sábado, 28 de diciembre de 2013

Las 'escort' y el nuevo trabajo sexual: los sorprendentes cambios en el amor pagado Leer más: Las 'escort' y el nuevo trabajo sexual: los sorprendentes cambios en el amor pagado - Noticias de Alma, Corazón, Vida http://bit.ly/1cwbDFV

 El último trabajo de investigación académica publicado. Lo único que destaco es que no es nuevo. aunque en tiempos recientes no se había hecho ningún trabajo de investigación académica al respecto. En la prostitución contemporánea, ya hace muchos años que existen "categorías" de prostitutas y que los clientes buscan algo más que el contacto físico también se ha contrastado en otros trabajos de investigación, y también surge en otros "niveles" de prostitución. Si se mira en lashemerotecas se vera claramente que hay anuncios que ofrecen este tipo de servicios de manera específica desde hace ya muchos años, en concreto, cuando yo empecé en el 89 ya aparecían estos anuncios.

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http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-12-19/las-escort-y-el-nuevo-trabajo-sexual-los-sorprendentes-cambios-en-el-amor-pagado_67826/

Los cambios en las costumbres, la mayor aceptación del sexo en las sociedades occidentales y el nuevo papel social de la mujer, hacían pensar en la prostitución como fenómeno en declive, residuo de un pasado atávico que quedaría reducido a su mínima expresión gracias a una mentalidad avanzada. Sin embargo, lo que nos encontramos en el florecimiento del capitalismo global es que la comercialización del sexo se ha extendido y ha aumentado en los en los últimos años, según afirman  María Antonia Carbonero Gamundí y María Gómez Garrido, profesoras de la Universitat de les Illes Balears en su estudio El nuevo/viejo trabajo sexual: distinción y estigma.
Como si la prostitución hubiera vivido las mismas tensiones de oferta y demanda que han afectado a la gran mayoría de productos y servicios, también ha desarrollado nuevas estrategias que la han llevado a diversificarse y a ampliar sus posibilidades para satisfacer a un cliente muy diverso. En especial, destaca una nueva oferta dirigida a una clase media con cierto nivel educativo “en la que tanto los trabajadores/as como los/las  clientes/as otorgan significados distintos a la prostitución tal y como se entendía tradicionalmente”.
El cliente no paga sólo por el contacto físico, sino que busca la intimidad que encontraría en una pareja
Según el estudio, esta nueva prestación sexual se caracteriza por un plus en los servicios ofrecidos (tiempo de conversación, acompañamiento a una cena o a una fiesta) que le aleja del servicio sexual tradicional, especialmente el de calle, que se definía por el contacto físico estricto y rápido cuyo único fin era el placer sexual inmediato. Esta deriva incluye, no obstante, un cambio revelador: en este entorno de facilidad para conseguir relaciones sexuales, lo que se termina pagando no es el contacto carnal, sino el afectivo. El dinero se abona a cambio de intimidad.
La ilusión de una relación
El servicio de escort, afirma el estudio, “es un caso paradigmático del llamado ‘trabajo emocional’, es decir, del trabajo interior y exterior de una persona sobre sus propias emociones para poder manejar también las del otro y lograr una situación satisfactoria. Implica la disposición completa del tiempo de una persona para que el otro pueda vivir la ilusión de una relación”. El cliente, por tanto, no estaría pagando por la obtención de un placer sexual que le sería negado por otras vías, sino por la obtención de una fantasía de relación que no encuentra de otro modo: pagan por la representación de una idea de pareja.
En este contexto, el contacto físico no es lo más importante. Es frecuente, pero no siempre tiene lugar. En primer lugar, porque no es necesariamente el cuerpo lo que se mercantiliza, afirman Carbonero y Gómez. Se espera poder compartir con estas personas algo más y que la relación no sea tan impersonal y desprovista de calor humano como el tradicional contacto físico con la prostituta del pasado. En segundo, porque se suelen establecer vínculos con los clientes: algunos repiten porque necesitan sentir la ilusión de que hay algo más que un puro intercambio mercantil entre ellos. “Conocen lo que les gusta, y por ello mismo pueden sentir una cierta familiaridad: una trabajadora nos contaba, por ejemplo, que un camionero la contrata cuando pasa por su ciudad, sólo para pasar la noche con él, charlar y abrazarse”.
Me considero una chica extrovertida, aventurera, cariñosa y simpática. Para mí en el sexo lo principal es el feeling, el buen trato y el dejarse llevar
Incluso los anuncios con que las escort se publicitan aparecen muy alejados de las tradicionales invocaciones al placer. Las formas de hacerse visibles privilegian aspectos peculiares: podrían pasar fácilmente por anuncios de personas que buscan una relación estable. La descripción que hacen de sí mismas y de lo que quieren retrata una situación en la que parecería no mediar oferta económica, como muestran algunos de los ejemplos recogidos en el estudio.
Noa: Me gustan los hombres inteligentes, con personalidad, cultos, educados, pasionales y cariñosos. Estudié administración y gestión de empresas y actualmente estoy trabajando como azafata de imagen en congresos y como modelo publicitaria. Quiero ser empresaria y montar mi propio negocio. Quiero aprender. (Elegancy Models)
Esther: ¡Hola! Llevo 8 meses solo trabajando como escort, para mi este mundo es nuevo. Me considero una chica extrovertida, aventurera, cariñosa y simpática. Me encanta la psicología, de hecho lo estoy estudiando, me encanta viajar, vivir experiencias nuevas y sobre todo me gustan las aventuras. Para mí en el sexo lo principal es el feeling entre dos personas, el buen trato y dejarse llevar. (Elegancy Models)
Ansiolíticos para aguantar
Esos elementos afectivos no aparecen sólo en el aspecto promocional. Dado que la gran mayoría de los clientes y buena parte de las trabajadoras cuentan con capital cultural y una procedencia de clase media, se genera, afirma el estudio, una ilusión de igualdad. Las conversaciones, las actitudes y las formas de unos y otros no son distintas, y poseen unos códigos y unos habitus similares, al igual que suele ocurrir con las parejas estables. Además, los riesgos a los que están sometidos los trabajadores también tienen que ver mucho que ver con los de una relación duradera. En las entrevistas que las autoras del estudio realizan con los/as escort, se señala cómo convivir un tiempo largo con un/a cliente en un viaje de placer puede convertirse en una auténtica pesadilla: “Algún testimonio nos habla de la necesidad de tomar ansiolíticos, y los cuadros de insomnio o depresión tras haber tenido contacto regular, en viajes, con algunos/as de estos/as clientes”.
Esa supuesta democratización haría del nuevo trabajo sexual un servicio prestado entre iguales
Este giro es significativo: en una sociedad que aboga por el placer como signo de salud, una suerte de deber que ha de cumplirse si se quiere encajar en la definición de sujeto sano e integrado en la vida social, lo que se demanda, y por lo que se paga, no es por el contacto físico, sino por el afecto y la intimidad, por una relación que tenga la apariencia de esa autenticidad de la que carece.
Se establece así una diferencia significativa, señala el estudio, entre el ‘viejo’ trabajo sexual, que se caracteriza por un estricto intercambio sexual, tarifado de manera muy explícita, y las nuevas formas de servicio, de las que se espera una implicación de la persona, favorecida en parte por una dilatación del tiempo de relación con el cliente. Sin embargo, este nuevo trabajo sexual sería más satisfactorio que el primero porque alejaría de las relaciones de poder que caracterizaban a la prostitución de calle y porque esa supuesta ‘democratización’ haría del nuevo trabajo sexual un servicio prestado entre iguales.
La chica buena y la mala
Sin embargo, estos discursos, afirma el estudio, tienden a perseguir a la trabajadora del sexo en la calle, persecución a menudo teñida de racismo y de xenofobia, ya que la mayoría de quienes la ejercen son inmigrantes, al tiempo que “normalizan” los nuevos estilos de prostitución.
En segundo lugar, el discurso añade nuevos elementos Ya en decadencia el criterio de la doble moral y la dicotomía entre “la buena” y la “mala” chica,no se discute tanto la actividad en sí misma cuanto los lugares donde se lleva a cabo, que no respetan las nuevas reglas del juego del comercio sexual de la clase media. Según las autoras del estudio, esa diferencia entre el viejo y el nuevo trabajo sexual no es tanta, ya que hay líneas de continuidad entre uno y otro. Donde sí hay diferencias es en los discursos, que distinguen a las nuevas formas y estigmatizan a las antiguas.

