viernes, 31 de octubre de 2014

Flores en el lupanar. Relato de Ramón Llanes

 http://huelvabuenasnoticias.com/2014/10/31/flores-en-el-lupanar/
 
» La vida en el lupanar no era cortejo en su esencia discreta ni era burdel en su escalofrío, el tiempo se alimentaba de caricias, no existía la soledad ni los compromisos, nunca llegaron a devolverse las flores ni a ocultarse los besos."
31 octubre 2014
Ramón Llanes. Llegaban flores todos los días, las flores traían un olor fuerte a distancia y a deseos, una carta escrita con cuido expresaba el amor en apenas diez palabras encerradas en un secreto. Y todos los días el lupanar olía a flores rojas, olía a mensaje de complicidad y a melodía de pasión; se vestía de silencios y de sonrisas, como se visten los prados, se recogían los saldos desordenados de la noche, se hacían números esperando las horas y se atardecía con ansias.
La vida en el lupanar no era cortejo en su esencia discreta ni era burdel en su escalofrío, el tiempo se alimentaba de caricias, no existía la soledad ni los compromisos, nunca llegaron a devolverse las flores ni a ocultarse los besos. Ellas reinaban celosas, deshacían truenos y escándalos, miraban los ojos y los cuerpos, sin ser amantes, sin prohibición, con el descaro de la ternura; reinaban en los hombres y en sus pensamientos hasta revolverles de placer todos los tránsitos antes nunca vividos.
Y los hombres salían siendo dioses, de un olimpo de estetas, desahuciados de las lacras que la vida de afuera les dejaran en los labios y en las cicatrices; los hombres se desfiguraban del miedo, renacían, gritaban, lloraban en otros brazos la osadía de su desnudez y acababan implorando aquella verdad como única, en ellos nunca habida. El lupanar fue la parte de gloria que los solitarios encontraron y la quietud del abrazo que desearon.
La noche del treinta cerraron las luces intermitentes del lupanar porque los odios protestaron contra sus prácticas. Desde entonces la vida es tal simulacro como antes, los hombres dejaron de circundar aquellos amores y el tiempo se encargó de apagar los deseos. Las estadísticas oficiales no han publicado si se mantuvo en aquel ámbito idéntico grado de felicidad entre los habitantes solitarios pero sí publicaron que todos los días llegaban flores rojas a la puerta cerrada del lupanar.

jueves, 23 de octubre de 2014

Colectivo Hetaira e Indoors

Organizando el encuentro del proyecto europeo Indoors, que tendrá lugar en Madrid del 27 al 29 de octubre de 2014.

El martes día 28 de octubre aprovecharemos para tener un encuentro abierto al público donde se abordará la situación del trabajo sexual en la Unión Europea. Será en el local de COGAM (calle de la Puebla, 9, metro Gran Vía a partir de las 19,30 horas).

Intervendrán: 
Dennis van Wanrooij (TAMPEP International Foundation, Ámsterdam, Holanda); 
Licia Brussa (TAMPEP International Foundation, Ámsterdam, Holanda); 
Maria Hörtner (de Lefö, Viena, Austria); 
Veronica Munk (de Ragazza, Hamburgo, Alemania); 
Cristina Garaizabal Elizalde (de Hetaira, Madrid, Estado español) y 
Lucía (trabajadora del sexo en Madrid, de Hetaira).


