta. Entrevista a una prostituta

 Otro testimonio de una prostituta. Liad es israelí. Son estos testimonios los que se han de tener en cuenta para coneocer las diferentes realidades de la prostitución. Como se puede ver en todas las entrevistas que he ido divulgando, diferentes mujeres de diferentes nacionalidades con diferentes experiencias vitales hemos llegado a la misma conclusión Ya es hora que se nos escuche a nosotras, sabemos d eque hablamos y el por qué no somos ningunas pobrecitas sin cpacidad de decisiónes, asumimos nuetra responsabilidad de los riesgos que corremos y eso nos empodera.
Montse Neira

Orgullo puta

Hablando con una estudiante y trabajadora del sexo

Liad llegó a Barcelona invitada a unas jornadas sobre el conflicto israleo-palestino. De Barcelona viajó a Madrid y, una vez aquí, combinó  dos búsquedas: de trabajo en peep shows y de contactos con grupos de mujeres que ella calificaría «pro-prostitución. Con la ayuda de compañeros y compañeras de CGT, al fresco de la Eskalera Karakola en un caluroso día de agosto, aprovechamos su estancia en Madrid para hacerla una larga entrevista.

P- ¿Dónde vives y qué haces como medio de sustento?

R- Vivo en Israel y Palestina, en el lado israelí. Actualmente soy
estudiante y escribo una columna para un periódico: ésa es mi principal fuente de ingresos. Tengo intenciones de trabajar en casas de citas como telefonista, no como prostituta. Anteriormente, he trabajado haciendo SM como ama y ofreciendo otros servicios sexuales pero sin mucho contacto
directo, más bien basados en fantasías. También he trabajado de encueratriz [profesional del strip tease], en peep shows detrás de un cristal, en espectáculos privados sin vitrina, pero igualmente basados en fantasías. En alguna ocasión, he trabajado ofreciendo servicios sexuales con algo de contacto físico, pero no total.


P- ¿Podrías hablarnos de la columna que escribes en el periódico?

R- Sí, es una columna personal, por lo tanto escribo sobre mí misma y mis experiencias, principalmente mi experiencia en la industria del sexo. Sobre todo procuro enlazar cuestiones del feminismo con el trabajo sexual y con cómo las mujeres pueden adquirir más poder a través del trabajo sexual. También intento destacar muchos asuntos éticos y sociales relacionados con el trabajo sexual. Me parece importantes mencionar que no es muy común dar voz a las trabajadoras sexuales y creo que ésa fue la intención inicial de esta columna. No es lo mismo que se escriba sobre el trabajo sexual a que las propias trabajadoras tengan voz y puedan hablar por sí mismas.

P- ¿Podrías hablarnos de la situación legal en lo que atañe al trabajo sexual en Israel?