viernes, 27 de diciembre de 2013

El vínculo entre el debate sobre la prostitución y el debate sobre el aborto

¿Cuál es la diferencia entre ambos?
Por Choice Joyce
6 de enero de 2007
http://choice-joyce.blogspot.com.es/2007/01/linking-prostitution-and-abortion.html
1) La prostitucion siempre es violencia contra las mujeres. Es físicamente peligrosa, las convierte en víctimas, les roba su sexualidad y las inflige un daño psicológico duradero. Las mujeres nunca eligen realmente ejercer la prostitución: se ven forzadas a ello por los hombres, la pobreza, la desesperación, etc. Debemos dar a las mujeres mejores opciones aboliendo la prostitución y ayudándolas a salir de ella.
2) El aborto siempre es violencia contra las mujeres. Es físicamente peligroso, las convierte en víctimas, les roba su función maternal, y las inflige un daño psicológico duradero. Las mujeres nunca eligen realmente el aborto: se ven forzadas a ello por los hombres, la pobreza, la desesperación, etc. Debemos dar a las mujeres mejores opciones prohibiendo el aborto y ayudándolas a mantener a sus criaturas.
Desde luego, ninguna analogía es perfecta: esa es la naturaleza de las analogías. Por ejemplo, el argumento antiabortista mencionado es de hecho un sofisma que los “provida” usan para enmascarar su defensa del feto, y la postura “abolicionista de la prostitución” puede ser un poco simplista. El denominador común, sin embargo, es el tema de la elección: los abolicionistas no reconocen la autonomía de la elección de las mujeres en el trabajo sexual, exactamente igual que los antiabortistas no se la reconocen en el aborto. O, cuando lo hacen, etiquetan a la mujer como lujuriosa e inmoral o, en último término, como “una mujer descarriada”, que es como sospecho que algunos abolicionistas ven a una prostituta por libre elección.
Algunos podrían objetar que una analogía mejor sería la que relacionara la prostitución forzada con el aborto forzado. Pero la circunstancia del forzamiento solo permite la analogía en el caso de las mujeres forzadas a practicar la prostitución (o forzadas a abandonarla) y en el de aquellas forzadas a abortar o a parir. La cuestión real es que las mujeres no deberían ser forzadas a nada: deben tener libertad de elección. Esto incluye decidir entre tener un hijo o abortar y entre vender servicios sexuales o hacer algún otro tipo de trabajo.
Por supuesto que no son gente distinta los que hacen unas y otras argumentaciones. Las feministas abolicionistas están alineadas políticamente con los cristianos conservadores en el tema de la prostitución. (Ver este artículo, por ejemplo: “Por qué el comercio de la fe está interesado en el comercio del sexo”). Ambas argumentaciones perpetúan la doble moral sexual para las mujeres, y ambas niegan la libertad de las mujeres y su autonomía sexual. Existe incluso un grupo de “Feministas por la vida” que emplea la mayor parte de su tiempo a echar a los hombres la culpa del aborto, de la misma forma que las abolicionistas echan a los hombres la culpa de la prostitución.
El elemento común entre el debate sobre el aborto y el debate sobre la prostitución, así como también entre el debate sobre los derechos de los homosexuales, es la sexualidad. Muchas personas sienten una intensa necesidad de controlar la sexualidad de los demás, en particular cuando no está confinada al sagrado lecho conyugal y a la procreación. Cualquier cosa fuera de esto es “sexo ilícito”. El aborto se ve como una prueba de sexo ilícito, la prostitución ES sexo ilícito y el sexo homosexual es… bueno, una abominación. Si los homosexuales han conseguido cierto respeto y tolerancia en nuestro sociedad, es probablemente porque son hombres y, para empezar, para ellos el sexo ocasional es más aceptable socialmente (hay menos lesbianas que hombres homosexuales y las lesbianas están, sin duda, más marginadas). Las prostitutas y las mujeres que abortan, por otra parte, violan el orden natural de las cosas porque no están teniendo sexo para tener hijos, que es el propósito redentor de las mujeres en la vida, según los de derechas. En consecuencia, tanto unas como otras son estigmatizadas y avergonzadas.
Esto pone de relieve el vínculo crítico entre la anticoncepción y el aborto legal y la necesaria desestigmatización del trabajo sexual (y de la promiscuidad femenina, en general). Una de las razones más obvias por la que los hombres compran sexo es porque no hay bastantes mujeres que quieran tener sexo sin compromisos. Pero la anticoncepción y el aborto legal dan a las mujeres auténtica libertad sexual por primera vez en la historia; esto es, la libertad de tener sexo por diversión sin consecuencias. ¿Por qué no hay más mujeres aprovechándose de esta libertad? Dejemos de practicar la doble moral: es una forma de represión social antifeminista y antihumanista que yace en la raíz tanto de la postura abolicionista de la prostitución como de la postura antiabortista.
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Choice Joycees una activista política a favor del derecho al aborto y de los derechos de las mujeres.
Ha escrito numerosos artículos y ensayos sobre aborto, feminismo, trabajo sexual, evolución y ateísmo. La mayor parte de ellos están en su sitio web.
Como escritora técnica profesional, ha escrito más de 150 manuales y otras publicaciones para la industria y los negocios.

 http://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/12/22/el-vinculo-entre-el-debate-sobre-la-prostitucion-y-el-debate-sobre-el-aborto/

martes, 24 de diciembre de 2013

La banalidad del mal y por qué se deja fuera del debate público a las prostitutas...

 Os dejo estas reflexiones  de Arendt, es una de mis referencias en cuanto a pensamiento, y que me ayuda mucho a reflexionar. Fijaros: Arendt apelaba a que se escuchara a las personas que habían sido asesinos (los nazis), para intentar comprender y conocer. Si  ya ante una situación de esta envergadura que lo que más apetece por puro institnto es castigarlos y ya está ¿cuánto más no se debería de hacer con una ralidad social como la prostitución? ¿por qué en los debates feministas de la prostitución nunca estamos las prostitutas y nunca se nos escucha? Textualmente dicen algunas, que no hace falta escuchar a las prostitutas para saber que es la prostitución.. ¿por qué las instituciones cuando abordan políticas pñublicas de reinserciónno nos escuchan?...
Montse Neira