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Colectivo Hetaira
Tel. 915232678
hetaira@colectivohetaira.org
www.colectivohetaira.org

Montse Neira, entrevista en ETB


 Dejo este enlace en el que podréis visionar la antrevista que me realizaron en la ETB, en el programa "Por fin es viernes"

http://www.eitb.com/es/television/programas/por-fin-viernes/videos/detalle/2648626/video-montse-neira-reivindica-cotizar-trabajadora-sexual/

miércoles, 15 de octubre de 2014

Un poco de historia sobre la abolición de la prostitución

ENCYCLOPEDIA OF PROSTITUTION AND SEX WORK, pp. 4-7
http://www.encyclopediaofprostitution.com/
Abolicionismo es un término que se refiere a un determinado enfoque ideológico y legal de la prostitución. Este enfoque tiene sus raíces en el feminismo del siglo 19 y es todavía una fuerza poderosa en la política contemporánea respecto a la prostitución. “Abolicionismo” fue un término sacado de las campañas contra el comercio de esclavos. Sin embargo, “abolicionismo”, cuando se usó en relación a la prostitución, no se refería a la abolición de la prostitución, sino a la de ciertas leyes en vigor en Inglaterra y Gales hacia 1860. Estas leyes eran conocidas como las Contagious Diseases Acts (Leyes de Enfermedades Contagiosas). Bajo estas leyes, cualquier mujer sospechosa de prostitución podía ser detenida por la policía y forzada a pasar por un examen médico. Las Contagious Diseases Acts eran un ejemplo del enfoque de la prostitución conocido como “regulacionismo”, un sistema inspirado por la medicina cuya intención era controlar la diseminación de las enfermedades venéreas, particularmente de la sífilis, mediante el registro y el examen médico de las prostitutas. Adecuando argumentos científicos racionales a la reprobación moral, los “regulacionistas” argumentaban que la regulación estatal era la única manera de controlar las enfermedades venéreas. Las mujeres “inocentes” y las chicas necesitaban ser protegidas de la inmoralidad; sin embargo, una vez caídas, era la sociedad la que necesitaba ser protegida de la mujer inmoral. El mejor modo de proteger a la sociedad, argumentaban los regulacionistas, era el registro y el control médico de las prostitutas. Francia fue la pionera europea de los sistemas regulacionistas.
De este modo, el abolicionismo surgió como un movimiento contra la regulación estatal de la prostitución. La dirigente del movimiento abolicionista fue Josephine Butler, una apasionada oradora pública y prolífica escritora. Butler y otros abolicionistas argumentaban que los hombres eran los responsables de la prostitución, cargando la culpa de la prostitución directamente sobre la espalda de la lujuria masculina desatada. De ninguna mujer se podría decir que consentía verdaderamente con la prostitución. Las activistas abolicionistas feministas fueron capaces de construir una amplia coalición de grupos sociales, incluyendo organizaciones de trabajadores y organizaciones religiosas. Se les unió también el pujante movimiento de “pureza social”, cuyas nociones de castidad sexual eran más represivas y amplias que la agenda original de Butler. Cuando las Contagious Diseases Acts fueron derogadas en 1886, Butler y sus seguidores volvieron su atención a la lucha contra la “trata de blancas”. En la visión abolicionista, la prostitución y la trata de blancas se extinguirían si las leyes se dirigieran contra los que ganaban dinero de las prostitutas, en lugar de contra la misma prostituta. Eventualmente, la campaña abolicionista fue eclipsada por la campaña por la pureza social, ya que el tema emotivo de la trata de blancas consiguió incitar la preocupación pública hasta un grado febril.