R- Sí, gran parte de la industria del sexo se mueve alrededor de la prostitución. Otros servicios, como los espectáculos de strip tease son menos comunes. También hay servicios de SM, como ya dije, y se producen películas porno, pero, en realidad, el componente principal de la industria es la prostitución. La prostitución no es ilegal en Israel pero no se la reconoce como un medio de ingresos, con lo cual, tiene un estatus a-legal. Lo único que sí que es ilegal son los proxenetas, alquilar un piso con propósitos de prostitución y poner anuncios publicitarios de servicios sexuales. En Israel se ejerce la prostitución principalmente en casas de citas y no en las calles. A veces también existen los llamados «pisos privados, y hay mujeres que trabajan por cuenta propia, pero, en realidad, la mafia controla gran parte de la industria, especialmente en Telaviv y Haifa. Israel tiene un alto índice de mano de obra migrante, gran parte de la cual ha llegado a través de redes de tráfico de personas. Con relación
al mundo, Israel es el primer o segundo país con índices más altos de prostitutas migrantes que han llegado a través de redes de tráfico.Entonces, claro, por un lado, no se considera la prostitución como una forma de trabajo, y además muchas de las mujeres ni siquiera tienen estatus de trabajadoras, muchas de las que son migrantes, no cuentan con papeles de residencia y las que han llegado a través de redes detráfico, además están atadas a un club en concreto: todos estos factores se suman para hacer a las trabajadoras sexuales extremadamente vulnerables, y esto favorece que los traficantes y los dueños de casas de citas pueden aprovecharse de ellas.Hay una diferencia entre los traficantes y los dueños de clubes. A las mujeres que llegan a través de redes de tráfico ilegales, los traficantes las dejan en manos de dueños de casas de citas a cambio de altas sumas de dinero. Con esta «compra se crea una deuda «usurera para las mujeres: es decir, que tienen que pagar con su trabajo el precio de su manutención y todos los costes del viaje a Israel: los de sus documentos, los billetes de avión∑ en fin, todo el coste del proceso de contrabando. Además de la obligación de pago de una deuda de sumas desorbitantes, al no tener papales ni contactos, quedan totalmente en manos de las redes de tráfico y de los dueños de clubes. Los traficantes y dueños de clubs a menudo se aprovechan de esta situación de vulnerabilidad y abusan de ellas.
Hay una gran diferencia entre las mujeres migrantes en general y las que llegan a través de redes de tráfico. Hay mujeres que han elegido ir a Israel utilizando redes ilegales de migración, lo que significa pagar a una persona o a varias por los gastos de un viaje que es ilegal. Pero esto es distinto que llegar a través de redes de tráfico y quedar sujeta a un único club en el que estás obligada a trabajar y hacer todo lo que digan para pagar la deuda «usurera. Por supuesto que la mayoría de
las mujeres prefieren venir por cuenta propia para no estar sujetas a este tipo de deudas «usureras y así tener más flexibilidad a la hora de buscar trabajo de manera autónoma. Pero no todas pueden, porque para venir por cuenta propia hay que tener más medios. También existen muchas
mujeres israelíes que trabajan en la prostitución. Muchas de ellas han nacido en Israel pero provienen de Europa del Este, y evidentemente hay una gran diferencia entre las condiciones de trabajo de éstas y las de las mujeres migrantes. Si tienes la ciudadanía, puedes negociar para mejorar tus condiciones de trabajo, puedes obtener el 50 por ciento de tu trabajo, no se lo debes a nadie y en general, los dueños de casas de citas te tratan mejor. Además, como la prostitución es común en muchos sitios, si no te gustan las condiciones de un lugar, puedes irte a otro.
También existe la prostitución de calle, pero es menos común. La mayoría de las mujeres que trabajan en las calles son mujeres que no pueden trabajar en casas de citas, principalmente transexuales y yonquis, porque no las contratan. Como ya he dicho, hay mujeres que trabajan por cuenta propia, no en casas de citas, sino que tienen un piso con una amiga y trabajan juntas. Estas condiciones son mucho mejores, pero a la vez significa convertirse en dueña de un negocio, lo cual comporta
riesgos, porque como ya he dicho alquilar un piso con el propósito de ofrecer servicios sexuales directos (prostitución) es ilegal. Si te descubren, quedas en una situación muy difícil y, además, si hay más mujeres trabajando en el piso, se te puede acusar de proxeneta, con lo cual te enfrentarías a dos cargos en los tribunales.