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 http://www.paradigmas.mx/hannah-arendt-la-banalidad-del-mal/
Cuando se piensa en filosofía, por lo general, se piensa en un círculo de eruditos sin relación con la realidad concreta y efectiva. Pareciera que la filosofía es entendida más como el lujo de realizar piruetas intelectuales y retóricas complejas extensamente elaboradas que como verdadero ejercicio reflexivo dentro de la sociedad. Lejos de algunas frases célebres de Nietzsche y de las cantaletas “marxistas” recitadas por jóvenes enemigos del Estado, no hay -o al menos no se hace tan evidente ni accesible- una noción de qué es lo que hace la filosofía de manera, digamos, “real” y actual.
Esto se debe posiblemente al soliloquio generado desde la propia academia. Muchos colegas afirmarán que la sociedad actual desprestigia cada vez más la educación y está quitando la filosofía de las aulas porque a los manipuladores de la sociedad no les conviene que personas puedan ser capaces de pensar; además de que el actual sistema capitalista provoca la enajenación de las personas y las convierte en seres autómatas incapaces de pensar. Y posiblemente suceda que, en efecto, sea verdad, o, mejor dicho, posiblemente sea demasiada verdad. Fuera de estas respuestas pre-programadas y aparentemente críticas puede ocultarse también una nueva especie de  apatía y soberbia intelectual. La repetición incesante de estas frases ha dejado de tener el efecto exitoso de años anteriores, en donde había otro contexto social y otras circunstancias económicas. Muchas veces los filósofos insisten en desvincularse de su realidad asumiendo este tipo de frases vacías y aparentemente racionalizadas, volviéndose incapaces poco a poco de juzgar los matices y bemoles de cada situación, pensando que todo o casi todo puede ser resuelto en términos de qué fue lo que dijo Platón en el décimo libro de la República. Sin embargo, la realidad parece ser un poco más complicada que eso.
Pensar la realidad concreta se vuelve especialmente difícil, sobre todo porque en sociedades desarrolladas -en términos de velocidad de información- es demasiado complejo realizar una evaluación pertinente de todas las variables que están en juego. En este sentido, la pertinencia del ejercicio filosófico consiste en realizar una abstracción que no pretenda abarcar de buenas a primeras totalidades complejas; todo lo contrario, la filosofía es la abstracción de un evento particular para de ahí sacar ciertas huellas o señales que nos permitan hacer una pregunta pertinente sobre un hecho particular. La filosofía tendría que ser bajo esta lógica una disciplina mucho más modesta, pero no por ello deja de ser deleznable. Y posiblemente uno de los mejores ejemplos que nos hablan de esta nueva labor en filosofía esté en nuestra querida Hannah Arendt.
En una entrevista que se le hizo a Arendt, en el año de 1964, se le preguntó por qué consideraba su pensamiento como teoría política y no filosofía, a lo que ella respondió que, con excepción de Kant, todos los filósofos nublan la relación entre la política y la filosofía. Para decirlo en pocas palabras, Arendt pensaba que la filosofía echaba a perder los razonamientos de las teorías políticas. Lejos de que la tradición filosófica haya integrado el trabajo de Arendt como parte de la filosofía, resulta curioso que ella misma se distanciara de cualquier valoración que la acercara a algo parecido al ejercicio filosófico. ¿Cuál es la diferencia que representaba Kant para Arendt? Bueno, en principio de cuentas creo firmemente que haber nacido en Köningsberg creó una especie de lazo con el ciudadano cosmopolita por antonomasia. Pero alejándonos un poco de esta curiosidad podríamos recurrir a la siguiente cita:
“Las máximas privadas deben someterse a un examen gracias al cual descubro si pueda hacerlas públicas. Insistir en el carácter privado de la máxima es ser malvado; por lo tanto, la retirada del ámbito público es una característica del mal”[1]
Aquello que era privado, a juicio de Kant, era una forma del mal en la medida en la cual aquel que estuviera alejado del diálogo público estaba renunciando a la condición humana más fundamental: la sociabilidad por medio de la comunicabilidad. Esto es, quien estuviera lejos de la relación con los demás, fuera del diálogo y examen público, dejaba de ser un humano para convertirse en otra cosa. El diálogo, la exposición frente al otro era de vital importancia, sobre todo si consideramos que es la única manera de poder convivir con él, vivir en aceptación y armonía. Esto dicho simplemente así, sin más, suena bastante vacío si lo pensamos detenidamente; es decir, podríamos pensar en un comercial de Coca-Cola que nos causara más empatía que estas frases profundas pero carentes de una localización histórica.
Sin embargo, el marco en el cual Arendt retomaba estas nociones de la filosofía kantiana era sumamente complicado, pues había ocurrido uno de los eventos más interesantes de mitad del siglo XX: los juicios de Núremberg. Y no sólo eso, sino que Arendt retomaba estas ideas en Kant para entablar una conversación pública con quien habría sido uno de los mayores enemigos en Europa: el nazismo. La idea de entablar comunicación con el otro es una cosa; pero entablar diálogo público con aquel que quiso asesinarme, provocó que huyera de mi país y fue la causa de un genocidio… Bueno, posiblemente lo menos que querríamos hacer es hablar.
Arendt reflexiona sobre las consecuencias de este comportamiento, pues, en efecto, privar al otro de la palabra, privarlo del diálogo, niega de tajo la posibilidad de comprenderlo. Y esta fue una actitud llevada hasta sus últimas consecuencias por parte de la teórica, teniendo en cuenta su ensayo publicado por el New York Times “A reporter in general”[2], en el cual denunciaba el hecho de que prácticamente los juicios contra los jefes nazis estaban definidos antes de haber tenido lugar. Arendt recalca uno de los valores más significativos en el derecho, a saber, que las leyes no pueden ser retroactivas; y, no obstante, en los juicios hubo condenas por delitos que, propiamente, no estaban tipificados como tal al momento de ser realizados.
Esto causó bastante polémica, siendo para colmo que ella era judía. No significaba, por supuesto, que Arendt estuviera a favor de los actos violentos. No hay duda alguna en lo deplorable de los eventos y comportamientos adoptados por el nazismo, así como la falta de escrúpulos al momento de asesinar no a una persona, sino del exterminio de casi un pueblo completo. Lo que sí habría que hacer, a su juicio, es comprender las condiciones sobre las cuales esos eventos específicos ocurrieron, cambiando la pregunta de “¿Cómo deberíamos de castigarlos?” por la pregunta  “¿A qué se debe y qué implica el castigo a estos hombres?”.
¿Qué supone que estemos castigando a unos hombres y los privemos de un verdadero diálogo público? Bueno, en principio, podría pensarse como el lado opuesto de la misma moneda, es decir, asesinar al otro anulándolo, privándolo del diálogo (muy similar al nazismo). La única forma en que podemos salir del círculo vicioso es al menos darle la palabra a aquel con quien no estamos de acuerdo. Es en este marco de eventos cuando la idea de comunicabilidad kantiana toma su complejidad y sentido, pero también la dificultad intelectual de la empresa racional que alguna vez la Modernidad tuvo la osadía de pensar; y hasta el día de hoy tendríamos que preguntarnos si hemos estado a la altura de salir de la infancia para pasar a la etapa adulta.
Encontrar un punto en común a partir de la diversidad es posiblemente una de las tareas más complejas, pues significa integrar lo disímil y encontrar en él las concordancias. Por supuesto, se dice fácil. Si lo pensamos en términos de darle voz a un general del nazismo, bueno, posiblemente en ese caso se muestre una de las fortísimas implicaciones de integrar la participación mutua, incluso ahí cuando el otro no sólo está en desacuerdo con nosotros, sino que amenaza incluso nuestra vida. Pero este principio parte de que, aún en condiciones extremas, la participación del otro nunca puede quedar anulada. “Para Kant y Sócrates, el pensamiento crítico se expone a sí mismo a «la prueba de un examen libre y público», algo que supone que cuantos más participen mejor”.[3]
No se está hablando, por supuesto, de dialogar con el asesino o con el violento y decirle: “Por favor, señor asesino, no nos mate; mejor discutamos la situación”. Eso, evidentemente, sería ridículo. Significa, antes bien, que una vez dadas las condiciones del diálogo -en el caso de Eichmann, el momento de estar en juicio y apresado-, es preciso conocer la mayor cantidad de voces para evaluar la situación con la mayor pertinencia posible. Tomar una postura de manera apresurada conlleva a repetir y ser una extensión del patrón de violencia al que se nos ha sumergido. No bajar a Eichmann de asesino irracional es posiblemente un crimen equivalente al que el nazismo realizó, en la medida en la cual, en ambas situaciones, la anulación del otro, de su habla, llevará irremediablemente a su muerte. En el caso de Eichmann esto último se traduciría en la hora de su ejecución mediante un sistema de leyes.
No es una casualidad de que en su reportaje para el New York Times, Hannah Arendt haga una descripción de la muerte de Eichmann muy similar a la escena en la cual Sócrates es forzado a beber cicuta. Cuando a Sócrates le es presentada la oportunidad de escapar a su juicio y eventual muerte, él la rechaza argumentando que ello equivaldría a una doble injusticia. Eichmann asumía de manera estoica las reglas de un juego que, en el orden de su razonamiento, no tenían sentido; propiamente él no sabía que lo ocurría, era tan sólo un burócrata que daba incluso lástima. Seguramente él pensaba que se estaba cometiendo una injusticia, pues él sólo recibía órdenes que había jurado obedecer, era sólo un móvil de la maldad, no su origen. Aún así, fue juzgado, pero no sin antes revelar con claridad que se estaba cometiendo una doble injusticia: se estaban creando unas reglas metódicas y arbitrarias del asesinato premeditado, tal como el nazismo habría creado las propias. Aceptar el irremediable destino era mostrar la incongruencia de las acciones propias, pero también de los jueces.
He walked the fifty yards from his cell to the execution chamber calm and erect, with his hands bound behind him. When the guards tied his ankles and knees, he asked them to loosen the bonds so that he could stand straight, and when the black hood was offered him, he said, “I don’t need that”. He was in complete command of himself. Nay, he was more: he was completely himself.[4]
Eichmann, al igual que Sócrates, quería morir. Él sólo estaba haciendo su trabajo -Eichmann diría su deber- independientemente de que fuera bueno o malo. No hacer lo que se le pedía era como pedirle que dejara de ser él mismo. Por supuesto que sabía que estaba cometiendo actos atroces, pero en el marco de su subjetividad histórica y política dichos actos tenían que hacerse, con independencia de su parecer. ¿Qué tan libre era de distinguir entre el bien y el mal cuando el nazismo recuperó una confianza en Alemania habría entrado en decadencia a partir de la desastroza Primera Guerra Mundial? Por supuesto, Eichmann era un móvil del mal, pero no era el mal encarnado. Condenarlo no significaba anular el mal: era prolongarlo y perpetuarlo.
La banalidad del mal consiste en darse cuenta de que es imposible localizar la maldad en personajes específicos, como si éstos fueran el origen de las penas humanas. Arendt apuesta por pensar el mal como algo que no está plenamente localizado en tal o cual individuo, sino más bien como una lógica de la cual se participa a veces incluso de manera involuntaria o inconsciente. Años después esto se relevaría en el famoso Experimento de Milgram, en el cual se muestra cómo es que los individuos aceptan ciegamente las reglas de la autoridad. Cualquiera puede ser un móvil de la maldad; Eichmann ciertamente lo era. Pero habría que distinguir si la ejecución de un hombre era pertinente o si, por el contrario, habría sido mejor comprenderlo y conocer todas las circunstancias que hicieron posible un evento tan malévolo como el nazismo. Perdonar no es olvidar, sería tal vez aprender.
Hannah Arendt sabía que Hitler no era el nazismo, sino que esta serie de eventos era mucho más compleja. Decir cómodamente que el movimiento nazi en Europa fue culpa de un solo individuo es un juicio que comete el error de juzgar demasiado rápido. Por ello, lo importante sería más bien preguntarse sobre cómo un evento tuvo lugar y cuáles eran los actores y lógicas relevantes que operaron para que tuviera los efectos ocurridos. Sólo en ese momento habremos pasado a la etapa adulta que Kant habría incitado a alcanzar. La comprensión del otro, de aquello otro que no conozco y me es semejante, es posiblemente la vía para reconocer la complejidad con la que el mal se da en el mundo y, a la vez, muestra la posibilidad de cortar con el círculo vicioso del sufrimiento humano.