En otros países europeos y también en los Estados Unidos, las feministas comenzaron a implicarse en la lucha por abolir la prostitución y la trata de blancas. Como en Inglaterra, estas campañas fueron cada vez más dominadas por moralistas represores, ya que se forjaron alianzas con organizaciones religiosas y de puridad social. La relación de los reformadores de la pureza con la prostituta misma era ambigua: aunque profesaban simpatía por las inocentes perdidas sacrificadas por la trata de blancas, juzgaban severamente a las chicas y mujeres cuya conducta inmodesta las llevaba a una vida de vergüenza. Casi todos los reformadores de la pureza abrazaban un enfoque de la prostitución que ha sido denominado “prohibicionista”. Particularmente en los Estados Unidos, los reformadores de la pureza tuvieron mucho éxito en instaurar sistemas prohibicionistas. Los sistemas prohibicionistas de regulación de la prostitución hacen el acto en sí de la prostitución ilegal y, de esta manera, las mismas prostitutas son detenidas. Todos estos enfoques de la prostitución: regulación, abolición y prohibición, están vigentes hoy día en varios sistemas legales. La mayor parte de los sistemas existentes contienen elementos de los tres enfoques. Los sistemas legales que se ajustan más a un enfoque abolicionista intentan terminar con la prostitución penalizando a los que parece que se aprovechan de ella, tales como los propietarios de burdeles o los que ofrecen espacio para los anuncios de negocios de prostitución. En años recientes, esta lista ha crecido para incluir a los clientes de las trabajadoras sexuales en países como Suecia. Aunque la prostitución en sí no es ilegal en los sistemas abolicionistas, en la práctica son las trabajadoras sexuales las que a menudo están en el punto de mira de las leyes abolicionistas. Por ejemplo, las leyes abolicionistas prohiben a las prostitutas trabajar juntas, bloquean los intentos de las prostitutas de constituir sindicatos (considerados como “promoción de la prostitución” ilegal) y las apartan de compensaciones legales en caso de violaciones de sus derechos laborales, civiles y humanos. El abolicionismo es todavía una potente filosofía entre las feministas contemporáneas, tanto en el Occidente como en los países en desarrollo. La organización más fuerte del abolicionismo internacional es la Coalition Against Trafficking in Women (CATW). Como sus antecesoras, las feministas “neoabolicionistas” contemporáneas niegan que la prostitución pueda ser considerada una auténtica elección o un legítimo acto de la voluntad. Ya que toda prostitución es inherentemente violencia contra las mujeres, argumentan, no es posible un auténtico consentimiento. Por tanto, para las feministas neoabolicionistas todas las prostitutas son víctimas. La prostitución masculina y los trabajadores sexuales transexuales no ocupan un puesto relevante en la agenda feminista neoabolicionista, ya que no se ajustan al análisis neoabolicionista de la prostitución como un sistema de violencia sexual masculina perpetrada contra las mujeres.
El movimiento contemporáneo en defensa de los derechos de lxs trabajadorxs sexuales ha debido afrontar una intensa oposción por parte de las feministas neoabolicionistas. En particular, las feministas neoabolicionistas se oponen a la idea, promovida por los activistas en defensa de los derechos de lxs trabajadorxs sexuales, de que la prostitución y otras formas de trabajo sexual sea un auténtico trabajo. Las feministas neoabolicionistas rechazan el término “trabajo sexual”, prefiriendo el término “mujeres prostituídas”. Los grupos defensores de los derechos de lxs trabajadorxs sexuales piden el reconocimiento de sus derechos humanos y civiles, incluyendo la aplicación de las leyes laborales en sus lugares de trabajo. Las feministas neoabolicionistas están por la penalización de las terceras partes, tales como los propietarios de burdeles y los clientes. No defienden la penalización de las trabajadoras sexuales, pero hacen activismo por su rescate y rehabilitación. De forma confusa, a ambas actitudes las denominan “despenalización”.