Hay dos cosas que me gustaría mencionar sobre la relación entre la policía y la mafia. La mafia controla gran parte de la industria del sexo, especialmente en Telaviv, donde la policía no interviene. No estamos seguras, pero presuponemos que existe un acuerdo entre la mafia y la policía. La policía seguramente considera demasiado peligroso en lugares controlados por la mafia, mientras que hacen
redadas continuamente en sitios donde no hay tanta mafia, como en Jerusalén. Evidentemente, quienes sufren las consecuencias son las mujeres, porque muchas no tienen papeles y también por el carácter alegal de la prostitución. Cuando detienen a una mujer que está trabajando, en la calle o en un piso, suele ser por no tener permiso de residencia, o por estar trabajando sin permiso de trabajo. Irónicamente, en esos casos la prostitución cobra un estatus de trabajo, y te pueden acusar de trabajar ilegalmente, sin papeles. Por otro lado, durante las redadas en Jerusalén, intentan acusar de proxenetismo a alguien que normalmente no es el proxeneta en sí, sino por ejemplo una mujer que
trabaja en el mostrador o la administradora.
Otra cosa de la que quisiera hablar es respecto a la legalidad del trabajo. Evidentemente, es un trabajo sin estatus legal, todo lo que se gana es dinero negro, en efectivo, y no se recibe ningún tipo de
prestación social. No conozco ningún caso de mujer que haya ido a Hacienda para declarar impuestos y pagar la seguridad social y así conseguir prestaciones sociales. Sin embargo, presupongo que si
sucediese, no sabrían cómo clasificarnos, en qué tipo de actividad económica incluirnos, principalmente por razones burocráticas. No se me considera empleada porque mi empleador, que es un proxeneta, nunca admitiría que soy su empleada. Más que nada soy autónoma, pero no tengo
recibos, así que no puedo demostrar cuanto he ganado. Y desde luego no puedo ser empresaria, porque ser dueña de un negocio de este tipo es ilegal.

P- Háblanos de la situación global de la prostitución y del trabajo de movilización y organización en torno a la industria del sexo.

R- El tema de la organización y movilización dentro de la industria del sexo, es decir, la lucha para que el trabajo sexual sea reconocido como tal y la lucha por los derechos de las trabajadoras, cobró importancia en Estados Unidos a principio de los años 90. A partir de entonces, la sindicalización de bastantes trabajadoras sexuales, la formación de algunos colectivos de prostitutas, así como la aparición de colectivos de trabajadoras sexuales con representación oficial en el gobierno han
dado empuje a esta situación. Uno de estos colectivos está en San Francisco y tiene representación sindical. Hay otro sindicato de prostitutas que se formó recientemente en Gran Bretaña, ligado a un
sindicato oficial. Además, me parece que existen algunos sindicatos en Calcuta, así como en Hong Kong, que reciben apoyo de sus respectivos gobiernos.
Por otro lado, se está produciendo un aumento de la migración de mujeres que buscan trabajar en distintos sectores, entre ellos la prostitución.En los años 90, con este incremento de la migración, se formó una organización llamada «Coalición contra el tráfico de mujeres, que es probablemente la organización más grande y sólida que trata la cuestión de la prostitución desde una perspectiva absolutamente abolicionista. En aquella época, tenía como prioridad absoluta en su agenda los problemas del turismo sexual en Tailandia e intentó introducir este tema en la agenda internacional. Otra cosa que sucedió en relación con el turismo sexual fue el manifiesto internacional sobre prostitución de 1996. Era un manifiesto escrito por prostitutas organizadas con una serie de reivindicaciones, pero no tuvo mucho difusión.
Al mismo tiempo que aumentan determinadas problemáticas relacionadas con la prostitución, la migración y el tráfico de mujeres y sus consecuencias, vemos que la mayoría de las mujeres trabajadoras en la industria del sexo no se quedan en un solo lugar, sino que optan por migrar a lugares donde tienen posibilidades de estar mejor remuneradas.