[1] Arendt, Hannah. Conferencias sobre la filosofía política de Kant. Ed. Paidós Studio, España, 2003. Pág. 95.
[3] Conferencias sobre la filosofía política de Kant…pag. 77.
[4]Arendt, Hannah. “A reporter in general” in The New York Times. March 16, 1963. Pág. 100.

lunes, 23 de diciembre de 2013

El debate de la prostitución en el feminismo.

De hecho es el único debate que existe, el debate es basicamente  dentro   de las diferentes corrientes feministas. No se piensa en los derechos fundamentales de las personas que ejercen la prostitución. NO somos 500.000 mujeres obligadas, a la mayoría no nos obliga nadie, la cifra es inventada.  Las mujeres que ejercemos, si que es cierto que venimos de entorno pobres o de situación económica precaria, pero también las hay que no, y si no se estigmatizara socialmente y culturalmente el hecho de ofrecer y/o intercambiar sexo por dinero las mujeres estariamos más liberadas y muchas se prostituirían sin esperar a la precaridad económica y  tendriamos más herramientas para luchar contra abusos. La culpa, el miedo y la vergüenza se apodera de todas al considerar que el sexo, la vagina, es el símbolo de nuestra integridad, moral, de nuestra dignidad... y no es así.
No es del todo cierto que regulandola se de carta blanca a las mafias..la carta blanca la tienen ahora, pero es que además no se puede "regular" de cualquier manera, y eso dependerá cómo se haga. Lo cierto es que hay más abusos y más explotación cuando algo está prohibidoo no se reconoce y no hay un mínimo de protección por parte de las leyes.
Po otro lado, la demanda de prostitución no obedece exclusivamente a algo natural/cultural del hombre sino, que es incentivada por la publicidad, por un marketing, es decir, sin publicidad, muchos hombres no pagarían por sexo. La publicidad es la que sugiere unos instantes concretos de una manera determinada. Y además el hombre busca muchas situaciones diferentes a las de simplemente meter su pene en la vagina, también busca compañía, cariño, alguien que le escuche. Un hombre nunca paga para violar a una mujer.
Las prostitutas no queremos ser reinsertadas, ya estamos insertadas en la sociedad, lo que no queremos es escondernos, no queremos que se nos victimice, no queremos avergonzarnos ni sentir miedo.  Si no se puede evitar que una mujer se prostituya porque no le queda otra alternativa,  que no se diga  luego que no se prostituya si no se le puede ofrecer un trabajo con un trabajo con un sueldo que permita vivir en los criterios de calidad de vida dignos. Ya está bien de tanto mentir. Si con el aborto no se hace más que reinvindicar el derechoa decir sobre el cuerpo, el derecho a decidir si se usa  para conseguir dinero es totalmente legítimo.

http://www.publico.es/490934/la-legalizacion-de-la-prostitucion-a-debate-entre-las-feministas

Hace unas semanas, diversas asociaciones feministas se reunieron en Madrid para debatir un Pacto en Defensa de las Mujeres y comenzar, así, a trabajar juntas y unir fuerzas contra "las graves injusticias" que padecen las mujeres españolas en la actualidad. Dicho documento [ver pdf, aquí] reúne los puntos fundamentales que "hay que resolver con urgencia" tales como las diferencias salariales o la conciliación familiar y laboral, entre otras. Además, incluye las diferentes denuncias de las organizaciones firmantes.
Una vez en la reunión, tras la presentación inicial y un breve debate general, la controversia comenzó en el momento en el que la portavoz de CGT-Mujeres abandonaba la asamblea no sin antes confirmar que su sindicato no suscribiría el acuerdo por uno de sus puntos en los que la organización sindical no se mostraba a favor: la abolición de la prostitución. Y es que existe, dentro del movimiento feminista, una división clara y casi insalvable respecto a la regulación o la eliminación total de esta práctica. La miembro de CGT esgrimía que "no quería entrar en debates" pero que no firmarían el pacto porque en su propio sindicato "existen diferentes opiniones respecto al tema".
Mientras, las asociaciones que suscriben el acuerdo denuncian que "se sigue contabilizando en España la espantosa cifra de 500.000 mujeres obligadas a prostituirse y entre las que existe una cantidad cada vez mayor de menores, sometidas a toda clase de violencias que no se computan, con la complacencia de las instituciones que deberían protegerlas". Por ello, entre las 16 reivindicaciones del pacto se encuentra la de "aprobar legalmente la abolición de la prostitución y tomar las medidas adecuadas para reinsertar a las mujeres que la ejercen en el trabajo asalariado y la vida civil". Este es el único punto de la controversia por el que CGT rechaza el escrito, pero no sólo el sindicato se ha posicionado en contra de esta petición.
La promotora del Pacto Feminista y columnista de este periódico, Lidia Falcón, declaró a Público que en Barcelona, donde se reunieron un día después que en Madrid, también existieron "personas encerradas en su criterio con posiciones beligerantes" que no estaban de acuerdo con el punto de abolir la prostitución. Sin embargo, lo que se pretende con este acuerdo entre asociaciones es "unir fuerzas" para poder conseguir las reivindicaciones "entre todas". "La lucha y el trabajo continuo de las asociaciones de mujeres no tienen la misma fuerza que una marea verde o una marea blanca", explica Falcón. "Estamos cansadas y con los huesos doloridos de tanto hacer y si nos uniéramos podríamos hacer más", agrega.
Falcón: "La lucha de las mujeres no tiene la misma fuerza que una marea verde o una blanca; si nos unimos, podremos hacer más"Laura Nuño, directora de la cátedra de Género en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, opina que incluir el punto de la abolición "no es lo más operativo" y que "era previsible" que no todas las asociaciones estuvieran de acuerdo porque "no hay consenso en el feminismo". "Yo estoy a favor de abolir la prostitución", ha manifestado Nuño, "ya que al regularla, no se mejora la posición de la mujer; aunque con la abolición tampoco quiere decir que se acabe".
Nuño cree que con la regulación "se da carta blanca a las mafias". La situación legal vigente, como apuntaba el Fórum de Política en el taller realizado durante su 25 aniversario, es fruto del cambio en el Código Penal que se establece en 1995, puesto que ese año "tanto la promoción como el beneficio obtenido por la prostitución de otra persona se despenaliza". Es a partir de ahí cuando en España "la industria del sexo comienza a expandirse siendo especialmente significativo el número y el tamaño de los burdeles".
En 1999 se introduce en el Código Penal el delito por trata de personas con fines de explotación sexual. Años más tarde, en la etapa final de la última legislatura de José María Aznar, se produce una nueva reforma del Código Penal en el que el proxenetismo vuelve a ser incluido, "de tal manera que aquel que se lucre mediante explotación sexual de otra persona será penado, independientemente de que esa persona consienta".