Como sus predecesoras del siglo 19, las feministas abolicionistas contemporáneas tienen una relación ambigua con las prostitutas y otras trabajadoras sexuales. Por un lado, las “mujeres prostituídas” que están de acuerdo con el análisis abolicionista feminista de su situación son aceptadas y ayudadas. Por ejemplo, el grupo WHISPER (Women Hurt in Systems of Prostitution Engaged in Revolt), compuesto por antiguas prostitutas que hacen campaña por la erradicación de la prostitución, tiene unas buenas relaciones de trabajo con CATW. Por otro lado, están lxs trabajadorxs sexuales que, en todo el mundo, se hacen oír y, a menudo, son políticamente activas, que hacen campaña para que se acepte el trabajo sexual como un trabajo legítimo. Estos trabajadores sexuales —hombres, mujeres y transexuales— constituyen un enigma para las neoabolicionistas.
La incapacidad para comprender la identidad de una trabajadora sexual por libre elección significa que las feministas neoabolicionistas perciben a los activistas que defienden los derechos de lxs trabajadorxs sexuales como aliados de “chulos” y “traficantes”. Las feministas neoabolicionistas argumentan que la noción “derechos de lxs trabajadorxs sexuales” es simplemente una fachada para el gran negocio de la industria del sexo y han acusado a prominentes activistas defensores de los derechos de lxs trabajadorxs sexuales de estar a sueldo de los jefes de la industria del sexo.
Como las abolicionistas feministas del siglo 19, las feministas abolicionistas contemporáneas han conseguido reforzar su presencia política coaligándose en torno a la renovada preocupación internacional por el tema de la trata de mujeres. Muchos de estos compañeros de coalición son inverosímiles defensores de las causas feministas, e incluyen grupos conservadores religiosos y activistas antiaborto. Mediante estas coaliciones, las feministas neoabolicionistas han conseguido influir en la ley internacional y en las políticas de los gobiernos nacionales. Conservando el legado abolicionista, las feministas abolicionistas actuales hacen campaña contra la compra de servicios sexuales por los hombres o, como ellas lo llaman, la “demanda”. En Suecia, esto ha ocasionado la penalización de los clientes de las trabajadoras sexuales, una política nacional que las organizaciones de trabajadorxs sexuales suecas dicen que las obliga a trabajar en condiciones clandestinas y peligrosas.
En respuesta a las preocupaciones globales por la trata, las abolicionistas feministas apoyan prácticas de “rescate” forzado de trabajadoras sexuales de los burdeles, en particular en los países en desarrollo. A estos “rescates” se han opuesto vigorosamente las organizaciones locales de trabajadorxs sexuales, ya que las “víctimas” suelen ser arrestadas, deportadas y/o alojadas en “centros de rehabilitación” semejantes a cárceles.
En los Estados Unidos, en particular, la postura abolicionista ha tenido mucha influencia en las políticas exterior y doméstica. Por ejemplo, la U.S. Leadership against HIV/AIDS, Tuberculosis, and Malaria Act of 2003 (Ley de Liderazgo de los Estados Unidos contra el VIH/SIDA, tuberculosis y malaria, de 2003) prohibe el desembolso de fondos estadounidenses para el desarrollo a organizaciones que defiendan la idea de la prostitución como trabajo. Organizaciones internacionales de trabajadorxs sexuales, como la Network of Sex Work Projects (NSWP), afirman que esta política tiene un gran potencial nocivo, ya que el VIH es una de las mayores amenazas para la salud de lxs trabajadorxs sexuales en los países en desarrollo.