Muchas mujeres procedentes de países pobres de Asia oriental se van a Tailandia. Por ejemplo, mujeres filipinas. A su vez, las tailandesas migran a Australia, donde se las considera exóticas y se las valora por eso, mientras que las australianas se van a Japón, donde se las valora por ser blancas y ganan más dinero. Hay incluso mujeres de Estados Unidos que eligen Japón como lugar de trabajo. Las mujeres de Europa del Este, por su parte, se van Europa occidental y así sucesivamente. Así
que la migración es cada vez más predominante, y el tráfico de personas también aumenta. Como esta situación es cada vez más visible, los grupos contra el tráfico de mujeres (en su mayoría abolicionistas) han ido cobrando fuerza y ha crecido su capacidad de presión. Existen grupos con mucha influencia en el gobierno de Estados Unidos y las Naciones Unidas. Debido a su trabajo en las Naciones Unidas, la situación se ha polarizado y los políticos se han visto obligados posicionarse, sea a favor de la prostitución, lo que significa reconocer el derecho que tienen las trabajadoras al trabajo sexual, legitimando su elección y permitiendo mejorar sus condiciones, o en contra, es decir, tomando una postura abolicionista. Los y las abolicionistas generalmente son humanitarios/as, trabajan para las prostitutas, mientras que los grupos pro-prostitución trabajan con ellas y muchas veces son grupos
constituidos por las propias prostitutas. Las/los abolicionistas trabajan en programas sociales y humanitarios y no en proyectos progresistas o políticos. Ser abolicionista generalmente significa ver a
las mujeres como víctimas y, aunque por lo general desde estas posturas no se intente erradicar directamente el trabajo de las prostitutas, sí que se procura ilegalizar el proxenetismo y la creación de barrios rojos, con el pretexto de mejorar las condiciones de las mujeres, cuando estas medidas en la mayoría de los casos suelen traducirse en una mayor vulnerabilidad para las prostitutas. El discurso humanitario de los/las abolicionistas ha favorecido el estrechamiento de sus lazos y relaciones
tanto con el gobierno como con distintos organismos internacionales ligados a las Naciones Unidas. Cada vez tienen más poder. Por ejemplo,la «Coalición contra el tráfico de mujeres, una organización a escala internacional, tiene un lobby muy fuerte. En términos generales, existeuna drástica división entre grupos abolicionistas y grupos pro-prostitución, aunque ambos afirman ser feministas. La «Coalición contra el tráfico de mujeres dice que toda la prostitución, todo el trabajo sexual, es violación y que empeora el estatus de las mujeres en la sociedad. Por otro lado, los grupos pro-prostitución y a favor de la movilización por los derechos de las trabajadoras sexuales, dicen que la prostitución siempre existirá y que cuando no se reconocen los derechos de las prostitutas, se divide a las mujeres en buenas y malas, esposas y putas. Además, estos grupos distinguen entre las mujeres que han elegido trabajar en la industria del sexo y las que son víctimas, por el motivo
que sea. Como el debate está cada vez más candente y la «Coalición contra el tráfico de mujeres es un organismo con mucha fuerza a escala internacional, las Naciones Unidas han acabado aceptando una perspectiva abolicionista, al igual que el gobierno de Estados Unidos. Asimismo, el gobierno de Estados Unidos ha adoptado ya algunas medidas encaminadas a la abolición de la prostitución. En resumen, los grupos abolicionistas son más fuertes y tienen conexiones con el gobierno porque son
humanitarios y porque no son progresistas ni pretenden un verdadero cambio social.
Recientemente, se presentó un manifiesto en Estados Unidos para cortar los fondos de USAID. USAID es un organismo estadounidense que destina fondos a muchos tipos de organizaciones internacionales humanitarias,entre ellas algunas que trabajan la cuestión de la prostitución. El
 manifiesto exigía a USAID que suspendiera la financiación de organizaciones que considerasen la prostitución como una forma legítima de trabajo. Esto es algo muy grave: significa que se han retirado subvenciones a todos los grupos que trabajan con prostitutas y las reconocen como trabajadoras sexuales, aunque su trabajo consista simplemente en enseñarlas a leer y a escribir para ofrecerlas otras posibilidades en el mercado laboral. De modo que vemos una evolución que apunta a la hegemonía de determinada visión de la prostitución, de acuerdo con la cual todos los grupos que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales y la movilización de las prostitutas son considerados prácticamente ilegales e ilegítimos y tienen que enfrentarse a organismos gubernamentales internacionales y a las Naciones Unidas, que les dan completamente la espalda.
Otro motivo por el cual la «Coalición contra el tráfico de mujeres ha sido capaz de presionar en esferas tan elevadas y con tanta repercusión reside en su alianza en Estados Unidos con grupos cristianos fundamentalistas que también están en contra del trabajo sexual. Estos grupos cristianos son muy poderosos, con lo cual esta alianza entre ambos grupos y la unificación de sus agendas para promover una única visión con respecto al trabajo sexual resulta bastante sospechosa. Por
otro lado, con el fin de sumar fuerzas para resistir a escala internacional, los grupos pro-prostitución se están uniendo a organizaciones de derechos humanos, en defensa de los derechos de los trabajadores y en defensa de los derechos de los inmigrantes, así como a organizaciones de trabajadoras sexuales, para constituir una coalición internacional fuerte y hacer frente a organismos como las Naciones Unidas.