Gallardón y el proxenetismo

Sin embargo, como apunta el Fórum Feminista, "no se ha producido un retorno a la situación anterior a 1995: el número de clubes de alterne sigue en aumento, pues los vínculos entre proxeneta y prostituta no son fácilmente probables".  En la actualidad el titular de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, prepara una modificación del Código Penal por el que contempla eliminar en el articulado el concepto de explotación sexual y condicionar el castigo de la misma a que la víctima tenga que demostrar ese régimen de esclavitud.
Con la reforma del Código Penal, la prostituta tendrá que demostrar que está siendo explotada para que se castigue al explotador
El texto del anteproyecto que fue presentado en abril plantea reformar el artículo 188 de la norma hoy en vigor, que establece que será penado con cuatro años y multa de 12 a 24 meses "el que se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma". La modificación que propone el Ejecutivo, y que llegará al pleno del Congreso el próximo jueves, exige pasar ese apartado 1 del artículo al 188 al 187, si bien modifica sustancialmente su redacción ya que suprime el término explotación.
El texto establecería así, que esas penas antes citadas también serían aplicadas para aquel que "se lucre de la prostitución ejercida por una persona, aun con el consentimiento de la misma". Pero el Gobierno introduce además unos condicionantes: para que se castigue al proxeneta la víctima deberá demostrar que se encuentra "en una situación de dependencia personal y económica que no le deje otra alternativa, real o aceptable, que el ejercicio de la prostitución, o se impongan para su ejercicio condiciones gravosas, o desproporcionadas o abusivas".
Lobby de Mujeres: "Es la esclavitud de este siglo"
Aunque el Ejecutivo arguye que introduce estos condicionantes para "concretar el concepto" de proxenetismo conforme a los textos internacionales, los expertos advierten de que los requisitos son abstractos, indeterminados y difíciles de demostrar. Tras conocer las intenciones de Gallardón, el PSOE declaró que dicha modificación "dará cobertura legal a los grandes negocios del proxenetismo".
Rosa María Fernández, presidenta de la Coordinadora del Lobby Europeo de Mujeres (CELEM), por su parte, cree que "la prostitución, en una sociedad igualitaria, es violencia de género contra las mujeres". "Y con la nueva reforma de Gallardón no vamos por el buen camino", añade. "Creemos que es imposible abolirla", lamenta, "pero la Administración tiene que poner medidas para facilitar que estas mujeres tengan alternativas de trabajo". "Además, necesitamos mentalizar a la sociedad de que un hombre no puede pagar un dinero para comprar el cuerpo de una mujer". Fernández ha añadido que abolir la prostitución es un "camino largo, de años y años". "Las mujeres que se dedican a ella es por pobreza y no sólo hay mujeres, también son niñas. Es la esclavitud de este siglo", ha sentenciado.
Teléfono de la Policía para Víctimas de Trata: 900 10 50 90 trata@policia.es.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Del Colectivo Hetaira.. denegada una solicitud de subvención para la detección de víctimas de trata.







Un año más, la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género desconsidera el proyecto presentado por Hetaira:

"Vista la propuesta de resolución definitiva, la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, mediante Resolución de 3 de diciembre de 2013, ha resuelto no estimar la solicitud presentada por esa entidad relativa al proyecto "Friné. Detección de posibles víctimas de trata con
fines de prostitución forzada", en aplicación de los criterios de valoración y ante la limitación del crédito fijado en la convocatoria".

Nos queda la duda de saber exactamente por qué no se conceden ayudas a quienes trabajamos directamente sobre el terreno: en clubes, parques, polígonos industriales...). Deseando conocer cuáles serán los proyectos que se financiaran y esperando que los fondos se destinen a trabajo directo con quienes ejercen la prostitución y no se malgaste el dinero público, como ha sucedido en otras ocasiones en supuestas "campañas de sensibilización" que no sirven para nada, por parte de grupos que no trabajan directamente con prostitutas o chaperos.
Una foto de Colectivo Hetaira.

La despenalización de terceros

Aunque personalmente considero que una tercera persona NO debe imponer las condiciones en las que las personas queremos ejercer la prostitución esto es, las prácticas sexuales que queremos hacer o no, los clientes que queremos hacer al día o no, el perfil de cliente al que nos queremos dirigir y poder negarnos a estar con según que clientes, lo que no se puede permitir es que se penalice a quién por ejemplo alquila una habitación, inserta publicidad o hace de taxista o la familia  a quién está manteniendo y por ende se "enriquece de la actividad de prostitución". 

Montse Neira 

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La despenalización de terceros.

Informe de NSWP


Cuando mi jefe es penalizado, no puedo llevar condones conmigo al trabajo”.


http://www.nswp.org/sites/nswp.org/files/thirdparties3_0_0.pdf

El movimiento global por los derechos de las trabajadoras sexuales reclama la plena despenalización del trabajo sexual, incluída la despenalización de terceros. El movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales cree que la despenalización ayudará a las trabajadoras sexuales a organizarse para extirpar la explotación, la opresión y la violencia y para luchar contra condiciones de trabajo desleales o abusivas instituídas por los agentes estatales y no estatales. Etiquetar la despenalización como un intento de legalizar “proxenetas y propietarios de burdeles” no ayuda a las trabajadoras sexuales en la lucha por sus derechos y por la justicia.
NSWP usa el término “terceros” porque este término reconoce las muy diversas relaciones de trabajo con terceras partes que tienen las trabajadoras sexuales. Por el contrario, el término “proxeneta” es estigmatizante tanto por presentar un estereotipo racializado (y limitado en la medida en que sólo abarca una forma de relación de trabajo con terceros) como por posicionar a las trabajadoras sexuales como víctimas en vez de como trabajadoras.
En realidad, las trabajadoras sexuales tienen una amplia variedad de relaciones con terceros. Las trabajadoras sexuales pueden ser empleadas, empleadoras, o participar en una gama de otras relaciones de trabajo, por ejemplo, pagando a alguien para que les haga la publicidad. Aunque planteadas como destinadas a controlar las relaciones de trabajo de las trabajadoras sexuales, las leyes contra terceros pueden ser usadas también para controlar las relaciones personales de las trabajadoras sexuales.
En relación a esto, la postura fundamental de NSWP es: “oposición a todas las formas de penalización y a cualquier otra opresión legal del trabajo sexual (incluyendo a las trabajadoras sexuales, a los clientes, a las terceras partes[1], a las familias, a las parejas y a los amigos)”. Todas las organizaciones miembros de NSWP en todo el mundo han firmado esta postura fundamental.
Este texto proporcionará una visión general de cómo los marcos legales que penalizan a terceros dañan a las trabajadoras sexuales, centrándose en las siguientes áreas principales:
  • Cómo la penalización de los lugares de trabajo de las trabajadoras sexuales (y de los terceros que los dirigen) expone a las trabajadoras sexuales a un mayor riesgo de transmisión del VIH, en contravención de la recomendación 200 de la OIT. 
  • Cómo la penalización de los gerentes obliga a las trabajadoras sexuales a trabajar de forma más insegura, y cómo la despenalización de los gerentes ha permitido a las trabajadoras sexuales combatir las condiciones de trabajo abusivas y rehusar a los clientes que no quieren ver. 
  • Cómo las trabajadoras sexuales son perseguidas en aplicación de las leyes contra terceros, usando los condones como prueba, lo que supone un riesgo para su salud. 
  • Cómo las trabajadoras sexuales pueden ser a la vez trabajadoras sexuales y terceras partes, y así ser perseguidas en aplicación de las leyes contra terceros cuando el Estado quiere perseguir a las trabajadoras sexuales; por ejemplo, si dos trabajadoras sexuales están trabajando juntas por seguridad, cada una de ellas es un “tercero” para la otra. 
  • Que los hijos o parejas de las trabajadoras sexuales son perseguidas como terceros, en contravención del artículo octavo de la Convención de Derechos Humanos de la ONU, que garantiza el derecho a la privacidad y a la vida en familia. 
  • Cómo la policía usa las leyes contra terceros para acosar a las trabajadoras sexuales, persiguiendo a aquellos que caen bajo las leyes contra terceros, como por ejemplo los caseros, haciendo que las trabajadoras sexuales vivan en un estado de inseguridad en cuanto a la vivienda. 