Más lecturas: Barry, Kathleen. The Prostitution of Sexuality: The Global Exploitation of Women. New York: New York University Press, 1995; Coalition Against Trafficking in Women (CATW) Web site http://www.catw.org; Crago, Anna Louise. “Unholy Alliance.” http://www.alternet.org; Ditmore, Melissa. “New U. S.Funding Policies on Trafficking Affect Sex Work and HIV-prevention Efforts World Wide.” SIECUS Report 33 (2005): 26-29; Doezema, Jo. “Ouch! Western Feminists’ ‘Wounded Attachment’ to the Third-World Prostitute.” Feminist Review 67 (2001): 16–38; Empower Foundation. Report by Empower Chiang Mai on the human rights violations women are subjected to when “rescued” by anti-trafficking groups.Network of Sex Work Projects. http://www.nswp.org; Shapiro, Nina. “The New Abolitionists.” Seattle Weekly, 24–31 August 2004; Walkowitz, Judith. Prostitution and Victorian Society: Women, Class, and the State.Cambridge: Cambridge University Press, 1980.

Fuente: el estante de la Citi.

jueves, 9 de octubre de 2014

No, nosotras no somos cortafuegos antiviolaciones. Léa Rosseau.

No, no es válido el argumento de que si no existiera la prostitución habría más violadores, no, el violador siempre es violador, son hombres psicópatas y lo más importate NO PAGAN PARA VIOLAR, las prostitutas lo sabemos muy bien y no usamos este argumento para defender la prostitución. Aquí tenéis un testimonio en primera persona aparte del mío.

Montse Neira, trabajadora sexual

  http://elestantedelaciti.wordpress.com/2013/12/06/no-nosotras-no-somos-cortafuegos-antiviolaciones/