P- ¿Cómo está funcionando esta alianza entre trabajadoras sexuales y grupos de derechos humanos, laborales, etc? ¿Qué significa para ti el activismo desde el trabajo sexual?

R- Lo bueno de esta alianza de las trabajadoras sexuales con distintos grupos de trabajadores, grupos en defensa de los derechos de los trabajadores inmigrantes y grupos de derechos humanos es que queda claro que las trabajadoras sexuales tienen derechos y que son trabajadoras legítimas y por lo tanto merecen los mismos derechos que los demás trabajadores. En este sentido, se está convirtiendo en una lucha de trabajadoras, aunque también es una lucha contra las abolicionistas.Reconocer el trabajo sexual como trabajo no es novedoso, ni es algo que haya descubierto yo, porque cualquier mujer trabajadora en la industria del sexo sabe que lo que hace es un trabajo, porque es su medio de
sustento y no deja de ser trabajo por el hecho de que sea sexual. Es algo que se hace con el fin específico de ganar dinero y para mejorar las condiciones es preciso tener en cuenta que todos los tipos de trabajo sexual, dentro de la industria del sexo, se parecen: el trabajo en su conjunto, la interacción con los clientes, la manera de ganarte el dinero, son siempre iguales. Únicamente varían las condiciones laborales de un trabajo a otro.
Para poder mejorar, para estar mejor remunerada y
mejorar las condiciones de trabajo, es necesario que nos reconozcan como trabajadoras.La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales siempre ha sido igual. Echaron dos veces del trabajo a una amiga con la que trabajé en un peep show. Evidentemente, la echaron porque cada vez exigía más
derechos, era muy reivindicativa, causaba demasiados problemas a la administración y llevaba trabajando allí algún tiempo, con lo cual los dueños querían sustituirla por mujeres nuevas que poder ofrecer a los clientes. El primer sitio al que acudió fue al Consejo de Trabajadores.
Yo he trabajado en lugares dentro de la industria del sexo en los que el deseo de las mujeres de sindicarse y de luchar por más derechos imperaba mucho más que en otros lugares de trabajo más «cualificado. Las trabajadoras sexuales tienen mucha más conciencia de qué cambios hacen falta. Lo que impide que se den esos cambios son las malas condiciones de trabajo y las situaciones de esclavitud que hay a veces, que obstaculizan la movilización. También es un obstáculo la victimización de las trabajadoras sexuales. He conocido a mujeres, a las que las abolicionistas les han lavado el cerebro mientras ejercían la prostitución, que han terminado viéndose a sí mismas como víctimas y a las que, por lo tanto, nunca se les ocurriría exigir una mejora de sus condiciones, porque no se consideran trabajadoras.
Y que, cuando recurren a otra prostituta, no es con el fin de organizarse, sino para buscar apoyo emocional, apoyo para poder seguir aguantando las condiciones. Éste es uno de los problemas del abolicionismo.
En cuanto a lo que significa el activismo en el trabajo sexual, hay dos cosas que se correlacionan. Una es la lucha por los derechos, que empezarán a conseguirse cuando el trabajo sexual deje de ser tabú,cuando esté legitimado y sea reconocido como trabajo, lo cual significa quitar el estigma del sexo en general. Así que, para que el trabajo sexual sea reconocido como un empleo, tanto los trabajos sexuales como el sexo en sí deben ser menos tabú. Hay algunas personas que están en
contra de esto porque los servicios sexuales se remuneran en función del propio hecho de ser tabú y porque no hay forma de acceder al sexo, a determinado sexo, gratuitamente, y todo ello eleva el precio del trabajo sexual. En lugares donde el trabajo sexual se ha despenalizado, se ha
registrado una reducción del precio del sexo, las mujeres ganan menos dinero. Sin embargo, yo creo que, en general, sería beneficioso.