Lugares de trabajo y VIH

La recomendación 200 de la OIT, que se aplica a las trabajadoras sexuales, señala “el importante papel que juega el lugar de trabajo en relación a la información y al acceso a la prevención, tratamiento, cuidados y apoyo en la respuesta nacional al VIH y al SIDA”. La OIT recalca que el papel del lugar de trabajo resulta más crucial cuando los trabajadores forman parte de grupos de riesgo (“especialmente en las ocupaciones que están más expuestas”), como ocurre con las trabajadoras sexuales.
La OIT afirma que “la prevención por todos los medios de la transmisión del VIH debería ser una prioridad fundamental; los trabajadores, sus familias y los que dependen de ellos deberían tener acceso  a la prevención, tratamiento, cuidados y apoyo en relación al VIH y al SIDA y beneficiarse de ellos, y el lugar de trabajo debería jugar un papel en la facilitación del acceso a estos servicios”,
Más aún, afirma, lo que tiene particular relevancia para las trabajadoras sexuales, que a los trabajadores se les debe dar “acceso a todos los métodos de prevención, incluidos, entre otros, la disponibilidad garantizada de los medios necesarios, en particular preservativos masculinos y femeninos y, si procede, información sobre su utilización correcta, y acceso a medidas de profilaxis posterior a la exposición”.
La recomendación 200, al reclamar que los trabajadores tengan el derecho al acceso a lugares de trabajo que proporcionen protección en el lugar de trabajo frente a la transmisión del VIH (así como apoyo y atención sanitaria relevante para los trabajadores que vivan con VIH),  y al reconocer que las trabajadoras sexuales están incluídas en la recomendación, hace resaltar que la comunidad internacional ha aceptado ya que a) las trabajadoras sexuales merecen protección en el lugar de trabajo frente al VIH y b) que la programación basada en derechos (en lugar de en penalización) es el modo de proporcionar esta protección en el lugar de trabajo.
La penalización de las terceras partes limita directamente el acceso de las trabajadoras sexuales a lugares de trabajo seguros. En Corea del Sur, donde los gerentes y los clientes están penalizados, las trabajadoras sexuales sufren los efectos de esta penalización. Los locales de trabajo sexual de interior tales como burdeles o salones de masaje se niegan a proporcionar condones, ya que éstos pueden ser usados por la policía como prueba de que se hace trabajo sexual, penalizando así al gerente. Por tanto, el deseo del gerente de no ser perseguido está en conflicto con su capacidad de proporcionar protecciones adecuadas en el lugar de trabajo y, como resultado, los investigadores estiman que hay un gran incremente en las enfermedades de transmisión sexual —incluído el VIH— desde la implementación de la ley.
En los EE.UU., el uso por las fuerzas de policía de los condones como prueba ha sido defendido por algunos activistas sobre la base de que ello proporciona una útil herramienta con la que combatir a los “proxenetas”. Obviamente, esta política tiene serias implicaciones para la capacidad de todas las trabajadoras sexuales radicadas en los EE.UU. de protegerse a sí mismas mientras trabajan; ello demuestra también la confusión existente entre las categorías “tercera parte” y “trabajadora sexual”, confusión que es utilizada para penalizar a las trabajadoras sexuales incluso en contextos en los que, al contrario que en los EE.UU., las trabajadoras sexuales no están directamente penalizadas. En otras palabras, los estados o los agentes estatales que quieren perseguir a las trabajadoras sexuales en contextos en los que las mismas trabajadoras sexuales no están directamente penalizadas, no tendrán más que decir que la trabajadora sexual es una tercera parte, y usar las pruebas de su trabajo sexual (tales como los condones) para respaldar su afirmación.
En Suecia, incluso los proyectos de reducción de daños que distribuyen condones a las trabajadoras sexuales y los clientes “podrían ser percibidos como promotores de la prostitución”, lo que los coloca en una zona gris legal como potenciales ‘terceras partes’[2]. Estos tres ejemplos, de Corea del Sur, Estados Unidos y Suecia, demuestran que en todo el mundo la penalización de terceros impide una respuesta efectiva frente al VIH, en directa contravención de la mejor práctica de salud pública, y de la recomendación 200 de la OIT. Las leyes que criminalizan a las terceras partes ponen en riesgo la salud de las trabajadoras sexuales.
La penalizazión de los gerentes fuerza a las trabajadoras sexuales a trabajar de forma más insegura. 
Muchas trabajadoras sexules —tanto de interior como de calle— prefieren trabajar para alguien. En la India, los terceros son hombres o mujeres que encuentran clientes en la calle y los conducen hasta una trabajadora sexual de interior, a cambio de un porcentaje de los honorarios de la trabajadora. La penalización de esta figura significa que algunas trabajadoras sexuales se ven forzadas a encontrar clientes en la calle por sí mismas, cuando sería más seguro permanecer en el interior. Forzar a las trabajadoras sexuales a trabajar fuera porque la relación que las permite trabajar dentro está penalizada, expone a las trabajadoras al acoso y la violencia debidas al estigma llevada a cabo por parte de algunos individuos. Los gerentes son también cruciales para la seguridad de las trabajadoras sexuales en todos los sectores: el colectivo de trabajadoras sexuales indias VAMP señala: “los propietarios de burdeles juegan un papel clave en la protección de las trabajadoras sexuales frente a la violencia y la coacción”. Penalizar estas relaciones de trabajo reduce la seguridad de las trabajadoras sexuales.
En Nueva Zelanda, donde el trabajo sexual está despenalizado, un estudio destinado a examinar los efectos de la ley encontró pruebas sugerentes de que las trabajadoras sexuales estaban más empoderadas en sus relaciones con los gerentes[3]. Las trabajadoras sexuales indicaron que les era más fácil rechazar a clientes que no querían ver, y se sentían apoyadas en eso por sus gerentes. Más aún, en un marco de despenalización, las leyes laborales se aplican al trabajo sexual, dando a las trabajadoras sexuales derechos laborales y recursos para enfrentarse a los gerentes; derechos y recursos que las trabajadoras sexuales no tienen en un contexto en el que los gerentes son penalizados por la única razón de serlo. Como tal, la despenalización de los gerentes permite a las trabajadoras sexuales trabajar con seguridad en el sector de su elección, y hacer frente a condiciones laborales abusivas o injustas.

Las trabajadoras sexuales son perseguidas bajo las leyes contra terceros 

Las poblaciones de trabajadoras sexuales alrededor del mundo a menudo se solapan en gran medida con otras poblaciones penalizadas o estigmatizadas: por ejemplo, personas LBGTQ,  personas que usan drogas, o migrantes. Como tales, las leyes que son usadas para perseguir a las trabajadoras sexuales no son necesariamente leyes redactadas específicamente para las trabajadoras sexuales. Por ejemplo, las leyes contra la homosexualidad masculina se usan frecuentemente para acosar y penalizar más a trabajadorxs sexuales tanto hombres como (erróneamente) transexuales.
Las leyes contra terceros son por definición leyes que no penalizan directamente a las trabajadoras sexuales; sin embargo, en la práctica estas leyes tanto penalizan directamente a las trabajadoras sexuales como, al contribuir al contexto penalizado en el que las trabajadoras sexuales se ven forzadas a trabajar, aumentan la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales al VIH (como se ha expuesto arriba), a la explotación, al estigma y a la violencia (incluída la violencia de la policía). El tema de la violencia es particularmente relevante en relación a las leyes contra terceros, ya que cualquier trabajadora sexual que desee trabajar con otra persona, por ejemplo por seguridad, estará entrando en una relación de tercera parte.
Como se ha expuesto arriba respecto al tema de los condones como prueba, allí donde los terceros son penalizados y la policía desea perseguir a las trabajadoras sexuales, se difumina la diferencia entre la definición de ‘trabajadora sexual’ y la de ‘tercera parte’. Algunos activistas anti-trabajo sexual han argumentado a favor de seguir usando los condones como prueba, sobre la base de que ello hace más fácil atrapar a los “proxenetas”. Estas campañas anti-trabajo sexual están fusionando deliberadamente a las trabajadoras sexuales con las terceras partes (y apoyando una táctica policial que pone en peligro la salud de las trabajadoras sexuales). Las trabajadoras sexuales y los terceros son tratados como si fueran lo mismo por aquellos que aplican la ley, lo que significa que las trabajadoras sexuales son penalizadas de hecho y sus derechos humanos violados.
Las trabajadoras sexuales pueden ser también terceras partes, y perseguidas bajo las leyes contra las terceras partes, en particular cuando toman medidas para garantizar su seguridad en el trabajo. 
Cualquier trabajadora sexual que trabaje con una amiga, incluso aunque no haya intercambio de dinero entre ellas, se convierte en una ‘tercera parte’. En el Reino Unido, donde el intercambio de sexo o servicios sexuales por dinero no está penalizado en sí mismo, pero sí las terceras partes, las trabajadoras sexuales son perseguidas usando las leyes contra las terceras partes cuando trabajan juntas por seguridad.
Esta persecución es a menudo llevada más allá de lo que puede ser considerado razonable, demostrando hasta qué punto el Estado desea usar las leyes contra terceros para acosar a las personas que sabe que son trabajadoras sexuales. En 2009, el servicio de procesamiento de la corona del Reino Unido realizó el procesamiento de una trabajadora sexual bajo las leyes contra los propietarios de burdeles, a pesar del hecho de que había estado trabajando con otra mujer por seguridad tras sufrir violencia en el pasado, y a pesar del hecho de que padecía cáncer. Al estar luchando contra una enfermedad potencialmente fatal y ser procesada por un delito no violento, el que no se interrumpiera el procesamiento fue una violación de las propias directrices del CPS relativas a los contextos razonables en los que llevar a cabo causas penales. Las trabajadoras sexuales son, pues, directamente penalizadas  bajo las leyes contra terceros, en la medida en que agentes estatales que deseen acosar legalmente a las trabajadoras sexuales las procesarán bajo las leyes contra terceros.
Los miembros de las familias de las trabajadoras sexuales son acosados bajo las leyes contra terceros. 
En la India, la Ley de Prevención de Trata Inmoral penaliza a los hijos adultos de las trabajadoras sexuales (como “proxenetas”) si siguien viviendo con sus madres, o si aceptan ayuda financiera de estas, por ejemplo, para pagarles los estudios. El artículo octavo de la declaración de los derechos humanos de las Naciones Unidas garantiza el derecho a la vida privada y familiar, pero en todas partes en las que hay leyes contra terceros, el derecho de las trabajadoras sexuales a la vida privada y familiar es violado en la medida en que parejas e hijos adultos son penalizados por vivir con las trabajadoras sexuales o compartir sus ingresos.
Las leyes contra terceros pueden ser usadas por la policía para impedir el acceso de las trabajadoras sexuales a servicios como la vivienda. 
En Noruega, la ‘Operación Sin Techo’ permitió a la policía acosar a las trabajadoras sexuales —mediante la inseguridad de vivienda implícita en el nombre de la operación— mediante las leyes contra terceros. Bajo las leyes por las que un casero puede ser procesado por vivir de las ganancias de una trabajadora sexual, la policía llamó a los caseros de aquellas que sospechaba que eran trabajadoras sexuales, y les advirtió que o echaban de inmediato a la inquilina o ellos mismos serían procesados. Las trabajadoras sexuales fueron echadas a la calle, en un claro caso de cómo las leyes contra terceros pueden a) facilitar la represión policial de las trabajadoras sexuales, incluso en marcos legales en los que las trabajadoras sexuales mismas no están penalizadas aparentemente, y b) violar los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, con consecuencias particularmente negativas sobre la capacidad de las trabajadoras sexuales de proteger su salud (el desahucio repentino de una trabajadora sexual reducirá su poder negociador en el trabajo, con un efecto directo en su capacidad de exigir sexo con protección). Más aún, este acoso es extrajudicial en la medida en que los caseros solo necesitan la amenaza de un procesamiento para que echen a sus inquilinas, y la policía solo necesita sospechar  que una persona es trabajadora sexual para hacer la amenaza.
Así que los derechos de las trabajadoras sexuales son violados cuando las leyes contra terceros penalizan aspectos del trabajo sexual, ya que esas leyes serán invariablemente usadas contra los miembros de la familia y los asociados de las trabajadoras sexuales, así como penalizarán directamente a las trabajadoras sexuales cuando los agentes del Estado que deseen acosar legalmente a una población estigmatizada usen las leyes contra terceros contra las trabajadoras sexuales, ya procesándolas como si fueran terceras partes (como en el ejemplo del Reino Unido) o amenazando con las leyes contra terceros a cualquiera que se asocie con trabajadoras sexuales, a fin de aumentar la marginación social de las trabajdoras sexuales  (por ejemplo, aumentando la inseguridad de vivienda, como en el ejemplo noruego).