Por Léa Rousseau, Call Girl independiente
26/11/2013
http://learousseau.hautetfort.com/archive/2013/11/25/non-nous-ne-sommes-pas-des-par-feu-anti-viols-5230807.html
Me gustaría esta vez abordar una idea preconcebida que parece estar bastante extendida: la que pretende que la abolición de la prostitución ocasionaría un aumento significativo del número de violaciones. Aunque yo estoy, evidentemente, totalmente en contra de la abolición de la prostitución, no puedo por menos que denunciar este error, que no es un prueba de mala fe o de mala intención, sino sencillamente un desconocimiento del tema, a menudo mantenido involuntariamente por las feministas que tienen tendencia a tratar de puercos perversos/maltratadores/esclavistas (táchese lo que no proceda) a los clientes, induciendo a que la gente crea que son predadores sexuales. De entrada, está bien hacer ver o recordar que en comparación con la totalidad de los hombres de Francia, los que “van de putas” o contactan con callgirls son una minoría, y los que lo hacen de manera regular todavía más. Es una pequeña precisión útil: no, no todos los hombres recurren a profesionales o a eventuales.
A continuación, hay diferentes aspectos a desarrollar para que se comprenda el sinsentido de este argumento.
1)      ¿Por qué vienen a vernos los hombres?
Las motivaciones que impulsan a estos hombres a contactar con nosotras son generalmente más un deseo de desahogarse con una mujer complaciente, sin comeduras de coco, que otra cosa. Sea el caso del esposo infiel que no quiere una amante peligrosa, el del novio que se ha separado de su novia y no tiene ganas de pasarse cuatro horas en un bar para llevarse a casa a una chica o el del hombre demasiado tímido para atreverse a acercarse a las mujeres lambda, cada uno de ellos busca un momento de intercambio, y no se satisface con una relación mecánica. Quieren “hacer el amor” o “follar” pero no tener la sensación de hacerlo con una mujer que lo hace a la fuerza, que no obtiene ningún placer y que mira el reloj. Estos hombres no son predadores sexuales en su gran mayoría.
2)      Los hombres a los que les gusta violar lo que les gusta es… violar.
A un predador sexual lo que le gusta es la relación forzada. Le gusta someter a una mujer a su poder, dominarla: eso es lo que le excita.  Abriros de piernas musitando “Sí, tómame”, y el tinglado se desinflará como un suflé, Son pulsiones sádicas y narcisistas, puramente egoistas, lo que hace que se trate de casos psiquiátricos. Esos tipos no quieren, por lo general, ver a prostitutas, ya que por definición, la profesional no haría más que simular una falta de consentimiento. Los tipos a los que les gusta violar no tienen necesidad de putas para saciar sus pulsiones.
3)      Las prostitutas también pueden ser víctimas de violaciones.
Sí, una profesional tiene el derecho, igual que todas las mujeres, a negarse a tener una relación sexual y, desgraciadamente, también como todas las mujeres, puede ser víctima de una violación. No seamos ingenuos, el tipo que viola a una prostituta lo hace porque considera que tiene este derecho sobre esa mujer a la que considera un ser inferior, sea porque es una mujer, sea porque es una prostituta. El hombre que viola a una puta probablemente ha violado ya a otras mujeres y violará a más, porque su educación y su manera de razonar le permiten pensar que eso forma parte de sus derechos como macho.
4) No existe más que una clase de violador.
Pasa muy a menudo que hombres acusados de violación ni siquiera tengan conciencia de haber violado. La liberación de las costumbres y el consumo gratuito de los cuerpos ha inducido en la mente de muchos jóvenes que la relación sexual se ha convertido en algo banal, en el límite de una regla social, un poco como si hubieran mutado en bonobos al mismo tiempo que han evolucionado las costumbres.
En sentido inverso, las jóvenes están formateadas desde siempre para no “hacerse notar”, y la proyección constante de sexo en los medios y la publicidad, y los intentos de ligue repetidos han hecho que ocurra muy a menudo que una mujer no sepa realmente si un hombre se conduce de forma inapropiada o no. A menudo va a titubear antes de responder, sea por miedo a desencadenar la agresividad del interlocutor, sea porque, en el fondo, no está muy segura de la situación: “¿Está intentando ligar conmigo o son imaginaciones mías?”
De esta manera, muchas mujeres envían señales de rechazo esperando que sean interpretadas correctamente en lugar de imponer un “no” firme. Las señales enviadas han sido claras, pero el hombre que está delante, “llevado por un impulso” (término extremadamente recurrente en boca de los acusados en casos de violación) no estaba en condiciones de recibirlas correctamente, o ha decidido ignorarlas, considerando, como corresponde a una idea preconcebida, que una mujer que no consiente chilla, lucha, araña y llora, y que en ausencia de este comportamiento, no hacía falta escuchar las señales. Este tipo de agresor no tiene absolutamente nada que ver con que haya o deje de haber prostitutas en la sociedad, y que la prostitución sea abolida o no no cambiará absolutamente nada al respecto.
5) El violador que acecha escondido entre los arbustos es minoritario.
En efecto, al contrario de, otra vez, la idea preconcebida, la inmensa mayoría de las violaciones son cometidas por una persona conocida de la víctima (padre, hermano, primo, amigo, abuelo, tío, médico de familia, amigo de los padres, vecino, enseñante, etc.)  y no por un loco sexual vagando por las calles en busca de una víctima. Hablo aquí de un poco más del 80% de los casos de violación declarados (que han sido objeto de una denuncia). Otra vez, no hay ninguna relación con la prostitución; se persiga a las putas o se deje de perseguirlas, estos violadores estarán siempre ahí.
6) Afirmar esto equivale a decir de manera involuntaria que los hombres son todos violadores al acecho.
Incluso si, en efecto, la mayoría de las violaciones son cometidas por hombres, decir que aumentaría el número de violadores si dejara de haber prostitutas para saciar sus necesidades sexuales,  equivaldría a decir que los hombres son animales, incapaces de gestionar sus deseos carnales de forma racional. Vemos aquí a estas hordas de machos, con los ojos desorbitados, las venas hinchadas, la baba en los labios, errar por las calles oscuras de nuestras ciudades en busca de una presa. No, seamos serios, incluso aunque todas y todos nosotros sabemos que a los hombres les cuesta encajar la frustración sexual (:D), esto no significa sin embargo que sean violadores. Sobre todo porque la violación es ante todo una cuestión social y un problema de educación. Yo diría incluso que la violación es tan vieja como la prostitución, y que esta no ha tenido nunca un auténtica influencia sobre aquella.
Para resumir, se trata de un falso argumento. Bien entendido que el número de violaciones podría aumentar, pero no tan significativamente como piensa la gente, y no sería posible relacionar este ligero aumento con el cese oficial de nuestras actividades. No somos en ningún caso válvulas de protección de las mujeres contra la violación, ni siquiera aunque sea una idea agradable de imaginar y, de forma tristemente irónica, muchas de nosotras mismas hemos sido víctimas en el pasado. Para reducir el número de violaciones estas son las únicas soluciones: educación, educación, información y sanciones.