También porque considero que culturas menos represivas y con menos tabúes ligados al sexo son mucho más saludables en su conjunto, tenga esto que ver con el trabajo sexual o no.

Para mí, es muy importante señalar que una trabajadora sexual activista adquiere más poder de su propio trabajo. Me refiero a que,
tradicionalmente, las mujeres se han diferenciado de los hombres por sus habilidades sexuales, por su habilidad de atraerlos y seducirlos, lo cual las hace mucho más fuertes que los hombres, no físicamente, pero sí por el poder que tienen sobre ellos y la capacidad de convertir este poder en una forma de trabajo, en un activo, en algo que dé dinero. Creo que esta es una característica universal de todas las mujeres, pero contradice los estereotipos internacionales que hay sobre las prostitutas: se las suele retratar como mujeres pobres, víctimas, yonquis, indefensas y en una situación mala. Lo que crea esa contradicción es la incapacidad de separar el trabajo sexual en sí de las condiciones en las que se realiza ese trabajo.
El trabajo dentro de la industria del sexo es siempre igual. Siempre consiste en desplegar los propios poderes de seducción. Son las condiciones de trabajo lo que hace que cada situación varíe y lo que
coloca a las mujeres en diferentes posiciones de desventaja. Por ejemplo, el trabajo que desempeño dentro de una habitación con un cliente, cómo lo seduzco, cómo consigo que haga lo que yo quiero, y los medios que utilizo, es siempre algo universal. Sin embargo, lo que diferencia es cuánto me pagan, cuánto poder tiene él sobre mí, en qué consiste mi relación con mi proxeneta y si éste tiene trabajo que ofrecerme: todos estos elementos forman parte de las condiciones de trabajo. Asimismo, la lucha por la mejora de las condiciones se parece a la lucha en otros sectores laborales. Si reconocemos el trabajo sexual como una ocupación laboral, como un empleo, entonces podremos mejorar
las condiciones de las prostitutas y elevar la posición de las mujeres.No rebajar, sino elevar su posición, porque lo que realmente hacemos las trabajadoras sexuales es utilizar y celebrar para nuestro mayor provecho los recursos y habilidades que las mujeres tenemos que ofrecer a la cultura, en lugar de reprimirlos o de mostrarlos como algo malo.

P- ¿Crees que sindicarse sería una manera efectiva de mejorar las condiciones en el trabajo sexual?
R- Por supuesto, creo que organizarse para mejorar los derechos es muy importante. Desde un punto de vista general, que las trabajadoras sexuales se sindiquen significa que se está legitimando su posición como trabajadoras, y en este sentido los sindicatos son útiles. Lo que sucedees que globalmente las condiciones son muy diferentes. Por ejemplo, en Estados Unidos la prostitución es completamente ilegal y es necesario que se despenalice, no legalice, sino despenalice, porque legalizar significa el control del Estado y despenalizar quiere decir que todas pueden ejercer cómo deseen. En otros países, la prostitución es alegal y es importante que se la legitime y para eso, evidentemente, hay que seguir los procesos habituales de organización, de organización de colectivos, de lobbys, sean contra la política del gobierno o para crear una resistencia contra los empleadores. Este proceso tiene la misma importancia en otros sectores laborales. Lo que sucede es que los problemas de un lugar a otro son diferentes y aunque el tipo de organización necesaria también varía, en general se dan los mismos procesos. En todos los lugares de la industria del sexo en los que he trabajado, los problemas se parecían mucho a los de un trabajo convencional, donde sindicarse es el único modo de resistencia que tienen las mujeres. Sin embargo, es muy problemático cuando existen sindicatos corruptos, que trabajan en alianza con el gobierno, que están formados por hombres, que promueven agendas políticas de hombres, que tienen acuerdos con negocios privados sindicados así como con el gobierno; todos estos factores son obstáculos a la hora de sindicarse.
Pero, de nuevo, vemos que estos problemas de sindicalismo son habituales