[1] El término ‘terceras partes’ incluye gerentes, propietarios de burdel, recepcionistas, empleadas de hogar, conductores, caseros, hoteles que alquilan habitaciones a trabajadoras sexuales y cualquier otra persona que sea vista como facilitadora del trabajo sexual
[3] página 18, http://www.otago.ac.nz/christchurch/otago018607.pdf

martes, 17 de diciembre de 2013

Dia Internacional contra la violencia hacia las trabajadoras sexuales. EE.UU. The International Day to End Violence Against Sex Workers

http://www.latimes.com/opinion/opinion-la/la-ol-sex-workers-end-violence-december-17-20131216,0,5694340.story#axzz2nkfQ6UvO


On Tuesday, sex worker activists will gather to mark the 11th annual International Day to End Violence Against Sex Workers. Vigils in New York, Los Angeles and around the world will be held to highlight the everyday violence sex workers face and to honor those who have died.
But the day is not just about remembering those lost; it’s also about acknowledging sex workers as something other than victims. It’s a chance for sex worker activists to fight for greater rights and visibility and to push for saner laws that make sex workers safer rather than pushing them further underground.
It's is also a time for the general public to acknowledge that sex workers are not faceless victims but people who deserve more than to die violently and be forgotten.
YEAR IN REVIEW: 10 groundbreaking women we lost in 2013
Incidents of violence against sex workers are all too common, but two recent cases highlight the continuing importance of this day of remembrance. Last year, Deanna Ballman, a 23-year-old pregnant mother of two, was raped and killed after answering an ad on Craigslist, according to a recent court filing by a Columbus, Ohio, prosecutor. The Associated Press reported that Ballman was working as a prostitute to support herself and her two young children. Ali Salim, a former doctor who was recently charged with her killing, is alleged to have injected Ballman with a lethal dose of heroin. Her body was found in her car on the side of a rural road in central Ohio.
Are sex workers’ lives worth less than everyone else’s? An attorney in New York recently argued in the affirmative, telling a judge that his client was being too harshly punished for the murder of a transgender sex worker. His client, Rasheen Everett, was sentenced to 29 years for the murder of Amanda Gonzalez-Andujar. But attorney John Scarpa said the sentence was too severe because the victim, after all, was not part of “a higher end of the community,” and "shouldn’t that [sentence] be reserved for people who are guilty of killing certain classes of individuals?"
These cases are horrific, and they merit more than a mere blip on a news feed. They highlight the regular violence sex workers face in the United States. But criminalization and the stigma that surrounds sex work make it harder for the victims to report cases of violence.
Further, a report published last week by Human Rights Watch says police intimidation and criminalization of sex workers in Louisiana has fueled the state’s HIV epidemic. The report cites instances of sex workers experiencing police harassment, including having to trade sexual favors to avoid jail time. In many states, including Louisiana, police are permitted to use carrying condoms as evidence of prostitution. The policy creates a chilling effect on sex workers, who would otherwise carry condoms to use for safe sex. Fear of prosecution prevents them from carrying condoms, thus putting themselves further at risk for contracting and spreading HIV.
YEAR IN REVIEW: Five disheartening moments for women
Despite the violence, sex workers are stepping out of the shadows and organizing for their rights. For example, in California, after numerous compelling testimonies from sex workers, a court in Sacramento recently overturned the rule that prevented sex workers from filing for victims compensation funds if they have been beaten or raped.
Sex workers, like all human beings, deserve to work in safe environments, without stigma and the fear of violence. The International Day to End Violence Against Sex Workers is not just a day to recognize the very real violence sex workers routinely experience; it’s also about seeing them as what they are: mothers, fathers, sisters, brothers, sons and daughters.
ALSO:

http://www.latimes.com/opinion/opinion-la/la-ol-sex-workers-end-violence-december-17-20131216,0,5694340.story#ixzz2nl8PwGwC

¿por qué las trabajadoras sexuales son apartadas del debate sobre la violencia contra las mujeres?

http://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/07/20/por-que-las-trabajadoras-sexuales-son-dejadas-fuera-del-debate-sobre-la-violencia-contra-las-mujeres/