 

 

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 http://learousseau.hautetfort.com/archive/2013/11/25/non-nous-ne-sommes-pas-des-par-feu-anti-viols-5230807.html

Non, nous ne sommes pas des par-feu anti-viols

J'aimerais aborder cette fois une idée reçue qui semble assez répandue, celle comme quoi l'abolition de la prostitution engendrerait un accroissement significatif du nombre de viols. Bien que je sois, évidemment, totalement opposée à l'abolition de la prostitution, je ne peux que dénoncer cette erreur, qui n'est pas une preuve de mauvaise fois ou une malveillance, mais simplement une méconnaissance du sujet, souvent entretenue involontairement par les féministes qui ont tendance à traiter de porcs pervers/maltraitants/esclavagistes (rayez la mention inutile) les clients, induisant dans les esprits qu'ils sont des prédateurs sexuels.
Tout d'abord, il est bon de noter ou de rappeler qu'en comparaison avec la totalité des hommes en France, ceux qui "vont aux putes" ou contactent des callgirls sont minoritaires, et ceux qui le font de manière régulière d'autant plus. C'est une petite précision utile, non, tous les hommes ne font pas appel à des professionnelles ou des occasionnelles.
Ensuite, il y a différents points à développer pour comprendre le non-sens de cet argument.
1) Pourquoi ces hommes viennent nous voir?

Les motivations qui poussent ces hommes à nous contacter sont généralement plus un désir à assouvir avec une femme consentante, sans prise de tête qu'autre chose. Que ce soit le cas de l'époux infidèle qui ne veut pas d'une maîtresse dangereuse, celui du petit ami éloigné de sa copine qui n'a pas envie de passer 4h en boîte pour ramener une petite ou celui de l'homme trop timide pour oser s'approcher des femmes lambda, chacun d'entre eux cherche un moment d'échange, et ne sont pas satisfaits par un rapport mécanique. Ils veulent "faire l'amour" ou "baiser" mais ne pas avoir la sensation de le faire avec une femme qui se force, qui ne prend aucun plaisir, et qui regarde sa montre. Ces hommes ne sont pas des prédateurs sexuels pour la grande majorité d'entre eux.

2) Les hommes qui aiment violer aiment... violer.
Un prédateur sexuel aime le rapport forcé. Il aime soumettre une femme à son pouvoir, la dominer, c'est ce qui l'excite. Écartez les jambes accompagné d'un petit "Oui prends moi", et le chapiteau retombe comme un soufflet. Ce sont des pulsions sadiques et narcissiques, purement égoïstes, ce qui relève du cas psychiatrique. Ces types-là ne vont généralement pas voir de prostituées, puisque par définition, la professionnelle ne ferait que simuler un non consentement. Les types qui aiment violer n'ont pas besoin des putes pour assouvir leurs pulsions. 

3) Les prostituées aussi peuvent être victimes de viols.
Oui, une professionnelle a le droit, au même titre que toutes les femmes, de refuser un rapport sexuel, et, malheureusement, comme toutes les femmes aussi, elle peut être victime de viol. Ne soyons pas naïfs, le type qui viole une prostituée le fait parce qu'il considère qu'il a ce droit sur cette femme qu'il considère comme un sous-être, soit parce que femme, soit parce que prostituée. L'homme qui viole une pute a probablement déjà violé d'autres femmes et en violera d'autre, parce que son éducation et sa façon de raisonner le laissent penser que ça fait partie de ses droits de mâle.
 