en todo tipo de trabajos, les quitan el suelo a los trabajadores, dejándolos sin poder, y así sucede en el trabajo sexual también.
Puedo dar un ejemplo de esto: ahora mismo, en Israel, los proxenetas de varios negocios del sexo están intentando organizarse para hacer presión al gobierno y pedir que se legalice la prostitución. Efectivamente, lo hacen con vistas a beneficiarse de un tipo de legalización en las que
las mujeres ganarían menos dinero y ellos más, y además ya no podrían detenerlos. Hay un grupo de abolicionistas feministas que están luchando contra esto, en pro de la ilegalización total de la prostitución, argumentando que así protegen a las mujeres de los proxenetas y disminuyen el poder que éstos tienen. Por supuesto, estoy de acuerdo en que el proxeneta debe tener menos poder y las mujeres más, pero creo que tratar el tema desde esos dos ángulos contradice cualquier perspectiva
rogresista. De haber lobbys de presión al gobierno, deberían ser de trabajadoras sexuales en defensa de sus derechos, y sí, también por legalizar la prostitución, pero en otras condiciones que las que quieren los proxenetas. Una fuerte representación sindical permitirá crear un fuerte grupo de presión para contrarrestar el proxenetismo y a los dueños de negocios y garantizar nuestros derechos como trabajadoras.
Hace tiempo, trabajé en un peep show en Estados Unidos que estaba vinculado con otro en el que las mujeres consiguieron sindicalizarse.
Hubo una gran mejora, no sólo en las condiciones de trabajo, sino también en el aumento del poder de las mujeres con respecto a la administración del negocio. Al igual que otros empleos, si los/las
empleadas tienen más poder, ya no es tan fácil despedir a cualquiera. Pero durante el proceso, surgieron problemas típicos de cualquier proceso de sindicalización en cualquier tipo de trabajo. En cuanto descubren que quieres sindicalizarte, los jefes intentan averiguar quiénes son las involucradas, intentan despedirlas bajo otros pretextos, contratan a abogados para deshacer el sindicato, intentan romper el sindicato con cualquier medio, contratan a mujeres esquiroles...
Resulta difícil cuando muchos de los negocios son pequeños y muchas mujeres trabajan en casas de citas, porque cuando un lugar de trabajo se sindicaliza, no afecta las condiciones de trabajo del resto de sitios.
Los traficantes y dueños de negocios suelen tener más de un negocio, eso les permite despedir a mujeres con frecuencia y traer nuevas. Eso hace difícil sindicalizarse, pero si sucediese a gran escala, las mujeres tendrían más poder frente a los traficantes y la mafia organizada. Si, puesto que el mercado negro y los traficantes están en juego,es un asunto muy difícil y peligroso, y las mujeres que trabajan bajo esas condiciones son muy conscientes de ello.
Otra cosa que yo personalmente apoyo es una medida que no está en manos de las trabajadoras sexuales sino de quienes consumen servicios sexuales, es decir, consumo dirigido. Esto significa que si tienes la opción de ir a cualquier casa de citas y contratar a cualquier prostituta, deberías asegurarte de obtener los servicios solamente de quienes están en mejores condiciones, para apoyarlas y boicotear a aquellos que maltratan a sus mujeres. En definitiva, es utilizar el poder del consumidor. Si eres feminista y estás en contra del tráfico de mujeres o de menores, o lo que fuese, y no quieres que las mujeres trabajen en malas condiciones, no tienes por qué dejar de consumir sexo sino dirigir tu dinero de manera más eficaz.
Y por supuesto, como yo misma soy una trabajadora sexual, creo que se debe dar propinas a las mujeres y pagarlas más de lo establecido, porque mientras más dinero cobren, menos desigualdad tendrán frente al proxeneta. Generalmente, las propinas no se comparten con el proxeneta, sino que te quedas con la cantidad íntegra, con lo cual ganas un porcentaje más alto de tu trabajo. También quiero añadir que es imprescindible la unión de las trabajadoras en toda la industria del sexo, tanto para la lucha por la legitimación