Por Kate Zen
http://www.policymic.com/articles/30812/why-are-sex-workers-left-out-of-the-violence-against-women-conversation
“Maté a tantas mujeres que me cuesta llevar la cuenta… Mi plan era matar a tantas mujeres que creyera que eran prostitutas como fuera posible… Escogía a prostitutas como mis víctimas porque eran fáciles de atrapar sin que nadie se diera cuenta.” 
—    Gary Ridgewood, el “Asesino de Green River,” 15 de noviembre de 2003, Seattle, Washington
En Noviembre de 2001, el asesino en serie Gary Ridgewood fue detenido al salir de la Fábrica de camiones Kenworth en Renton, Washington, donde había trabajado en silencio durante más de treinta años. Llevando una vida por lo demás normal, con su horario de trabajo de nueve a cinco, consiguió asesinar en su tiempo libre, sin que nadie se enterara, a más de 49 mujeres, casi todas prostitutas, y enterró sus cuerpos en las zonas boscosas que rodean Kings County, cerca de de donde vivía y trabajaba.
“Escogía a prostitutas como mis víctimas porque son lo que más odio y no quería pagarlas a cambio de sexo”, dijo Ridgewood a los periodistas del Seattle Post Intelligence. El hecho de que muchos de estos asesinatos pasaran sin ser descubiertos durante más de veinte años revela que Ridgewood no era el único sospechoso de estar cometiendo estos atroces asesinatos. La cruel actitud de la policía y los jueces hacia las trabajadoras sexuales y el odioso estigma que la mayoría de la sociedad lanza sobre este grupo marginalizado de personas, son la causa de cientos y cientos de muertes que pasan impunes y ocultos durante absurdos e inhumanos períodos de tiempo.
Aunque la prostitución es a menudo estereotipada como la “profesión más vieja” del mundo, las entre cuarenta y cuarenta y dos millones de personas que se estima que trabajan en esta profesión en todo el mundo siguen sin ser reconocidas como trabajadoras y carecen de los derechos laborales básicos. Según un estudio de enero de 2012 de la Fundación Scelles, tres cuartas partes de estos 40-42 millones tienen entre 13 y 25 años de edad, y el 80% de ellos son mujeres. La tasa de homicidios para mujeres prostitutas se estima que es de 204 por 100.000, según un estudio longitudinal publicado en 2004. Esto constituye una tasa de mortalidad ocupacional superior a la de cualquier otro grupo de mujeres que se haya estudiado.
Pero, a pesar de todo esto, no existe casi ninguna mención de la violencia contra las trabajadoras sexuales en ningún debate de derechos humanos en las Naciones Unidas acerca de la violencia contra las mujeres. La semana pasada, al cierre de la 57ª sesión de la Comisión sobre la Situación de las Mujeres en las Naciones Unidas, el Secretario General Ban-Ki Moon reafirmó el compromiso de hace siete años de la ONU de centrarse en combatir la violencia contra las mujeres hasta 2015:
“La violencia contra las mujeres es una odiosa violación de los derechos humanos, una amenaza global, un atentado contra la salud pública y un ultraje moral”, declaró Ban-Ki Moon, “Independientemente de dónde viva, cuál sea su cultura, cual sea su sociedad, todas las mujeres y niñas tienen derecho a vivir sin miedo”.
Pero, en palabras de la sufragista negra Sojourner Truth: “¿No soy yo una mujer?”
¿Por qué las trabajadoras sexuales no son parte del debate sobre la violencia contra las mujeres? Las trabajadoras sexuales son hijas, hermanas, madres y miembros de la comunidad que viven en tu ciudad, viajan en tus autobuses, comen en tus restaurantes, y leen en tus bibliotecas. Aunque una mayoría de trabajadoras sexuales son mujeres o se identifican como mujeres, muchos son también hijos, hermanos, padres y amantes. Gays, heteros, negras, blancas, altas, bajas, ricas y pobres, las trabajadorxs sexuales vienen de una variedad de diferentes extracciones, y se dedican al trabajo sexual por una variedad de razones diferentes. Algunas de ellas migran a través del mundo en busca de mejores oportunidades y algunas otras son víctimas de trata contra su voluntad. Algunas son adictas a las drogas y otras tienen títulos universitarios; estos dos grupos no son mutuamente excluyentes. Tú, o alguien a quien tú quieres, conocéis probablemente a un/a trabajador/a sexual; quizás has amado incluso a un/a trabajador/a sexual.
El estigma mantiene a este sector masivo en la clandestinidad, y también somete a las trabajadoras sexuales a violencia física impune por parte de clientes, empleadores y policía; así como a la violencia del aislamiento social y la vergüenza asumida. El estigma está en la raíz de las odiosas actitudes que perdonan el abuso y la impunidad, las leyes discriminatorias que mantienen en la clandestinidad al sector y las nocivas condiciones de trabajo que resultan de ocultarse en las sombras de la sociedad. De acuerdo con la socióloga Elizabeth Bernstein, la prostitución de nuestros días es un fenómeno muy diferente de lo que fue en el pasado. La tecnología de Internet, la globalización, la creciente disparidad de riqueza, la crisis económica, la deuda de los estudiantes y los cambios en las costumbres y representaciones sexuales, han jugado todos un papel en la cambiante naturaleza de este sector. La red ha hecho a la prostitución de calle menos visible en ciudades como San Francisco, a la vez que anunciarse online es cada vez más prevalente entre las trabajadoras sexuales de todo el espectro económico.
Lxs trabajadoras sexuales difieren mucho entre diferentes clases, razas y localizaciones —no existe una narrativa común a todas ellas. La suposición difundida por el bienintencionado movimiento antitrata es que la mayor parte de las personas que comercian con sexo son víctimas de trata, y están siendo forzadas a trabajar en contra de su voluntad y sus castas intenciones. Sin embargo, las  estadísticas usadas para probar esto no han sido todo lo consistentes o fiables que es necesario.
Para muchas personas, el trabajo sexual es un acto de autodeterminación y resistencia para luchar contra desigualdades más opresivas. A la vez que las trabajadoras inmigrantes se encargan cada vez más del trabajo emocional de cuidados a dependientes en las industrias de servicios de las ciudades globales, hay algunas que deciden dedicarse al trabajo sexual como una alternativa más lucrativa dentro de mercados laborales discriminatorios por razones de clase y género. El trabajo sexual es uno de los pocos sectores laborales en los que las mujeres son pagadas más que los hombres, y las madres pueden negociar a veces un horario flexible para cuidar a los hijos. Para una persona con una discapacidad o sin acceso a la educación superior, puede ser también el modo más pragmático de ganar dinero, con unas barreras de entrada relativamente bajas.
Para los clientes con una discapacidad, el trabajo sexual puede ser un medio asistido de explorar su sexualidad, como ha demostrado la trabajadora sexual australiana Rachel Wotton, que dirige una ONG de trabajo sexual con clientes discapacitados. A la vez que hay muchos trabajadores inmigrantes explotados, forzados a aceptar un trabajo mal pagado en malas condiciones para pagar los costes de la inmigración, también hay muchos estudiantes de ingresos medios, luchando por arreglárselas con sus deudas de estudiantes, su escasez de tiempo y el mal ambiente económico.  Lxs estudiantes universitarixs son una parte cada vez mayor de la población de trabajadoras sexuales en Inglaterra y Gales.
El rápido crecimiento del comercio sexual en las pasadas dos décadas está compuesto principalmente por personas de nuestra generación, incluyendo estudiantes de nuestras propias escuelas. Si este es tu caso: sal, Aspasia, sal. Juntos, podríamos hacer esto más seguro a los demás. Todas las personas implicadas en el comercio sexual se beneficiarían de una mayor comprensión y un menor estigma. Como sociedad, sólo podemos hacer frente a la violencia si estamos dispuestos a permitir que la realidad salga a la luz. La generación del milenio tiene la oportunidad de redefinir la manera como se percibe el trabajo sexual en el siglo veintiuno. Mientras hace furor entre bienintencionadas feministas y activistas antitrata el debate acerca de si la prostitución debería o no, idealmente, existir, yo no entraré aquí en el mismo. Se crea que la prostitución deberia eliminarse por completo o que a las trabajadorxs sexuales debería, por el contrario, dárseles derechos y protecciones laborales, no debemos empantanarnos en este momento en desacuerdos acerca de cómo pensamos que debería detenerse la violencia de género en el trabajo sexual.
Empecemos por tomarnos un momento para reconocer sencillamente que la violencia generalizada y estructural a través de la historia contra este silenciado grupo de personas es un asunto de derechos humanos. El trabajo forzado de todos los hombres y mujeres, desde los trabajadores del campo a los trabajadores de industrias clandestinas y esclavos sexuales, es injusto. Todos podemos estar de acuerdo en esto. Defender los derechos de las trabajadorxs sexuales no está reñido con luchar contra la trata; de hecho, según ha demostrado DMSC, el sindicato de trabajadoras sexuales de la India, con 60.000 mujeres afiliadas, las trabajadoras sexuales pueden ser los agentes más eficaces sobre el terreno en la lucha contra la trata sexual y la implicación de menores en la prostitución.
A la luz de los recientes acontecimientos que están aumentando la atención prestada a la violencia de género, desde las Naciones Unidas al One Billion Rising de Eve Ensler y a las manifestaciones del Día Internacional de las Mujeres, me gustaría ver a feministas y activistas de derechos humanos unidos en torno a unos pocos puntos con los que podemos estar todos de acuerdo:
Las mujeres todavía sufren de discriminación y desigualdad. Las que eligen el trabajo sexual son a menudo las que experimentan esta desigualdad más intensamente.
La desigualdad económica, la persistente diferencia salarial entre hombres y mujeres,  la diferencia por géneros en el acceso a la escolarización en muchas partes del mundo, el exorbitante coste de la formación y un sistema quebrado de deuda educacional, la todavía abrumadora responsabilidad femenina del cuidado de los hijos… estos son los temas en los que están trabajando las feministas.
Y estas son también las causas por las que las personas entran en el trabajo sexual, sea voluntaria o involuntariamente.
No las castiguemos más por las injustas condiciones que ellas no han creado.
El feminismo es para todas las mujeres, y los derechos humanos son para todas las personas. Nadie merece ser sometido a violencia.
Las personas que se dedican al comercio sexual hacen resaltar algunas de las más profundas contradicciones de la sociedad, las fracturas en los marcos de referencia que más apreciamos. Es una prueba importante de la fuerza y consistencia de nuestros marcos ideológicos: la prueba de si podemos o no hacerlos extensivos a los miembros más marginados de nuestra sociedad.
A la hora de unirse en la lucha contra la violencia de género, hagamos de 2013 el año en el que la violencia contra las trabajadoras sexuales llega por fin a la conciencia colectiva como un asunto de derechos humanos.
Kate Zen es feminista y activista de derechos humanos en primer lugar y, en segundo, antigua dominatrix y estudiante de ciencias sociales.
Incluir a todas las mujeres es una campaña para hacer visible la violencia contra las trabajadoras sexuales en el marco de la lucha contra la violencia de género dentro de la defensa de los derechos humanos de las Naciones Unidas.
IAwoman.org. “¿No soy yo una mujer?” está actualmente buscando activistas en los medios, investigadores y artistas para montar una campaña para incluir el tema de la  violencia contra las trabajadoras sexuales en la Comisión de la ONU sobre el Estado de las Mujeres que tendrá lugar en 2015.