viol,pub,sexe,pute,callgirl,léa,rousseau,prostitution,violeurs,féminisme,boulevard,voltaire,blog,haut,et,fort,hommes,femmes4)Il n'existe pas qu'un type de violeur
Il arrive très souvent que des hommes accusés de viol n'aient même pas conscience d'avoir violé. La libération des mœurs et la consommation gratuite des corps a induit dans l'esprit de beaucoup de jeunes que le rapport sexuel est devenu quelque chose de banal, à la limite d'une règle sociale, un peu comme s'ils avaient muté en bonobos en même temps que les moeurs ont (d)évolué. 
Dans le sens inverse, les jeunes femmes sont formatées depuis toujours à ne pas "se faire remarquer", et la projection constante de sexe dans les médias et la publicité, et les assauts de dragues répétitifs ont fait qu'il arrive très souvent qu'une femme ne sache pas réellement si un homme se conduit de manière déplacée ou non. Elle va souvent hésiter avant de répondre, soit par peur que ça ne déclenche l'agressivité de l'interlocuteur, soit parce qu'au fond, elle n'est pas certaine de la situation : "Il me drague ou j'interprète?".
Ainsi, beaucoup de femmes envoient des signaux de refus espérant qu'ils soient interprétés correctement au lieu d'imposer un "non" ferme. Les signaux envoyés ont pourtant été clairs, mais l'homme en face, "pris d'une pulsion" (terme extrêmement récurent dans la bouche des prévenus dans des affaires de viols) n'était pas en mesure de les recevoir correctement, ou a choisi de les ignorer, considérant, comme l'idée reçue l'exige, qu'une femme qui n'est pas consentante hurle, se débat, griffe, pleure, et qu'en l'absence de ce comportement, il n'étaient pas nécessaire d'écouter les signaux. Ce type d'agresseur n'a absolument aucun lien avec la présence ou non de prostituées dans la société, et que la prostitution soit abolie ou pas n'y changera absolument rien.

5) Le violeur qui rôde caché dans les buissons est minoritaire.
En effet, contrairement, là encore, à une idée reçue, l'immense majorité des viols sont commis par une personne connue de la victime (père, frère, cousin, petit ami, grand père, oncle, pote, médecin de famille, ami des parents, voisin, enseignant etc) et pas par un détraqué sexuel rôdant dans la rue à la recherche d'une victime. On parle ici d'un peu plus de 80% des cas de viols déclarés (ayant fait l'objet d'une plainte). Là encore, aucun lien avec la prostitution, qu'on persécute les putes ou pas, ces violeurs seront toujours là.


6) Affirmer ceci revient à dire de manière involontaire que les hommes sont tous des violeurs en embuscade.
Même si, effectivement, la majorité des viols sont commis par des hommes, dire que l'on verrait le nombre de violeurs s’accroître parce qu'il n'y aurait plus de prostituées pour assouvir leurs besoins sexuels, reviendrait à dire que les hommes sont des animaux, incapables de gérer leurs envies charnelles de manière raisonnée. Nous voyons d'ici ces hordes de mâles, l’œil exorbité, la veine saillante, la bave aux lèvres, errer dans les rues sombres de nos villes en quête d'une proie. Non, soyons sérieux, même si nous savons toutes et tous que les hommes ont beaucoup de difficultés à encaisser la frustration sexuelle ( :D ), cela ne signifie pas pour autant qu'ils sont des violeurs. D'autant que le viol est avant tout une question sociétale, et un problème d'éducation. Je dirais même que le viol et aussi vieux que la pute, et que cette dernière n'a jamais eu de réelle impact sur le premier.
Pour résumer, c'est un faux argument. Bien entendu que le nombre de viols pourrait augmenter mais pas aussi significativement que le pensent les gens, et il ne serait pas possible de relier cette légère augmentation avec l'arrêt officiel de nos activités. Nous ne sommes en aucun cas des soupapes de protection des femmes contre le viol, même si ce peut être plaisant de se l'imaginer, et, tristement ironiquement, nous sommes nous-mêmes nombreuses à en avoir été victimes par le passé. Pour réduire le nombre de viols, il n'y a pas 36 solutions : éducation, éducation, information et sanctions.