del trabajo sexual, como para que las trabajadoras sean reconocidas como tales. Sobre todo porque tiende a haber una jerarquización entre diversos trabajos sexuales (actrices porno, teleoperadoras de línea erótica, trabajadoras de peep shows o clubes de strip tease, profesionales de SM), así como entre diferentes tipos de prostitución (de calle, a domicilio, en casas de citas, clubes, «plazas, etc). Por ejemplo, una encueratriz diría, «yo no soy prostituta, soy mejor y de clase más alta. O una prostituta a domicilio bien remunerada podría decir, «yo no trabajo en la calle, así que soy mejor. Sin embargo, ante los ojos de la sociedad, todas somos iguales. Me refiero a que es igual de difícil admitir públicamente que eres una encueratriz o una
profesional de SM, que admitir que eres prostituta. Es muy importante recordar que el trabajo es similar y, reitero, únicamente cambian las condiciones de trabajo, y cuánto cobras por él. El trabajo que desempeñamos es igual en un plano emocional, y nuestro estatus ante los ojos de la sociedad también es el mismo. Esto influye mucho en cómo nuestra familia nos ve y cómo la policía y la ley nos trata.
Para poder organizarnos, las mujeres no deben fragmentarse o compartimentarse en categorías jerárquicas, porque esto es precisamente lo que las abolicionistas intentan hacer. Intentan separarnos al decir «tú estás bien remunerada, evidentemente debiste tener elección, en comparación con la mayoría que trabajan en la industria del sexo sin haberlo elegido. En realidad, las condiciones de unas son mejores que las de otras por otros factores: porque eres autóctona, porque eres joven, o guapa, o porque sabes idiomas. El tipo de distinción que establecen las abolicionistas en realidad pretende definir quién es víctima y quién no, o más bien qué tipo de víctima eres, sosteniendo que la mayoría de las trabajadoras sexuales migrantes son víctimas de la pobreza y de la violencia de quienes trafican con ellas, mientras que el resto son víctimas de la sociedad patriarcal (libertinas). En Israel, por ejemplo,cuando una mujer tiene que declarar en un juicio, suelen decir en su defensa «pobre mujer, no sabía a lo que venía, no sabía que terminaría como prostituta, y por eso deberían dejarla libre, por eso deberían tratarla bien. ¿Qué significa esto? ¿Que si sabías que ibas a trabajare prostituta, pero desconocías las condiciones, entonces eso te hace delincuente? Intentan separarnos entre víctimas y mujeres malas o libertinas. La diferencia que subrayan es que las buenas mujeres son pobres y han caído en manos del tráfico y la migración y otras redes, mientras que las malas han elegido mejorar sus condiciones al optar por un trabajo más lucrativo acorde con sus deseos de vida, sus habilidades y su capacidad de rentabilizar eso. Entonces, para poder organizarnos por una mejora de nuestras condiciones es preciso saber que el trabajo sexual no tiene distinciones y hacer falta unión y solidaridad entre las trabajadoras sexuales de todo tipo. De otro modo, no podremos confrontarnos ni con nuestro barrio, ni mucho menos con los poderes legislativos.

Un último punto que quisiera añadir es que cuando la gente me pide que me defina a mi misma, siempre me defino como puta. En hebreo digo puta, para recuperar el término. No utilizo la palabra prostituta, porque en inglés define específicamente lo que haces, mientras que puta es jerga peyorativa que también define a cualquier tipo de mujer «fácil,cualquier tipo de mala mujer, o cualquiera que trabaje en la industria del sexo. Reclamar y reivindicar esa palabra, usándola con orgullo, lo que en Estados Unidos se llama «orgullo puta [whore pride], permite
legitimar algo que es aceptable y además elimina las diferencias, porque no exige que dé explicaciones o justificaciones de lo que hago en un plano jerárquico. Soy puta por definición, por quién soy, y si consigo valorizar eso, que se vea como algo positivo, entonces contribuye a mi movilidad.
Madrid, agosto 2003.
Pagina de Precarias a la Deriva
Pagina de la Eskalera Karakola

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